Hola. Descubrí este foro hace poco... y me gusto lo que encontre. Quiero contar la primera parte de un cuento que escribi hace ya mucho tiempo atras... es la historia de un tortuguita de rio llamada paquita, que siente que no pertenece al mundo en el que nació... gracias
.polifemo
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Paquita la tortuga *** I ***
Cuando paquita la tortuga entendió que la selva espesa no era lugar para una tortuga moza como ella. Sucedió que paquita empaco todas sus miserias y desarmo su pequeña casa, según ella, para buscar su destino…
Desde muy pequeña, paquita la tortuga, tenía esa sensación de no pertenecer a ese mundo que la rodeaba y la abrumaba… detestaba el hedor enloquecedor de los chimpancés que no hacían otra cosa si no comer bananas recostados en las ramas de los árboles rascándose las partes con la otra mano, odiaba a los jabalíes prepotentes y sucios, aborrecía a las cebras que olían a cebras, abominaba una tarde entre tantos animalejos desentendidos que daban rugidos y bramaban como locos sin poder entablar una serena platica a la luz de la luna o mirando algunos ríos, que alegremente estaban infestados de pirañas y cocodrilos.
¿Porque? Se preguntaba paquita,
¿Por qué tuve que nacer aquí? Que hice yo para merecer esto, hay pobre de mí…
Fue la mañana del primer día de la temporada de sequias que, paquita, emprendió su búsqueda… muy temprano por la mañana sin que nadie se diera cuenta, de puntillas, comenzó a correr entre los arbustos y las arboles, tratando de no ser vista. Traía en su espalda su pequeña casa y algunos enceres indispensables con los que, sin ellos, no podría sobre vivir… aún estaba corriendo y comenzó a sentir una hermosa sensación que nunca entes había experimentado, era un éxtasis sin frenos que la iba envolviendo a cada paso que la alejaba de todo eso que detesto durante años… paquita corría y corría sin querer dar la vuelta, no quería ni siquiera abrir los ojos, corría y corría por instinto…
Ahora, había llegado a una parte desconocida para ella. Las copas de los arboles no se podían divisar a lo alto, eran como infinitas hacia el cielo, el suelo estaba lleno de espinas y de hojas muertas y tenía que caminar con mucho cuidado. Todo estaba lleno de lianas que colgaban de alguna parte y las hojas de los arbustos eran como orejas de elefantes. No se escuchaba el sonido de nadie y eso la asusto, la calma nunca antes experimentada, le causo temor. A lo lejos, entre lo verde, ningún animal, ningún ave, nada de nada. Pero a pesar de ello se sentía serena y continuo caminando por la senda, extrañamente dibujada, marrón verde. Así anduvo durante horas y horas caminando entre una espesa y desconocida parte de la selva silenciosa… ya entrada la noche tenia los pies hinchados y el estómago vacío, le daba vueltas la cabeza y casi estuvo arrepentida de haber salido de esa parte de la selva que conocía muy bien y a pesar de odiarla la extraño un poco…
Cansada y triste dijo algunas palabritas antes de caer dormida, tendida, desplomada como un saco de papas:
_e… esta… no es aventura para una tortuguita de rio como yo…
Al despertar encontró que ya no estaba más en la selva verde y fea que tanto adiaba… abrió los ojos y desde la seguridad de su caparazón pudo ver por el agujero del cuello que lo que veían sus ojos, jamás fue contemplado por alguna otra tortuguita de rio… lentamente fue sacando el cuello y las patitas, y boquiabierta dijo:
¡wauuuu…!
Había llegado al mar. Recostada de cara contra la arena de la playa, paquita se puso de pie y se limpió muy bien antes de ponerse a pensar… La aventura había llevado a paquita a los confines de la isla. Jamás una tortuguita de rio había llegado tan lejos y jamás una tortuguita había sido tan soñadora como ella… siempre había pensado que había algo más allá de su rio, más allá, que la llamaba. Había escuchado hablar de este lugar, por las aves, donde el agua era salada y su inmensidad no cabía en el margen de los ojos… y era así, tal como lo soñó… la arena blanca, el agua, la espumante orilla, el horizonte azul y los muchos animalillos pequeños que caminaban hacia adentro del mar.
Paquita se sentó en la arena esperando quien sabe que, mirando el horizonte azul que se extendía a lo lejos… nada había sido planeado. Había Salió por la mañana, hostigada y harta, con muchos sueños locos en la cabeza… se daba cuenta que ella no era igual a las demás tortuguitas del rio empedrado que se pasaban la vida entera recostadas junto rio, tostándose los caparazones, tomando artos baños de sol hasta morir insoladas. ¡No!, ella quería salir de su pequeña burbuja, conocer mundo, caminar arto, dormir poco, morir de vieja sabiendo que la vida fue una cosa hermosa y que con gusto la repetiría… pero al parecer todos sus sueños se truncaron ahora que había llegado aquí…
El horizonte era hermoso, el cielo raso, la arena blanca, el mar azul… fue cuando noto que algo extraño sucedía… a lo lejos se podían ver incontables puntitos negros que se movían, aparecían y desaparecían como si fueran tímidos… eran muchos puntitos negros que cada vez iban aumentando más y más, todo el mar se llenó de ellos, como si fuera tragada por una gran mancha negra que se acercaba lentamente hacia donde estaba ella. Paquita se asustó. Se guardó escondiéndose en su pequeño caparazón y espero a que lo que estaba sucediendo no sea nada malo. Miraba por el agujero del cuello como la mancha negra iba acercándose más y más…
Fue una sorpresa muy grande, para paquita, el saber que aquella mancha que se tragaba el mar, no era un monstruo marino o un demonio infernal si no, eran miles y miles de tortugas que iban llegando a la playa… golpeándose entre ellas, llegaban dando pasos toscos y torpes, llegaban chapoteando el agua miles y miles de tortugas…
Paquita se incorporó nueva mente, sacando el cuello, corriendo a saludar a las tortugas… mientas corría en su cabeza se iba dibujando la idea de escapar… se preguntaba de dónde venían estas tortugas tan extrañas, que si hay un lugar mágico al otro lado del mar, un lugar donde no existan animalejos tan sórdidos como los que había conocido hasta hace poco…
Paquita, un poco aturdida y alegre iba acercándose a la orilla con paso firme y redoblado hasta que estuvo enfrente, de cara contra la gran cantidad de caparazones oscuros y verdosos. Paquita saludando con un atemorizado:
hola… se dejó llevar por el extraño sentimiento de alegría y miedo que había adquirido desde hace un rato… cuando su pequeña pata se abalanzó sobre la primera tortugona, que se acercaba con paso marcial y lerdo, descubrió de que aquellas no tenían interés alguno por entablar amistad con una reverenda desconocida… al contrario pasaron sobre ella sin prestarle atención como si fueran zombis dando esos pasos torpe y atolondrados hasta llegar, como si todo estuviera planeado matemáticamente, al lugar exacto donde cada quien se detuvo y comenzó a cavar agujeros profundos donde cada una se posó y se sentó a espero… paquita intento llamar su atención, inútilmente, pero nada serbia de nada…
La tarde comenzaba a filtrarse entre los arboles robustos y mohosos dejando paso aun anaranjado que lo iba consumiendo todo… el cielo raudo y estéril iba dibujando monstruosamente el fin de aquel día… mientas paquita se quedó sola luego de que las turtugonas se fueran rápidamente como espantadas por un fantasma. Sola, en la playa, sintió nuevamente que la aquejaba una angustia triste y solitaria. La misma que la había abatido, el día anterior, antes de caer dormida…
Sintió la agonía de dejarlo todo y morir, dejarse al olvido y resignarse, convertirse en una roca en la playa, una roca dura y fría que no tuviera la necesidad de soñar y las ganas de vivir… una roca a la cual ni las olas pudieran mover: dura y fría sin la necesidad de soñar…
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