I.
Día viernes cumpleaños de alguien en la oficina.
Es la rutina del asalariado que convive 8 horas de su vida con otros igual de aburridos y cargados de tedio.
En mi profesión todos nos conocemos, de alguna u otra manera las referencias marcan la vida de cada uno.
Si en la universidad fuiste un fumón, se te recordará así. No como un estigma sino como una referencia. Si fuiste un nerd, de igual modo. Si fuiste un "cagahembras" también. Y así por el estilo. A mí siempre me reconocieron por ser un borracho impenitente.
Sabia que una chica, mi "primer amor" trabajaba en la empresa. Ese primer amor universitario, de cachimbo, del paquete de galletas compartido. De las tardes del parque abrazados, hablando sonseras mientras caía el sol.
De aprender a besar, porque no sabía besar. Pero un beso "señorito" un beso para no asustar a una chica de 17 años con cara de venado de Disney (bambi creo que se llamaba).
Después cuando conocí a una ruca, me enseño a besar "endoscópicamente" si vale el término.
Con esta chica estuve dos años, en los cuales mis nobles esfuerzos por no acostarme con ella, se estrellaban con su intenso deseo de un compromiso sentimental formal y la posesión completa de "mi libertad". Yo, sabía que si me acostaba con ella mi relación se volvería más comprometida. Quizás poco creíble pero era así.
¿Y que era "mi libertad"?
Mi libertad era poder encontrarme con mis amigos para tomar y disfrutar de los 18 años sin tener que entrar a escuchar clases. Mi libertad era ir a discotecas, solo por el hecho de ir a bailar conocer gente ver el mundo. Ir a prostíbulos en grupo y deleitarnos luego contando cada uno como le fue con fulanita.
Ella quería una relación en la que yo no me separe para nada de ella y ella para nada de mí. Esas relaciones atosigantes y aburridas. Esas relaciones que justamente detestaba.
Y eso era mi mayor pesar, porque ella era "una buena chica". Ni ruca ni bagre, era decente. Lo malo era que quería "mi libertad".
Sabía que trabajaba en la empresa pero en otro local. Sabía que se había casado, con el estúpido más grande que hubo en el salón (esto como referencia). Sabía que tenía dos hijos. Sabía que le iba bien a ella, de su esposo no sabía nada.
Lo que no sabía, era que ese viernes ella iría al almuerzo de cumpleaños de ese alguien.
Comentarios
Esos almuerzos de cumpleaños de los viernes.
Sabes que empiezan a la una de la tarde y si el agasajado es un tipo de peso en la organización se prolongan y se prolongan y no sabes a qué hora terminan. Al final te olvidas que es un cumpleaños y solo te diviertes.
Salí de la oficina con unos compañeros, rumbo al local, una cevichería con pista de baile. Si conocía. Llegamos buscamos nuestra reservación. Ya estaba lleno salude de lejos a varios conocidos. Esos saludos impersonales, en los que salteas gente y solo sonríes con los que te hacen algún gesto. Esos saludos hipócritas que uno aprende con el tiempo porque tienes que ser amable con la gente que de alguna manera hace que te ganes los fréjoles.
Me senté en un extremo de la larga mesa que se había armado, y recién empecé a mirar con calma quienes estaban en la reunión. Obviamente cerca del agasajado estaban sus ayayeros, franeleros, chupamedias, sobones y demás reptiles que son algo en una organización justamente por eso.
Y seguí recorriendo la mesa con la mirada, algunos compañeros me decían "a venido fulana" o "no todavía llega mengano" y cosas así. Yo seguía divisando y en eso de lejos sentí: esos ojos de "venado de Disney" y sentí que se me aflojaba la quijada. Sentí un silencio en el alma.
Levante la mano y sonreí, trate de sacar la mejor sonrisa que tenia. Hice mi mejor esfuerzo. Y busque algo que tomar en la mesa, había pisco sour. Me lo tome de un solo golpe.
¿Que pasa doc. te sientes mal? me dijo un amigo, no ¿porque? es que estas pálido. Te parece lo que pasa es que se están demorando en servir y estoy con hambre.
Casi veinte años después la volví a ver. Me acorde de la canción, del tango que los mejores solo cantan. De "volver". PERO EL VIAJERO QUE HUYE TARDE O TEMPRANO DETIENE SU ANDAR.
Y ahora que está cerca, ignorarla sería una cobardía, soy cualquier cosa menos un cobarde. Saludarla fríamente seria, al menos para mí, una muestra que deje de ser el sonso de hace 20 años y soy solamente una cucaracha madura.
Terminamos el almuerzo, llegaron rondas de cerveza, y una orquesta de medio pelo empezó a animar el ambiente. Y la larga mesa que se había formado se empezó a curvar y conforme pasaba la hora se iba convirtiendo en un gran círculo.
Yo de bailarín, nada que ver, de borracho si y a mucha honra. Así que conversaba y tomaba animadamente. Lejos aún estaban "los ojos de venado de Disney".
Me dio ganas de ir al baño, para ir tenía que atravesar la sala e ir al otro extremo. Cerca estaba el grupo de ella. Entre al baño me refresque me enjuague la boca y salí.
Pase cerca de ella y le tome por un segundo el brazo avance un poquito sin dejar de verla y ella me miro y sus "ojos de venado bueno" se iluminaron y salió de su grupo se acerco hacia mí.
La tome de los brazos suavemente le bese una mejilla y le dije casi susurrando: como estas. Ella me dijo: bien todo bien felizmente. Tengo tantas cosas que hablar contigo. Yo también, me replico ella.
La orquestita se mando con una de Mana, ¿bailamos? Ella asintió. Y avanzamos a la pista. Y la empecé a mirar y a evaluar. ¿Qué encontraba después de 20 años?. ¿Cuál era el balance?. A favor o en contra. Es probable que ella también.
Me parece bien que se preserve la libertad; el espacio privado que todos necesitamos para nosotros mismos, pero puede compaginarse con una relación de pareja. ¿O no ?...
Saludos.
Sinrima
A lo mejor algo quede por ahi rezagado, pero no mucho, me imagino;):p:):D
Intentare ser mas cuidadoso en lo que venga.
Gracias por tus comentarios.
No te olvides que el amor es una cosa esplendorosa...
No recuerdo quien lo dijo, pero es lo que te puedo decir.
Saludos
III
Caía la tarde en el local. El cielo se ponía anaranjado. La gente se iba retirando. Quedaban los más animosos, por no decir los más borrachos y juergeros.
Ella ya me había dicho que estaba subido de peso, que estaba canoso. Pero por lo demás me veía igual. Obviamente yo le dije que la veía igual. Cosa que no era cierta. Luego de dos hijos una mujer se ensancha en cuerpo y alma. La impresión que daba era de una "princesa guerrera". Dispuesta a agarrar una lanza y destruir a cualquier guerrero enemigo.
Habíamos bailado varias veces, trate de no ser demasiado evidente con ella pero en su grupo mixto las mujeres me empezaron a mirar.
En mi grupo de hombres solos el comentario de algunos allegados era: "la tía esta buena" y si estaba buena. Palabras como "vamos Juan no nos hagas quedar mal" , solo dije: ya no molesten es una amiga solamente.
La gente se iba retirando los grupos se empezaron a juntar. Mi grupo se junto con el de mi amiga, el baile se generalizo.
Bailamos nuevamente, quizás por el licor y la poca gente, lo que bullía en mí ser salió casi sin pensar, dije: No me invitaste a tu matri..., ella se siguió moviendo me miro; ¿Qué?, me acerque un poco, te pregunte; que no me invitaste a tu matrimonio. Me sentí un poco como esos alumnos que se acercan avergonzados a su profesor a reclamar un puntito en el examen. El que necesitan justamente para aprobar el curso.
Se siguió moviendo, ¿Para que querías que te invite? mi marido te detesta, tú también lo detestas. Pero eres mi amiga, le replique. No pensé que te casarías con él. Se quedo callada, sentí que la había ofendido. Seguimos bailando en silencio. Luego nos separamos.
Por ahí alguien dijo vamos a un pub y otros dijeron vamos a una disco. Algunos solteros ya se habían contactado con las chicas del otro grupo y se aprestaban a irse. Yo estaba en estado de espera para ver qué pasaba con mi amiga. En realidad me quería ir a otro lugar, conversar a solas con ella.
Cuando la vi arreglada con la cartera en la mano, supe que ya se iba. Me empecé a despedir de todos. Me choque con ella y le dije: te acompaño, bueno me dijo. Seguí despidiéndome y ella también. Salí al vestíbulo, y la espere.
Mientras la esperaba me puse a jugar con mis pensamientos. Si nos hubiésemos casado quizás la espera hubiera sido distinta, me imagine ciertas cosas y sentí que la máquina del tiempo me hacia retornar a la universidad. Cuando era ella la que me esperaba, ya que los primeros ciclos éramos tantos, había dos salones ella estaba en un salón distinto. Caminábamos sin agarrarnos las manos ni abrazarnos para que no fastidien "mis amigotes" como ella les decía, luego recién nos tomábamos las manos y nos besábamos. Su cuaderno espiral de color fucsia. Mis hojas sueltas metidas en el cuaderno. Los dos sentados en una banca abrazándonos y conversando de las peleas con su madre, de las peleas con mis hermanos y de cosas así. Conversábamos de todo, de nuestras pobrezas, alegrías y tristezas.
Ahora aquí esperándola, con el taxi listo. Por fin apareció, te invito a tomar algo ligero y conversamos un rato. Me miró, miró su reloj. Está bien pero solo un rato ya es un poco tarde.
Subimos al taxi. Partimos.
Discúlpame. ¿Porque? Por lo que te dije, te casaste con él seria cínico decir que no sentí nada. Me sentí triste, pero fue tu decisión y eso debo respetarlo. Además son tus sentimientos… En realidad cuando me case no estaba enamorada de él, solo atraída y sentía que él estaba enamorado de mí. Me ofreció el cielo a mis pies y me agrado la idea. Tú estabas alejado de mi, varias veces intente encontrarme contigo pero no ibas a donde yo iba.
Tenia razón, luego de terminar con ella empecé a trabajar mi grupo se despego, íbamos a todo sitio y a todo lugar. Las chicas del salón nos miraban solo de reojo, nuestra logia era realmente alucinante. Eso fue al terminar el quinto ciclo y empezar el sexto.
Pero porque eras tan posesiva..., pensé en voz alta, no me miró su mirada estaba perdida en algún lugar de la calle.
Sus “ojos de bambi” me arrugaron mas la piel; te quería, eras lo único que tenia, para conversar, para reírme tranquila, para no ocultar mis problemas y poder hablar de eso y de todo.
Pero tú querías que no me despegue de ti, yo te quería pero nunca me gusto eso de estar juntos en todo momento. Esa cadena no la soportaba. No sé porque te pusiste de enamorada de ese... Justamente de ese...
Luego que terminamos no sabes cuánto llore, llore tu ausencia, tu silencio, tu indiferencia. El se me acerco, como un amigo y bueno lo que hizo en todo momento fue echarte lodo y finalmente me dieron unos datos que hicieron que me aleje más de ti.
A ver dime que te contaron.
Me contaron que ibas a fiestas gay..., me reí, o sea que al final te alejaste de mi porque era gay.
El taxi se detuvo, bajamos y entramos.
Pensé en algunas cosas que pasaron en esa época recordé una vez que unos fulanos de la universidad me llevaron a una fiesta no de gays sino de travestis en el Callao en dos de mayo, creo que así se llamaba la calle. La “dueña” del santo cumplía cincuenta años.
Las parejas a veces se separan por cada bobada:p:):D;)
Así somos los seres humanos, o sino no seriamos humanos.
Saludos
¿La quiero aun?
Pensé. Y la vi entrar al pub como cuando entrábamos al salón, con sus pasos delicados de "niña fingida", así le decían sus antagonistas, que tenía varias pero eran feas. Ese factor era determinante para desechar esa opinión.
Después que la conocí llegue a la conclusión que no era una "niña fingida" era engreída, majadera y voluntariosa. Pero era linda, si la abrazabas y le decías cosas bonitas en el oído se suavizaba como arcilla.
Cuando estábamos en el parque, llegamos a sentir que no solo eran caricias y besos nuestro ritual, su narizicita y sus mejillas se ponían rojas como anuncio de que algo hervía en ese cuerpo menudo y medio infantil. La libertad de la universidad me hacía sentir que debía abrir la puerta de su feminidad.
Estaba seguro, que si abría esa puerta y la convertía en mujer. Nunca más se separaría de mí. Ella confiaba en mí, me contaba todo. Todo sin temor. Mas que su enamorado, me sentía su confidente pero ella quería que se dé el sexo a como diera lugar.
No quería terminar mi trayectoria tan pronto, no tenía ni veinte y me iba sentir comprometido en cuerpo y en sentimientos con una persona que a todas luces, requería cariño y atención como el sediento busca el agua.
Alguna parte de mi ser me decía: "acuéstate con ella y después la dejas" Pero mi conciencia juvenil, de adolescente lleno de sueños y ganas de vivir, me decía que mejor cortara por lo sano y haga un ofrecimiento que estaba seguro se tomaría como una ofensa.
Una tarde fría como las de estos días con garúa, en nuestro parque, se lo dije: tenemos que terminar, somos demasiado jóvenes para seguir juntos, tenemos que vivir. Vivir separados aprendiendo de la vida.
Luego, si nos volvemos a encontrar quizás volvamos a estar juntos.
Ella me miro con esos ojitos de bambi. Y me dijo ¿Por qué? si soy feliz así. Te quiero, eres mi peluche, eres mi amigo, no quiero.
Si seguimos juntos, en uno o dos años nos casaremos. Yo quiero casarme después de los 35 y eso es casi la mitad de mi vida ahora. Las lágrimas le empezaron a salir, sentí que algo de vidrio se rompía adentro de mi cuerpo, me dije: si dudo ahora, no me separare jamás de ella..
Caminamos lentamente, corría algo de viento por aquella avenida bordeada de eucaliptos. Era casi de noche. Me sentía mal. Pero quería mi libertad, para hacer y deshacer sin un cargo de conciencia.
Llegamos a un paradero de buses, no había nadie, ella me miró, me dijo: No quiero que te vayas. Nuevamente le replique: es mejor que estemos solos y estemos libres. Somos jóvenes, cuando nos encontremos después, la experiencia nos hará tomar mejores decisiones.
Sabía que mis palabras eran vacías, solo quería alejarme, no herirla más y no dejar mas huellas en mi.
Apareció el bus que la llevaba a su casa, yo hice el ademán de dejarla. Ella nuevamente con las lágrimas, me dijo. Bueno adiós y espero que no te arrepientas.
Adiós.
Al día siguiente en el salón, una amiga de ella me entrego un papel; para Juan decía con letras grandes.
Lo abrí y leí:
"Te entiendo, pero para mí la vida es diferente, pensé que eras más valiente y mas hombre. Tu temor a una relación estable hace que sienta pena por ti."
Te dejo esto, para que sepas lo que siento:
Íbamos a vivir toda la vida juntos.
Íbamos a morir toda la muerte juntos.
Adiós.
No sé si sabes lo que quiere decir adiós.
Adiós quiere decir ya no mirarse nunca,
Vivir entre otras gentes
Reírse de otras cosas,
Morirse de otras penas.
Adiós es separarse, ¿entiendes?, separarse,
Olvidando, como traje inútil, la juventud.
¡Íbamos a hacer tantas cosas juntos!
Ahora tenemos otras citas.
Estrellas diferentes nos alumbran en noches diferentes.
La lluvia que te moja me deja seco a mí.
Está bien: adiós.
Contra el viento el poeta nada puede.
A la hora en que parten los adioses
El poeta sólo puede pedirle a las golondrinas
Que vuelen sin cesar sobre tu sueño.
Manuel Scorza.
Después ella aparecería, con el fulano más antipático, de la promoción. Al menos para mí. Era una antipatía común. O las fobias naturales que experimentamos sin saber por qué.
Ahora 20 años después estamos sentados en un pub, solos esperando que a ella le traigan su Singapur y a mi me traigan un Cuba libre.
Yo al menos dispuesto a conversar acerca de mi promesa de cuando terminamos nuestra relación y ella probablemente para reírse en mi cara de mi estupidez.
¿Quieres saber la verdad? le dije, mirándola a los ojos.
La verdad es que siempre quise vivir.
Quise vivir tantas vidas. Hasta antes de entrar a la universidad estaba atado y sujeto al yugo que me impusieron mis padres. Al control riguroso de los horarios, los controles, las notas y no podía ni mirar ni hacer nada.
Luego en la universidad se me abrió el mundo. Con su riqueza y su miseria. Con el placer y el dolor. Con su tristeza y su alegría. Con la malicia y la ingenuidad.
Y me dije. Tengo que vivir. Desesperadamente me lo dije.
Te acuerdas de una película que vimos al poco tiempo de conocernos. Fuimos a un cine club, que quedaba por el museo de arte. Ya ni me acuerdo bien. Era la historia de un hombre viejo, enamorado de una quinceañera. Era patética la historia porque el hombre quería hacer cosas de chibolo para que la chica le hiciera caso....
Si la recuerdo, me dijo, al final el hombre se queda solo. Recuerdo que me llevaste hasta mi casa. Ese día decidí que quería estar contigo.
Pero no te acuerdas de la conclusión de la película, la conclusión era simple: El tiempo pasa y lo que no vives en su momento después ya no será igual ¡JAMAS!
Por eso, me gusto la idea de que seamos enamorados. Me gustabas, eras linda, eras dulce eras jodida. Y decidí que sí, que sería bueno estar juntos. Y ver cómo iban las cosas.
¿Pero tú me querías? , me dijo ella.
Claro que te quería, te quería con el gusto de aquel Adán que vivía en el paraíso. Sin malicia, sabía que había sexo, pero no te quería para el sexo sino para compartir mis cosas y tus cosas. Me excitabas, pero no tenía dinero para un telo.
Se empezó a reír, pero bajito.
Y tenía tanto miedo de embarazarte que prefería masturbarme para apaciguar mi ánimo.
Se reía con más fuerza.
Llegaron los tragos, me bebí algo del cuba libre. Ella solo movía el Singapur con la cañita.
Pero tú no me veías de ese modo, añadí, me di cuenta que tú me veías no como tu amigo ni como tu enamorado. Tú me veías como un padre o un marido. El padre o marido que faltaba en tu casa desde que tu padre se separo de tu madre y las dejo sola con ustedes. Tú querías que este a tus pies y a tu disposición en todo momento…
En ese momento, dejo de mover el Singapur con la cañita, me miro seria; estas equivocado, me dijo.
Querías la verdad, para mí esa es la verdad...
Me gustaba, de ti tu intrepidez, lo directo que eras. Tu intuición, rara en un hombre, que casi nunca te fallaba. Tomó un sorbo del Singapur.
¿Qué tal esta? le pregunte.
Muy dulce para mí gusto, pero se puede tomar. Me enamore de ti y tienes razón, quería tenerte a mis pies siempre. Porque las mujeres somos así, en mayor o menor medida. Nada tiene que ver lo de mi madre.
Pero si seguíamos, te hubiese hecho mucho daño.
¿Tanto así?
Empecé a trabajar, y conocí una parte del mundo diferente, ya no el mundo académico. Sino el mundo laboral. Como todo en esta vida de la teoría se pasa a la práctica.
Y como la mayoría de seres humanos, gregarios y de costumbres asumí y asimile lo bueno y lo malo del mundo laboral.
Aun estaba contigo, ya estaba trabajando, conocí a una mujer casada que trabajaba conmigo me llevo a un telo e hicimos y deshicimos lo que nunca había hecho en mi vida hasta ese momento.
Luego de eso, el conflicto emocional que tenía era muy grande.
No por querer abandonar la vida "agitada" que llevaba sino por el hecho de lastimarte a ti. Yo quería emprender un viaje, un viaje por la vida. Pero era un viaje solo. Y después de mi viaje encontrarte.
Pensé que me esperarías...
¿Esperarte? , sonrió, ¿esperar que regreses lleno de canas, subido de peso y que me digas que no me has olvidado?
¿Cuando te dije que ya no quería estar contigo?, tu actual esposo ¿Ya te estaba molestando?
Él siempre me estuvo molestando, y siempre estuvo ahí atento a mi llamado.
¿Cómo un perro?
Es mi esposo, no hables así de él. Me ofreció siempre las cosas que tú nunca me ofreciste. El nunca me hizo un poema. Solo me daba flores, chocolates y tarjetas ya hechas. Tú con dos palabras me llenabas la vida.
Al final lo tomaste a él.
Si porque, así como tu decidiste dejarme. Yo también decidí emprender un camino diferente. Cuando terminaste conmigo. Fue como si cambiara de música en la radio. De escuchar rock, cambie a música clásica.
Todo ordenado y en su lugar, las cosas por su nombre y yo en un altar.
Pero siempre hay tiempo,para intentar recueparar el tiempo perdido.
Está muy bien el relato,salvo excepciones,a ver como siguen esas confesiones.Saludos desde el sur.
Cuando la conocí era tan fresca tan natural tan sencilla. Y ahora me dice que está en un altar.
-Sí y me gusta, soy feliz así mi palabra es ley y se cumple en todo sentido.
Siento un vapor de resentimiento que sale de su cuerpo. Después de tanto tiempo, se eleva su resentimiento.
-¿Y qué propone tu esposo? ¿Cuál es su punto de vista?
-El está de acuerdo y siempre hace lo que yo le pido…
Se hizo un silencio, entre los dos. Silencio suficiente para mirarnos y “decirle sin decirle” que no estaba bien, que no le creía, que no podía haber cambiado tanto.
-Pero un altar es muy aburrido. Yo no te tendría en un altar.
Me mira y sus ojitos de venado brillan. Una risita media chueca le alegra el semblante. Sabe lo que le voy a decir.
-¡No lo digas!
– Mejor que un altar es una buena cama- Se lo digo riéndome.
Se ríe, lo suyo es una mezcla de verdad y mentira. Tomo algo de mi cuba, ella mira su copa como hacemos todos cuando queremos decir algo y no sabemos cómo decirlo.
-Me alegra que estemos conversando – Me lo dice con aire de calma –Sabes que lo que te he dicho no es cierto.
-Si lo sé, no tienes que decirme nada. Soy tu amigo no tu psicólogo.
Le doy gracias a Dios, todavía la conozco. Es lo que pienso.
-Pensé que me odiabas, me case con él, pensé que me odiarías.
Como la iba a odiar, ella es una de las pocas cosas buenas que tengo en la vida.
-Estas equivocada, tu siempre estás en mi corazón. Por más torpe que haya sido tu estas en mi corazón.
-¿Te casaste? – me preguntó.
-Me case, hace seis años. Ella no es de la universidad. Tengo una niña de tres años. ¿No lo sabías?
-Si lo sé, solo que estoy cruzando mis datos, con lo que me dices…
-Estas validando los chismes.
Reímos.
-Es diseñadora tiene un negocio pequeño de ropa para niños.
-¿Que es lo más difícil en tu matrimonio?
La miro y la entiendo. Ella también quiere saber si yo tengo a mi esposa en un altar.
-La convivencia, “el matrimonio es hermoso, lo malo es vivir juntos”. Mi esposa es una mujer muy noble, muy mujer y muy ordenada. He tenido que sujetarme a sus reglas y he aprendido a quererla por eso.
-¿Reglas? – me mira con cara de extrañeza.
-Créeme que me jode, pero las reglas se cumplen. Sobre todo si las da mi esposa.
-Pero tú no eras así, tú odiabas las reglas.
-Hace veinte años, no quería reglas. En mi casa siempre viví bajo las reglas de mis padres. Al ir a la universidad decidí que toda regla quedaba abolida. Te conocí, me enamore y rompí una regla corriente no me acosté contigo.
-¿Por qué?
-Si me acostaba contigo, nunca te hubiese dejado. Si te dejaba. Me hubiese convertido en un hombre amargado, resentido y avergonzado.
– No entiendo- me mira contrariada- Hubiésemos vivido ese momento.
-Te amaba y lo más hermoso que puede haber es el sexo con amor. No te hubiese dejado. Y si me hubieses dejado pese a haber tenido sexo. No me tendrías en esta mesa.
Los vasos casi vacíos, la miro y sus ojos de venado en la semipenumbra de ese pub chispean. ¿Qué pensamientos aletean en mi ex?
-¿Pido más? –le digo.
-No por favor, solo agua mineral helada.
Levanto la mano, viene el mozo. Le pido otro cuba y el agua mineral.
Al leerlo,se me vino a la mente una canción de Tahures Zurdos,que habla más o menos de las posiblidades de un amor " casi " perdido.
La encontré,te la pongo aquí y si quieres escuchala,
http://www.youtube.com/watch?v=bpQ5iGkqPUY.
Saludos desde el sur.
Hermosa canción, por aqui no llega musica de ese grupo. Nombre muy original, "tahures zurdos". Todos los tahures que conozco son diestros o mejor dicho doblemente diestros.:o
Saludos
Gracias por tu comentario. Recién estoy empezando a ser así.
Saludos
Recuesto mi cabeza en mi mano como “el pensador” de Rodin y la miro tratando de escrutar lo que piensa. Ella me mira, en sus manos blancas brillan varios anillos.
-Nunca te regale un anillo-le digo, saliendo de mi postura de Rodin - Ahora tienes varios.
Ella se mira las manos y me sonríe.
-Tuve dos hombres en mi vida, tu y mi esposo.
-Así no se dice, se dice: “mi esposo y tú”, se escucha mejor-Corrijo.
-Bueno, la cosa es que fueron ustedes dos solamente, solo que con el si me acosté…
El golpe lo sentí directo. Su cólera guardada aun no termina de salir. Yo quiero que se suelte mas, quiero que me diga su verdad. Después de veinte años encontrarme con ella para que me diga algo que ya sé, no tiene sentido.
La música de aquel lugar es agradable.
-¿Quieres bailar?
-Bueno.
Nos levantamos, la tomo de la mano y tomo su cintura. Si fue una adolescente hermosa. Ahora es una señora hermosa.
-Tú sabes que soy mal bailarín- Le susurro.
-Si lo sé, siempre lo supe.
-No sé si será el cuba que ya tomé, pero estas más bonita que en la tarde.
Nuestras mejillas se tocaban suavemente, después de lo que digo, se voltea a mirarme y me sonríe.
-Tú no cambias.
-Tu tampoco- Y la beso.
Un beso que fue suave y fue creciendo, yo casi no bailo ella se sigue moviendo. Nos separamos suavemente y volvemos a juntar nuestras mejillas. Continuamos bailando pero ahora los dos estamos pensando. Me toma la mano fuertemente y siento su calor.
Mis pensamientos, navegan en mis decisiones. Reviso mi vida de joven, ¿Sirvió de algo? Ir a prostíbulos caros y también baratos. Empezar una juerga a la orilla del mar un día viernes en la tarde y despertar en un hotel de quinta categoría con una desconocida un domingo en la mañana. Hacer amistades con gays, lesbianas, prostitutas y travestis, para saber que piensan, que quieren, que sienten. Perder la mitad de mi sueldo en un juego de cartas, por años. Estar con alguien diferente los fines de semana por años. ¿Sirvió de algo?
Me acuerdo de lo que me dijo un tío muy querido cuando tenía trece o catorce: “Sobrino, no te arrepientas de tus decisiones jamás, para tomar una decisión se tiene que pensar y luego decidir. El hombre que se arrepiente de sus decisiones es un pobre diablo”.
Viendo a mi ex tan linda, luego de sentir sus labios me siento patético, me siento un pobre diablo.
Termina la canción, ella me suelta la mano y vamos a la mesa. Toma su cartera.
-Regreso en un momento-me dice-Ya es tarde tengo que irme.
En mi reloj son las nueve y media de la noche. La veo alejarse a los servicios y muy a pesar mío me doy cuenta que todavía la sigo queriendo. Me siento y en mi soledad en aquel pub, tomo el vaso para ahogar algo de mi súbita tristeza con el trago.
La gente llega en más numero al pub, es lógico, los días viernes mucha gente sale a divertirse. Yo también me divertía los viernes. Ahora bajo el yugo del matrimonio, la diversión no la gestiono solo sino que está involucrada toda mi familia. ¿Mi libertad? Ya no existe, existe mi familia. Tanto luche por mi libertad hace veinte años y ahora no tengo ninguna libertad. Son las paradojas de la vida.
Viene mi ex, viene como una reina. Con su labial reluciente, sus aretes de perlitas que parece que brillan como faros neblineros. Me mira seria.
-Ya es tarde me tengo que ir.
-¿Estas molesta?-le pregunto.
-No
-¿Estas seria? – Le insisto –Siéntate por favor.
-Mejor salimos y caminamos un poco, aquí hay mucha gente y no se puede conversar.
Le hago caso, me levanto, le pido la cuenta al mozo y pago. Camino hacia la puerta con ella como si fuera su guardaespaldas. Salimos. El aire frio de la noche, nos refresca. Caminamos en silencio. Volteamos en una calle a la derecha y un parque con banquitas nos espera.
Yo la sigo, se que decir algo no ayuda mucho, mejor esperar a que ella se siente y me diga algo. Porque sé que me tiene que decir algo.
-Ahora si-dije-dichoso mi saco…
Me sonrió. Y movió la cabeza negativamente.
Antes de sentarme, sacudí vigorosamente mi pañuelo, luego limpie mi parte de la banca.
Me senté en forma transversal, así me sentaba cuando éramos enamorados.
-Siempre serás un loco.
-Yo seré siempre lo que tú desees que sea.
-No creo-replicó- tu no fuiste el hombre que quise, tú me dejaste. Me sentí tan triste, me sentí tan sola. Y te amaba. Tenía vergüenza con mis amigas, me sentí despreciada, me sentí poca cosa. Siempre que lo recuerdo me pongo triste…
Su cabecita se dobla, y su perfil es más hermoso. Sé que nunca entenderá lo torpe que fui en esa época.
-No lo entenderás, porque tú siempre serás una princesa. Hace veinte años quería pasearme por la vida conocer el mundo. A veces fui un proletario, otras un marginal o un marginado a tiempo parcial y muchas, muchas veces un borracho mas en algún bar. No hubieses entendido lo que quería en esa época. Ahora no lo entiendes. Yo te amaba, pero quería vivir.
-O sea que cambiaste tu amor por mí ¿Por la experiencia de la vida?
-Sí y no me arrepiento. Tú sabes que no te engañe, siempre fui sincero. También te amaba y guarde ese sentimiento en un lugar muy especial en mi corazón. El pasaporte de mi vida tiene visas de muchos lugares, lugares que quizás mucha gente jamás visitará.
-¿Es cierta esa historia de los travestis?
-Si es cierta ¿Como lo supiste?
-Me la conto pepe.
Pepe estuvo con nosotros aquella vez. El era amigo de su esposo y la conexión estaba clara.
-Está bien, te contare la historia tal como ocurrió y es la verdad porque te la cuento yo:
Los sábados después de las clases íbamos a un bar que estaba cerca de la universidad. Tomábamos, jugábamos a los dados o a las cartas y esperábamos que alguien proponga ir a algún lado a bailar y divertirnos.
Aquella vez un fulano que no recuerdo su nombre (si lo recuerdo pero no lo puedo decir) nos propuso ir a una fiesta diferente, una fiesta que nunca olvidaríamos. Obviamente aceptamos. Y enrumbamos a dicho evento.
Era una casa como cualquier otra, el fulano que era nuestro guía toco el timbre y alguien abrió una ventanita en la puerta. El dio un nombre, esperamos un momento. Salió un travesti, lo saludó y nos dio la bienvenida, “pasen, pasen y diviértanse”. Dos tipos desertaron y no entraron. Uno de ellos era pepe. Los demás entramos, éramos seis.
Yo nunca había conversado ni mirado un travesti, creo que ninguno de los que estábamos ahí lo había hecho. Excepto aquel fulano que nos había llevado.
En esa fiesta nosotros éramos la novedad, seis hombres jóvenes universitarios en una fiesta de puros travestis.
Debo confesar que algunos eran verdaderas damas y lo único que debía hacer era tratarlas como tales. Baile y tome. Me divertí, porque son personas muy alegres. Una alegría a veces exagerada que oculta un reclamo, un reclamo que no saben a quien presentar.
-¿Qué reclamo? –me interrumpió.
-De ser hombres, sintiéndose mujeres- Le respondí y proseguí -No tuve ningún problema, me divertí mucho. No te cuento mas detalles de los demás porque no creo correcto contarlo.
Esa fue la primera fiesta de travestis a la que fui. Después iría a otras más y aquí me tienes, tranquilo. No me ha pasado nada. No me ha caído un rayo.
Y ,si me lo permites,pongo algo de música,
http://www.youtube.com/watch?v=ezAUF0rq46c.
-Si todavía soy un llorón, no lo puedo evitar –contesto- tu sabes que me conmueve la mendicidad, los niños abandonados. No lo puedo evitar.
Se hace un silencio en ese parquecito. Ella mira a la nada, yo miro su perfil. Creo que he cambiado pero no mucho. Ella no lo sé, antes era tan alegre, tan loquita y ahora ese aire de reserva con palabras como “yo estoy en un altar” me suena tan distante.
-¿Eres feliz?-le pregunto.
Mi pregunta, es una reiteración. Lo que me había dicho lo sentía tan hueco. Cuando fuimos enamorados, conversamos de tantas cosas sin recelo y sin vergüenza que llegaba a saber las respuestas que me daría. Sentía que su conocimiento era mío y el mío era de ella.
-Mis hijos, son mi felicidad.
Nuevamente el silencio. Como diciéndome que “yo sé lo que ella no dice”. Solo el silencio.
Ya no mira a la nada, me mira contrariada. Me mira como buscando culpables. Me hace acordar a mi Madre cuando buscaba entre nosotros quien se había comido el postre de la cena.
-Tú sabes que me equivoque.
-A veces pienso que yo también me equivoque –me parece que es lo mejor que puedo decir y agrego-fue un error cumplir mi sueño de conocer el mundo dejando de estar juntos. ¿Pero lo quieres?
-Lo intente, desde el momento que me case lo intente. Pero caigo en un aburrimiento incontrolable. No es malo conmigo, pero es tan monótono, tan previsible que todo mi cariño y dedicación lo tengo para mis hijos y mi trabajo. Con él es solo rutina.
Me llena de espanto lo que me dice. ¿Quizás mi esposa piensa lo mismo que ella? Pero el matrimonio es eso una rutina inevitable. El mismo tren las mismas vías, el mismo destino el mismo rumbo.
Me acerco un poco más, mi cuerpo choca con su cuerpo, ella está con la cabeza gacha. La abrazo y la aprieto contra mi pecho.
-Por tus hijos ten paciencia, el matrimonio es así. Muchas veces caemos en una rutina infame. Las costumbres, el mismo lugar de vacaciones. La misma pelea por el mismo jabón. Debes hablar más con tu esposo. ¿Conversas con él?
-Que no le habré dicho -contesta- Pero se ríe, me dice: “tratare de cambiar” pero no cambia es el mismo. Y me aburre...
Sigue contra mi pecho, me toma la mano y acaricia mi brazo. El temor se cuela en mí. Volver a lastimar a mi muñeca. Lastimar a mi esposa. Me toma la cara con sus manos. La miro, sus ojos algo rojos.
-Te extraño tanto.
Y me besa.
Un beso con amígdalas, un beso intenso. Siento su calor me gusta la deseo y la quiero. Muy a mi pesar, en contra de todas mis creencias y mi fe. Tenía este amor guardado como un vino. Un vino guardado en un rincón y al abrirlo me llena la vida.
Me mira y se ríe, sé que es una locura. Nos volvemos a besar, el cuello, las orejas.
-¿Y ahora? – Le susurro-Ya es tarde, es hora de irse.
Se detiene, mira su reloj
-Si ya es tarde.
-¿Vas a irte así?
-¿Cómo?
-Toda besada…
Se ríe con sentimiento. No esa risa con los dientes, sino una risa con el alma.
-Conozco un pequeño restaurant. Pido algo, te arreglas y listo.
-Está bien, vamos.
Nos tomamos un instante de las manos caminamos y luego comprendemos. Sin decirnos nada nos soltamos. Caminamos en silencio tranquilos llegamos al lugar. Pido un refresco. Trato de no pensar en el futuro y en nada simplemente me gusta estar así, enamorado por un rato.
Sale de arreglarse, ya no está besada está más bonita todavía. Sé que si la encuentro nuevamente le hare el amor.
Salimos de aquel lugar, caminamos a un paradero de taxis.
-Dame tu numero-me dice- no lo tengo.
Voy a sacar una tarjeta. No me des una tarjeta solo tu número. Entiendo, le doy el número. Le pido el suyo y me lo da. Escribo en la agenda del celular unas siglas y el número.
Nos detenemos en una esquina. Esperamos que llegue un taxi.
-Me gusto conversar contigo, me siento mejor.
Su rostro es diferente. Yo no sé porque me siento más ligero. Me siento un poco como flotando.
-Quisiera que no acabe este encuentro-la miro- pero ya es tarde.
-Tienes mi numero, cuando quieras me llamas y conversamos.
Viene un taxi, levanto la mano. Se detiene. Le digo donde, pago. Abro la puerta.
Ella avanza y se detiene antes de subir. Me sonríe sin sonreír. Y le doy un piquito.
-Adiós
Sube, cierro la puerta. El auto se marcha y me quedo solo.
Veo la hora, once y media. Una hora razonable para empezar hacer cosas no razonables. Camino un poco, trato de no pensar. Tomo un taxi, mejor me voy a casa, mañana es sábado y hay que hacer las compras de la semana.
Es el FIN
Todo es una ficción. Hay muy poco de mi vida en esta historia. He tenido reencuentros, mas fríos y menos prometedores.
Disculpas por los errores ortográficos.
Desconozco las leyes que se deban cumplir para contar algo, simplemente quise contarlo, espero que se hayan entretenido con la historia.
Van a ser las 02 de la mañana.
Un abrazo