Hola a todos los foreros.
Dejo aquí el inicio de una novela que publiqué hace unos meses. Se titula "Injusticia Poética". Comienzo con una sinopsis y una pequeña reseña bibliográfica. A continuación, adjuntaré en un nuevo post las primeras páginas de la historia. Por último, me permito añadir un enlace para poder acceder al catálog online de la editorial que lo publica.
Muchas gracias a todo el mundo.
Sinopsis: ¿Qué harías si tu madre te confesara en su lecho de muerte que eres adoptado y que probablemente tienes un hermano gemelo? ¿Cómo te sentirías si tu antigua novia, de la que sigues enamorado, pudiera quitarte el empleo por el que llevas luchando media vida? ¿Con qué ojos mirarías a la gente si supieses que por tu ciudad merodea un asesino en serie de niñas? Aparte del machismo, ¿existe también el hembrismo? ¿Qué influye más en la violencia: los genes de una persona o la educación que recibe?
Reseña biográfica:
Jose María Cuenca Herreros nació en 1975 en Córdoba, donde se crio y cursó sus estudios. Ha vivido en Francia, Inglaterra y Estados Unidos. Hace más de cinco años comenzó en Huelva la primera frase de esta novela. Tres años después, se dio cuenta, y le dieron cuenta, de que sobraban al menos dos tercios de lo que llevaba escrito. Gracias a los consejos de los lectores que se aventuraban con las versiones provisionales de esta historia, dedicó otros dos años y medio a podar, concentrar, reordenar, desbastar, engarzar, pulir... hasta que al final quedaron las sesenta y siete mi trescientas treinta y una palabras del libro que ahora está en tus manos.
http://www.nuevosescritores.es/libros/injusticia-poetica.html
http://www.casadellibro.com/libro-injusticia-poetica-/1809679/2900001408771/ca_es
Comentarios
- Al final siempre vence la justicia, y ese monstruo del diablo pagará por sus crímenes. Aunque la policía no lo cogiese, los remordimientos lo torturarán el resto de sus días.
Tal es la opinión que Cándido Machuca viene de expresar a su colega Gloria Guerrero. Ambos están contratados como profesores ayudantes en la Facultad de Psicología de Alcandiz y han coincidido de improviso en una sala de fotocopiadoras de su universidad. No hay nadie más en la habitación. Cándido se duele porque siente a Gloria sumamente incómoda junto a él.
De fondo suena un programa de radio en el que acaban de anunciar que han sido encontrados los restos mortales de una menor descuartizada. Es el séptimo infanticidio similar ocurrido en la región de Alcandiz durante los últimos tres meses.
- ¿Tú crees en serio que el mundo es justo, que a la larga el destino se venga del que hace el mal y premia al que hace el bien? –replica Gloria–. Me acuerdo de una profesora de Literatura que llamaba a eso ‘justicia poética’: cuando un personaje se salta las normas éticas más elementales no puede haber un final feliz para él, o para ella –puntualiza Gloria–, si no el lector se lleva una decepción. Pero a mí me parece que esa justicia poética sólo se cumple en las películas y en las novelas. En la auténtica realidad hay muchos canallas que se mueren de viejos con una sonrisa en los labios.
Cándido le contradice con vehemencia:
- Discrepo de ti. Algo en mi interior me asegura que ese sádico desalmado no puede quedar impune. Aunque en el fondo me da pena de él, porque además de verdugo también es víctima, víctima de una sociedad que le ha enseñado la violencia.
- Volvemos a chocar en lo mismo. Supongo que seguirás empeñado en que el ambiente donde se forma el individuo es casi la única causa de las tendencias agresivas, ¿no?
- Efectivamente. Si quieres informarte mejor, pronto podrás leer el libro en el que me he tirado trabajando desde que entregué mi tesis doctoral. Se titula ‘La educación como medicina contra la violencia’.
- Es cierto que en los hogares desestructurados abundan los hijos con un temperamento poco equilibrado, pero eso es sobre todo porque lo heredan en el ADN de sus padres –le rebate Gloria con tal firmeza que Cándido aprecia en ella un deje de soberbia–. Lo prueban mis investigaciones y las de muchísimos expertos.
- ¿Y cómo se han obtenido esas conclusiones?
- Estudios de hermanos, especialmente de gemelos…
La palabra gemelo bloquea a Cándido por unos instantes.
- Yo misma colaboro en un proyecto en el que repartimos a los participantes en tres grupos –prosigue Gloria con un tono que a Cándido le resulta dulce a la vez que desafiante–: hermanos con distinta edad, gemelos fraternos y gemelos idénticos. Los gemelos fraternos son los que han estado juntos en el útero de la madre aunque cada uno procede de un cigoto independiente. Por lo tanto, entre ellos no hay más similitud genética que entre dos hermanos no geme*los. Los genes de los gemelos idénticos, al contrario, son exactamente los mismos porque los dos provienen del mismo óvulo y del mismo espermatozoide, que después de unirse se dividieron en dos fetos clónicos.
- Hasta ahí alcanzo yo solito holgadamente, señora doña sapientísima –le corta Cándido con un sonsonete de burla–. Sobre clases de gemelos no preciso un ápice que su ilustrísima eminencia derroche su preclara erudición para instruirme al respecto.
- Una sugerencia: no seas tan pedante. El hábito no hace al monje, ni la rima al poeta. Y las palabras rebuscadas tampoco hacen culto a quien las dice –Gloria ha adoptado un falsete un tanto afectado que Cándido ha interpretado como una parodia contra él–. Bueno, continúo con lo que te estaba contando. Los gemelos idénticos concuerdan en sus actitudes de agresividad en un porcentaje muchísimo mayor que los gemelos fraternos o los hermanos de distinta edad. Encima, entre los gemelos fraternos no hay más coincidencia que entre los hermanos de diferente edad, a pesar de que los gemelos fraternos han crecido juntos desde que eran embriones.
- Hay una fácil explicación –Cándido se acalora un poco–: los gemelos idénticos son tan parecidos físicamente que reciben los mismos estímulos porque se tiende a tratarlos como si fueran iguales también en el carácter.
- Esas suposiciones tuyas tienen los pies de barro –contrargumenta Gloria–. Entre los gemelos idénticos que fueron adoptados por separado y que han vivido apartados uno de otro –un escalofrío sacude a Cándido–, cuando uno de los dos es proclive a usar la fuerza, casi siempre pasa lo mismo con su gemelo. Y eso que a bastantes de ellos les habían ocultado que tenían un hermano gemelo hasta que ya eran adultos.
- Eres tan elocuente que convencerías a un pez de que el agua no existe. Te admiro.
Cándido introduce una moneda en una máquina de café y rememora la época dorada de su noviazgo con Gloria, cuando una enajenación sensitiva lo embriagaba cada vez que la estrujaba en su regazo. Cándido estaba seguro de que transmitían a sus amistades una imagen casi idílica. Él incluso comenzaba a ilusionarse con futuros planes de boda. Hasta que una mañana se despertó con una resaca tan devastadora que había borrado de su cerebro casi todo lo acontecido durante la jornada anterior. Tan sólo guardaba una turbia reminiscencia en la que aparecían Gloria y él mismo celebrando su quinto aniversario como pareja y discutiendo luego por varias desavenencias. La primera consistía en que Cándido había participado en una manifestación antiabortista contra la clínica ginecológica que dirige Enrique Guerrero, el hermano mayor de Gloria. También habían reñido porque unas horas antes se les había roto un preservativo en el momento culminante del coito. Gloria expresó su intención de interrumpir el embarazo si tenía la mala suerte de quedarse encinta por aquel accidente. Cándido le replicó airadamente que no le permitiría cometer lo que él juzgaba como un asesinato. Ella le soltó que tachar de homicidio la destrucción de un puñado de células embrionarias equivalía a equiparar el uso de anticonceptivos con el genocidio, considerar la masturbación como una masacre en potencia, o reprobar el voto de castidad católico por constituir un filicidio por pasividad negligente. Con la garganta ronca de los gritos que estaba pegando, Gloria censuró las supersticiones religiosas de Cándido, que le parecían impropias de un científico serio. El tercer motivo de controversia entre ellos había surgido por una cuestión bastante fútil para Cándido. Gloria había estado subrayando un artículo que, partiendo de las conexiones entre la Biología y la mente humana, proponía sustituir el sectarismo de los dogmas morales y de las ideologías políticas por un consenso aconfesional y flexible en torno a nuestros instintos éticos primarios. Cándido le recriminó que desperdiciase el tiempo con semejantes sandeces. Gloria le espetó que estaba equivocado, ya que esa disertación iba a suponer un hito. Además, Gloria comentó con cierto retintín que conocía a su autor, César Luis Aguirre, un genetista mexicano con quien había coincidido en un congreso al que Cándido no había podido acompañarla por culpa de una gripe. La irritación de Cándido se disparó al añadir Gloria que el tal César Luis había impartido una conferencia interesantísima sobre el origen genético de los impulsos agresivos, sobre todo en lo referente a los arrebatos de violencia extrema. Asimismo, Cándido creía recordar que Gloria lo había increpado por su creciente afición a la bebida y que él se había desahogado con algún que otro improperio contra ella. Aparte de eso, la cabeza de Cándido estaba prácticamente en blanco respecto a qué habría podido suceder la noche precedente. Así pues, se levantó de la cama braceando en una marejada de dudas. Enseguida reparó en que sus nudillos estaban un poco desollados. Dedujo que la bronca con Gloria lo había emberrenchinado hasta tal punto que se había desfogado propinando algún puñetazo contra la pared, ya que junto al interruptor de la luz de su salón había un pequeño desconchón con un par de motas rojizas como de sangre. Por mucho que la llamó, Gloria no le cogió el teléfono. Cuando se puso en contacto con los padres de ella, eludieron sus preguntas con evasivas bastante burdas. Estuvo seis meses sin noticias de Gloria, hasta que una tarde se toparon frente a frente en el despacho de su decano. Ella no se dignó a dirigirle ni una sola palabra. Y desde entonces, aunque ha mantenido hacia él una cierta cordialidad como compañera de trabajo, ha esquivado cualquier conversación que no respondiese a asuntos profesionales.
http://www.nuevosescritores.es/libros/injusticia-poetica.html