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Mis poemas del alma

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Comentarios

  • NeguNegu Fray Luis de León XVI
    editado febrero 2011
    Una palabra

    Hallaré una palabra
    que detenga tu cuerpo y lo dé vuelta,
    que contenga tu cuerpo
    y abra tus ojos como un dios sin nubes
    y te usa tu saliva
    y te doble las piernas.
    Tú tal vez no la escuches
    o tal vez no la comprendas.
    No será necesario.
    Irá por tu interior como una rueda
    recorriéndote al fin de punta a punta,
    mujer mía y no mía,
    y no se detendrá ni cuando mueras.

    Roberto Juarroz




  • NeguNegu Fray Luis de León XVI
    editado febrero 2011
    Todo amor es efímero

    Ninguna era tan bella como tú
    durante aquel fugaz momento en que te amaba:
    mi vida entera.

    Ángel González



  • pepetopepeto Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2011
    Uno de Neruda..

    Poema 06... Te recuerdo como eras en el último otoño...

    Te recuerdo como eras en el último otoño.
    Eras la boina gris y el corazón en calma.
    En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo.
    Y las hojas caían en el agua de tu alma.


    Apegada a mis brazos como una enredadera,
    las hojas recogían tu voz lenta y en calma.
    Hoguera de estupor en que mi sed ardía.
    Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.


    Siento viajar tus ojos y es distante el otoño:
    boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
    hacia donde emigraban mis profundos anhelos
    y caían mis besos alegres como brasas.


    Cielo desde un navío. Campo desde los cerros.
    Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma!
    Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.
    Hojas secas de otoño giraban en tu alma.
  • pepetopepeto Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2011
    Les dejo algo de Silvina Ocampo
    Si soy en vano ahora lo que fui...

    Si soy en vano ahora lo que fui,
    como la blanda y persistente arena
    donde se borra el paso que la ordena,
    no he sufrido bastante, amor, por ti.

    Ah, si me hubieras dado sólo pena
    y no la infiel intrépida alegría
    tu crueldad no me lastimaría,
    no podría apresarme tu cadena.

    Quiero amarte y no amarte como te amo;
    ser tan impersonal como las rosas;
    como el árbol con ramas luminosas

    no exigir nunca dichas que hoy reclamo;
    alejarme, perderme, abandonarte,
    con mi infidelidad recuperarte.
  • NeguNegu Fray Luis de León XVI
    editado febrero 2011
    Todos los amores imposibles son eternos,
    el tiempo no los toca
    y no existen traiciones entre los amores imposibles.
    Amo con toda intensidad, amo sin límites
    a cada uno de mis amores imposibles.
    A veces el olor del café trastoca el orden de los años
    y voy a dar a la madrugada
    de un resplandor que a mí me alumbra
    o de pronto la voz de Janis Joplin
    me ensarta en una noche cítrica,
    de alambre,
    la noche del hechizo,
    puede ser una forma precisa de mecerse el viento entre los árboles
    y la danza del cuerpo,
    la eterna danza de un cuerpo eterno
    entre la eterna danza de la brisa.
    Los eternos amores imposibles
    no se tocan, no se cruzan, no pueden verse entre sí,
    no existen los celos entre los amores imposibles,
    son perfectos los amores imposibles.


    Darío Jaramillo



  • NeguNegu Fray Luis de León XVI
    editado febrero 2011
    El amor difícil

    Quizá tú no me viste,

    quizá nadie me viese tan perdido,
    tan frío en esta esquina. Pero el viento
    pensó que yo era piedra
    y quiso con mi cuerpo deshacerse.

    Si pudiera encontrarte,
    quizá, si te encontrase, yo sabría
    explicarme contigo.

    Pero bares abiertos y cerrados,
    calles de noche y día,
    estaciones sin público,
    barrios enteros con su gente, luces,
    teléfonos, pasillos y esta esquina,
    nada saben de ti.

    Y cuando el viento quiere destruirse
    me busca por la puerta de tu casa.

    Yo le repito al viento
    que si al fin te encontrase,
    que si tú aparecieses, yo sabría
    explicarme contigo.

    Luis García Montero



  • NeguNegu Fray Luis de León XVI
    editado febrero 2011
    Te escribo para decirte
    que no quiero decirte nada
    que sólo quiero abrazarte
    buscar el calor de tu vida.

    Pedro Casariego



  • BriznaBrizna Pedro Abad s.XII
    editado febrero 2011
    ÁRBOL DE MI VIDA

    Como un ave que cruza el aire claro,
    siento hacia mi venir tu pensamiento
    y acá en mi corazón hacer su nido.
    Ábrase el alma en flor; tiemblan sus ramas
    como los labios frescos de un mancebo
    en su primer abrazo a la hermosura;
    cuchichean las hojas; tal parecen
    lenguaraces obreras y envidiosas,
    a la doncella de casa rica
    en preparar el tálamo ocupadas.
    Ancho es mi corazón, y es todo tuyo.
    Todo lo triste cabe en él, y todo
    cuanto en el mundo llora, y sufre, y muere!
    De hojas secas, y polvo, derruidas
    ramas; lo limpio; bruño con cuidado
    cada hoja, y en los tallos; de las flores
    los gusanos y el pétalo comido
    separo; creo el césped en contorno
    y a recibirte, oh pájaro sin mancha,
    apresto el corazón enajenado!
    (Fragmento)


    José Martí (1853-1895)
  • NeguNegu Fray Luis de León XVI
    editado febrero 2011
    Saludos, Brizna... y gracias :)
    Monólogo

    "No soy yo quien escribe estas palabras huérfanas"
    Oliverio Girondo


    Otra vez buenas noches.
    Hazme un hueco en mi cama,
    un lugar junto al sueño
    entre las sábanas lúbricas del silencio.

    He pasado la tarde leyendo a Girondo,
    contemplando la lluvia detrás de las ventanas
    caer como plumas calladas del otoño.

    Las arañas ya duermen
    en los turbios rincones
    de esta casa sin muebles,
    y yo vengo dichoso,
    y me pesan los ojos.

    Sigue sonando la lluvia
    y hay goteras antiguas
    detrás de las cortinas;

    un tambor de pétalos empapando la tierra.

    Soy feliz como un viernes al abrigo de un puerto,
    como un libro plagado de palabras brillantes.

    Mañana, ya mañana,
    seguiré esperando no sé qué, esa espera
    interminable del huérfano de suelo,
    del viajero del tiempo
    que ignora su destino.

    Ya no sé si soy yo
    o el fantasma oxidado de mi nombre en el agua
    quien pronuncia estas palabras huérfanas.

    No me apagues la luz,
    soledad. Buenas noches.

    Juan José Vélez Otero


  • NeguNegu Fray Luis de León XVI
    editado febrero 2011
    Refugio

    Entonces,
    ciega y sorda, me abrazo a la poesía.

    La aprieto contra el pecho,
    la muerdo, la trituro,
    me prendo a sus dos manos,
    hundo en ella mi grito,
    me aniño en su regazo,
    sollozo en sus rodillas,
    y encuentro que me acoge
    piadosa a su ternura,
    se adhiere a mi tristeza,
    me entrega
    gota a gota, su sangre, me amamanta,
    me acuna, me adormece,
    y en sueños,
    poesía madre, le elevo mi plegaria.

    «Sé lecho a mi cansancio,
    sé sombra en este páramo amargo
    en que transito
    volcando ya mis pasos.

    Sé el camino que busco, transvásame
    tu esencia, conviérteme a tu imagen,
    haz de mí, la elevada
    poesía de poesía».

    Y caigo ya sin fuerzas
    de nuevo entre los hombres
    que aplastan mis cenizas,
    en tanto me perdonan
    la culpa
    de ser mártir.

    Matilde Alba Swann



  • NeguNegu Fray Luis de León XVI
    editado febrero 2011
    ISLA

    Si el mar es lazo
    Yo soy isla,
    Gastada por el ansia de vivir
    Yo soy isla

    Tendida en medio del mar,
    Tierras y peñas ya,
    Destinada a ser espuma
    ¡Arrastrada a lo lejos por las olas!

    Si el mar es lazo
    Yo soy isla,
    Gastada por el ansia de resistir,
    Yo soy isla

    Cadáver en alta mar,
    Eco de gigantescas tempestades
    Así como cáliz de dolor
    ¿Quién encenderá el faro y desde dónde?

    Si el mar es lazo
    Yo soy isla,
    Gastada por el ansia de capitular
    Yo soy isla.

    Miren Agur Meabe


  • NeguNegu Fray Luis de León XVI
    editado febrero 2011

    La lluvia en el insomnio

    Llueves, la noche, llueves reclamando
    mi atención, la mirada,
    mi entrega a tu constante, entrañada,
    pasión.
    Llueves y llueves, lluvia de la noche,
    lluvia que te proclamas vencedora
    de la estrella más alta,
    que pregonas, abates el silencio,
    repitiendo tu nombre y tu destino
    de palabra insaciable.
    Llueves y llueves más,
    cuelgas tus hilos
    de un cielo recobrado
    en tu sombra y acento.
    Llueve tu acompasado ritmo sobre el tejado,
    el árbol,
    por las ramas,
    la tierra,
    en la carne,
    en la ausencia.
    Iluminas la noche y la oscureces.
    Hablas y dices tu húmeda pregunta
    al que insomne te espía.
    Pero yo no respondo.
    ¿Qué me tiene
    la frente dolorida, y sin espejos
    donde encontrar el corredor que lleve
    hasta el hondo lugar que se extiende en lo oscuro,
    revelador de un sueño?
    ¿Por qué tu voz no es hoy
    brillante azul,
    liviana,
    alegre, triste,
    desvelada, mía?

    ¿Por qué no es puente, aroma
    trayéndome el asombro de tus manos?

    ¿Por qué me dejas sola, con mis ojos
    ciegos a la verdad que tú le siembras
    a corazón sencillo,
    al hombre que te escucha sintiéndose más tierra,
    más árbol, más deseo,
    más rama, más raíz
    y más humano?
    Déjame de tu nombre la inquietud,
    guardada en el temblor de tu insistencia.
    Que mañana la encuentre,
    cuando el sueño
    haya borrado este desasimiento,
    y amanezca yo en ti,
    ya luz y llama.

    Elena Martín Vivaldi

  • NeguNegu Fray Luis de León XVI
    editado febrero 2011
    Si yo te comentase que la vida es mentira,
    háblame del amor o de tu cuerpo,
    de la noche contigo.

    Y recuérdame luego
    los días que son días porque alguien me ama
    o acaso
    porque tú me prefieres.

    Luis García Montero


  • NeguNegu Fray Luis de León XVI
    editado febrero 2011
    Siete veces te llamé,
    seis no respondiste,
    a la séptima promete
    que me dirás algo.

    Bertolt Brech




  • eledendoeledendo Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2011
    ... Negu, bellos poemas sin duda, bien escogidos; gracias por traerlos, un abrazo; Orión
  • NeguNegu Fray Luis de León XVI
    editado febrero 2011
    Gracias, eledendo. Eres muy amable :)
  • NeguNegu Fray Luis de León XVI
    editado febrero 2011
    La musa

    Cuando en la noche oscura espero su llegada,
    Se me antoja que todo pende de un hilo.
    ¿Qué valen los honores, la libertad incluso,
    cuando ella acude presta y toca el caramillo?
    Mira, ¡ahí viene! Ella se echa a un lado el velo
    Y se me queda mirando larga y fijamente. Yo digo:
    "¿Has sido tú la que le dictó a Dante las páginas sobre el infierno?"
    Y ella responde: "Yo soy aquella."

    Ana Ajmátova



  • pepetopepeto Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2011
    Negu escribió : »
    Si yo te comentase que la vida es mentira,

    Este hombre sí que sabe atraer la atención...

    Les dejo dos de Josefa Parra.
    Buenos días, tristeza

    A veces llega la tristeza. Trae
    las alas suaves de conformidades,
    los ojos bajos y la piel desnuda,
    y parece tan fácil entregarse,
    despojarse, poner bajo sus plantas
    el reino, los poderes y las armas,
    el amor sobre todo, y esos últimos
    retales que nos quedan de alegría.
    A veces gana la tristeza; entonces,
    qué lujo de matices su victoria,
    qué fasto de sus grises y sus pardos
    ocupándolo todo.
    Buenos días,
    -he de decir-, tristeza, aquí me tienes.


    El recuerdo y sus malas jugadas

    El recuerdo me impide dejar atrás tu rostro
    bellísimo, y tu boca donde el mundo se abre
    como un cáliz profano.
    Si la memoria no fuese tan terca,
    yo te habría vencido.
    Pero el recuerdo es áspero enemigo:
    es fuerte como fuerte la desdicha,
    como fuerte el amor. Y aún en mis manos
    la huella de las tuyas se dibuja
    con dulzura tenaz,
    si por unos momentos el vino o la añoranza
    me hacen pensar en ti.
  • NeguNegu Fray Luis de León XVI
    editado febrero 2011
    Exilio
    Expulsados de la selva del sur de Sumatra
    por los hombres que vienen a poblarla, 130
    elefantes emprendieron hoy una larga marcha
    de 35 días hacia la nueva ciudad que les fue
    asignada.
    (AFP. 18/11/82)
    No hay sitio para los elefantes.
    Ayer los expulsaron de la selva en Sumatra,
    mañana alguien les impedirá la entrada al Unión Bar.
    Yo integro esa manada hacia Lebong Hitam,
    yo sigo a la hembra guía,
    cargo con la joroba de todas mis valijas sobre las
    cuatro patas del infierno.
    Llegarán a destino –dijo un diario en Yakarta.
    Los colmillos embisten telarañas de niebla.
    Llegarán a destino,
    viejas empalizadas que sucumben bajo mareas de carne.
    Llegarán -dijo el diario.
    Más la estampida cruza por suelos pantanosos
    y mi patria –la mía- es sólo esta manada de elefantes
    que ha extraviado su rumbo.
    ¡Guarde celosamente la selva impenetrable este ulular
    de bestias!
    Tambores y petardos, acompañan.
    Algo de todo el polvo que levantan, es mío.

    Jorge Boccanera
  • NeguNegu Fray Luis de León XVI
    editado febrero 2011
    Recuerda que tú existes tan sólo en este libro

    Recuerda que tú existes tan sólo en este libro,
    agradece tu vida a mis fantasmas,
    a la pasión que pongo en cada verso
    por recordar el aire que respiras,
    la ropa que te pones y me quitas,
    los taxis en que viajas cada noche,
    sirena y corazón de los taxistas,
    las copas que compartes por los bares
    con las gentes que viven en sus barras.
    Recuerda que yo espero al otro lado
    de los tranvías cuando llegas tarde,
    que, centinela incómodo, el teléfono
    se convierte en un huésped sin noticias,
    que hay un rumor vacío de ascensores
    querellándose solos, convocando
    mientras suben o bajan tu nostalgia.
    Recuerda que mi reino son las dudas
    de esta ciudad con prisa solamente,
    y que la libertad, cisne terrible,
    no es el ave nocturna de los sueños,
    sí la complicidad, su mantenerse
    herida por el sable que nos hace
    sabernos personajes literarios,
    mentiras de verdad, verdades de mentira.

    Recuerda que yo existo porque existe este libro,
    que puedo suicidarnos con romper una página .

    Luis García Montero


  • editado febrero 2011
    Hoy me alegro de mi ignorancia.

    Si me permiten, quisiera agregar un poema bastante conocido, pero que, perdón por la expresión, me ha hecho mierda más de una vez. Benedetti, regreso de un exilio, fin de una dictadura.

    Quiero creer que estoy volviendo


    Vuelvo / quiero creer que estoy volviendo
    con mi peor y mi mejor historia
    conozco este camino de memoria
    pero igual me sorprendo

    hay tanto siempre que no llega nunca
    tanta osadía tanta paz dispersa
    tanta luz que era sombra y viceversa
    y tanta vida trunca

    vuelvo y pido perdón por la tardanza
    se debe a que hice muchos borradores
    me quedan dos o tres viejos rencores
    y sólo una confianza

    reparto mi experiencia a domicilio
    y cada abrazo es una recompensa
    pero me queda / y no siento vergüenza /
    nostalgia del exilio

    en qué momento consiguió la gente
    abrir de nuevo lo que no se olvida
    la madriguera linda que es la vida
    culpable o inocente

    vuelvo y se distribuyen mi jornada
    las manos que recobro y las que dejo
    vuelvo a tener un rostro en el espejo
    y encuentro mi mirada

    propios y ajenos vienen en mi ayuda
    preguntan las preguntas que uno sueña
    cruzo silbando por el santo y seña
    y el puente de la duda

    me fui menos mortal de lo que vengo
    ustedes estuvieron / yo no estuve
    por eso en este cielo hay una nube
    y es todo lo que tengo

    tira y afloja entre lo que se añora
    y el fuego propio y la ceniza ajena
    y el entusiasmo pobre y la condena
    que no nos sirve ahora

    vuelvo de buen talante y buena gana
    se fueron las arrugas de mi ceño
    por fin puedo creer en lo que sueño
    estoy en mi ventana

    nosotros mantuvimos nuestras voces
    ustedes van curando sus heridas
    empiezo a comprender las bienvenidas
    mejor que los adioses

    vuelvo con la esperanza abrumadora
    y los fantasmas que llevé conmigo
    y el arrabal de todos y el amigo
    que estaba y no está ahora

    todos estamos rotos pero enteros
    diezmados por perdones y resabios
    un poco más gastados y más sabios
    más viejos y sinceros

    vuelvo sin duelo y ha llovido tanto
    en mi ausencia en mis calles en mi mundo
    que me pierdo en los nombres y confundo
    la lluvia con el llanto

    vuelvo / quiero creer que estoy volviendo
    con mi peor y mi mejor historia
    conozco este camino de memoria
    pero igual me sorprendo.

  • editado febrero 2011
    Aprovecho para agregar un poema de Alfonsina Storni que falta en esta recopilación. Es uno de sus poemas que más me gusta (aunque tampoco conozco tantos).

    Ahí va... y que conste que no voy a copiar y pegar... creo que robárselo y volver a escribirlo resulta bastante más gratificante.


    Cansancio

    Todos, todos tenemos una hora cobarde,
    una hora de hastío cuando muere la tarde.

    Cuando se va el amigo que nos trae calor,
    el amigo de oro, el Mago Gestador.

    Cuando se juntan todas las impresiones malas
    y el alma es un tejido de finísimas alas.

    Cuando puede decirse: lo que fue no será;
    lo que no hice hoy no lo haré nunca ya.

    Es entonces, cobarde, que me acosa el deseo
    de no ser y ni pienso, ni trabajo, ni creo.

    Es una nulidad completa de mí misma
    que me asusta y me hiere, me subyuga y abisma.

    Es entonces que yo quisiera ser así
    como una cosa nimia, fútil y baladí.

    Un chiche que se lleva guardado en el bolsillo
    una prenda cualquiera, un reloj, un anillo...

    Ser una cosa muerta que la llevan cargada
    y que no sabe nada y que no piensa nada.

    Todos, todos tenemos una hora cobarde,
    una hora de hastío cuando muere la tarde.
  • editado febrero 2011
    Y uno más :o
    A Colón


    ¡Desgraciado Almirante! Tu pobre América,
    tu india virgen y hermosa de sangre cálida,
    la perla de tus sueños, es una histérica
    de convulsivos nervios y frente pálida.

    Un desastroso espirítu posee tu tierra:
    donde la tribu unida blandió sus mazas,
    hoy se enciende entre hermanos perpetua guerra,
    se hieren y destrozan las mismas razas.

    Al ídolo de piedra reemplaza ahora
    el ídolo de carne que se entroniza,
    y cada día alumbra la blanca aurora
    en los campos fraternos sangre y ceniza.

    Desdeñando a los reyes nos dimos leyes
    al son de los cañones y los clarines,
    y hoy al favor siniestro de negros reyes
    fraternizan los Judas con los Caínes.

    Bebiendo la esparcida savia francesa
    con nuestra boca indígena semiespañola,
    día a día cantamos la Marsellesa
    para acabar danzando la Carmañola.

    Las ambiciones pérfidas no tienen diques,
    soñadas libertades yacen deshechas.
    ¡Eso no hicieron nunca nuestros caciques,
    a quienes las montañas daban las flechas!

    Ellos eran soberbios, leales y francos,
    ceñidas las cabezas de raras plumas;
    ¡ojalá hubieran sido los hombres blancos
    como los Atahualpas y Moctezumas!

    Cuando en vientres de América cayó semilla
    de la raza de hierro que fue de España,
    mezcló su fuerza heroica la gran Castilla
    con la fuerza del indio de la montaña.

    ¡Pluguiera a Dios las aguas antes intactas
    no reflejaran nunca las blancas velas;
    ni vieran las estrellas estupefactas
    arribar a la orilla tus carabelas!

    Libre como las águilas, vieran los montes
    pasar los aborígenes por los boscajes,
    persiguiendo los pumas y los bisontes
    con el dardo certero de sus carcajes.

    Que más valiera el jefe rudo y bizarro
    que el soldado que en fango sus glorias finca,
    que ha hecho gemir al zipa bajo su carro
    o temblar las heladas momias del Inca.

    La cruz que nos llevaste padece mengua;
    y tras encanalladas revoluciones,
    la canalla escritora mancha la lengua
    que escribieron Cervantes y Calderones.

    Cristo va por las calles flaco y enclenque,
    Barrabás tiene esclavos y charreteras,
    y en las tierras de Chibcha, Cuzco y Palenque
    han visto engalonadas a las panteras.

    Duelos, espantos, guerras, fiebre constante
    en nuestra senda ha puesto la suerte triste:
    ¡Cristóforo Colombo, pobre Almirante,
    ruega a Dios por el mundo que descubriste!




    Rubén Darío
  • editado febrero 2011
    Lo siguiente es en realidad una canción, por lo que inevitablemente se pierde bastante si no se conoce previamente la música. Su autor, Eduardo Darnauchans, nacido en Tacuarembó (Uruguay), falleció hace unos años.

    Épica


    Andarás por algún lado
    dándole sentido al aire y a las cosas
    justificando la ruta
    de los helicópteros y las palomas.

    Irás como de costumbre
    en un delirio de abedules y palmeras
    restituyendo a la luna
    sus antiguas llanuras su color de estrella.

    Ordenarás tu cabello
    dibujando lágrimas entre las ruinas
    de los silencios del mármol
    despejaste los números de tu sonrisa.

    Amiga de los ciclistas
    de los locos de los osos hormigueros
    de los mozos de los mares
    de los sueños de liquen en los ventisqueros.

    Sin ti no hay canción posible
    ni respira el día sus mejores vientos
    y algo con un algo triste
    se me posa en los sabios y me da el silencio.

    Vas quemándome las dudas
    vienes encendiéndome las esperanzas
    y te duermes en mi cama
    y amaneces despierta
    es tuya la mañana.

  • NeguNegu Fray Luis de León XVI
    editado febrero 2011
    Ialad !!! :)

    Gracias por tus aportaciones y por tu compañía.

    Un abrazo.

    El amor está en lo que tendemos...

    El amor está en lo que tendemos
    (puentes, palabras ).

    El amor está en todo lo que izamos
    (risas, banderas).

    Y en lo que combatimos
    (noche, vacío)
    por verdadero amor.

    El amor está en cuanto levantamos
    (torres, promesas).

    En cuanto recogemos y sembramos
    (hijos, futuro).

    Y en las ruinas de lo que abatimos
    (desposesión, mentira)
    por verdadero amor.

    Jose Angel Valente

  • NeguNegu Fray Luis de León XVI
    editado febrero 2011
    Ialad escribió : »
    Lo siguiente es en realidad una canción, por lo que inevitablemente se pierde bastante si no se conoce previamente la música. Su autor, Eduardo Darnauchans, nacido en Tacuarembó (Uruguay), falleció hace unos años.

    Épica


    Andarás por algún lado
    dándole sentido al aire y a las cosas
    justificando la ruta
    de los helicópteros y las palomas.

    Irás como de costumbre
    en un delirio de abedules y palmeras
    restituyendo a la luna
    sus antiguas llanuras su color de estrella.

    Ordenarás tu cabello
    dibujando lágrimas entre las ruinas
    de los silencios del mármol
    despejaste los números de tu sonrisa.

    Amiga de los ciclistas
    de los locos de los osos hormigueros
    de los mozos de los mares
    de los sueños de liquen en los ventisqueros.

    Sin ti no hay canción posible
    ni respira el día sus mejores vientos
    y algo con un algo triste
    se me posa en los sabios y me da el silencio.

    Vas quemándome las dudas
    vienes encendiéndome las esperanzas
    y te duermes en mi cama
    y amaneces despierta
    es tuya la mañana.


    Es... preciosa :o
  • NeguNegu Fray Luis de León XVI
    editado febrero 2011
    Ialad escribió : »
    Todos, todos tenemos una hora cobarde,
    una hora de hastío cuando muere la tarde.

    Touchée :o

    Un abrazo.
  • editado febrero 2011
    Hoy sigue alegrándome mi ignorancia. Es una sensación muy agradable perderse por aquí y toparse con muy buenos poemas de autores conocidos y, sobre todo, desconocidos... Muchas veces me dejan con ganas de más y me llevan a recurrir a lápiz y papel (no tengo buena memoria) para registrar sus nombres. :D

    Muchas gracias Negu por la bienvenida y por todo lo que has compartido, y el mismo agradecimiento para todos los que han participado aquí.

    No quiero abusar, pero creo que voy a agregar algunos más. :o

    Saludos
  • NeguNegu Fray Luis de León XVI
    editado febrero 2011
    Ialad escribió : »
    No quiero abusar, pero creo que voy a agregar algunos más. :o

    Abusa, por favor :)

    VISITA

    La heroína es tan dulce como hacer el amor,
    decía ella en otro tiempo.

    Los médicos dicen que no ha ido a peor,
    día va día viene, y que nos lo tomemos con calma.
    Pero hace ya un mes que no ha vuelto a despertar,
    desde la última operación.

    Sin embargo seguimos visitándola todos los días
    en el sexto box de la unidad de cuidados intensivos.
    Al entrar, el enfermo de la cama de enfrente lloraba,
    no ha venido nadie a visitarme, le decía a la enfermera.

    Hace ya un mes que no oímos la voz de mi hermana.
    No veo como antes toda la vida por delante,
    nos decía,
    no quiero promesas, no quiero disculpas,
    tan sólo un gesto de amor.

    Ahora sólo le hablamos mi madre y yo.
    Mi hermano, antes, no decía gran cosa;
    ahora ni siquiera aparece.
    Mi padre se queda en la puerta, callado.

    No duermo por las noches, nos decía mi hermana,
    tengo miedo a dormirme, miedo a las pesadillas.
    Las agujas me hacen daño y tengo frío,
    el suero me enfría las venas.

    Si pudiera huir de este cuerpo podrido.

    Mientras tanto cógeme la mano, decía,
    no quiero promesas, no quiero disculpas,
    tan sólo un gesto de amor.

    Kirmen Uribe
  • editado febrero 2011
    "VISITA"... qué crudo, ¿no? :S

    Hay un poema que me gusta pero no da para agregar debido a su extensión. Me refiero al prefacio de Altazor, del chileno Vicente Huidobro.

    Quisiera agregar, en cambio, un poema en prosa -aunque extenso, bastante más breve que el anterior- de Alfredo Zitarrosa (lo dividiré en dos partes pues de otro modo no me deja ingresarlo). Ojalá guste a quien no lo conozca.


    Guitarra negra


    I

    Cómo haré para tomarte en mis adentros, guitarra... Cómo haré para que sientas mi torpe amor, mis ganas de sonarte entera y mía. . . Cómo se toca tu carne de aire, tu oloroso tacto, tu corazón sin hambre, tu silencio en el puente, tu cuerda quinta, tu bordón macho y oscuro, tus parientes cantores, tus tres almas, conversadoras como niñas... Cómo se puede amarte sin dolor, sin apuro, sin testigos, sin manos que te ofendan... Cómo traspasarte mis hombres y mujeres blen queridos, guitarra; mis amores ajenos, mi certeza de amarte como pocos... Cómo entregarte todos esos nombres y esa sangre, sin inundar tu corazón de sombras, de temblores y muerte, de ceniza, de soledad y rabia, de silencio, de lágrimas idiotas...

    Hoy anduvo la muerte buscando entre mis libros alguna cosa... Hoy por la tarde anduvo, entre papeles, averiguando cómo he sido, cómo ha sido mi vida, cuánto tiempo perdí, cómo escribía cuando había verduleros que venían de las quintas, cuando tenía dos novias, un lindo jopo, dos pares de zapatos, cuando no había televisión, ese mundo a los pies, violento, imbécil, abrumador, esa novela canallesca escrita por un loco... Hoy anduvo la muerte entre mis libros buscando mi pasado, buscando los veranos del 40, los muchachitos bajo la manguera, las siestas clandestinas, los plátanos del barrio, asesinados, tallados en el alma... Hoy anduvo la muerte revisando mi abono del tranvía mis amigos, sus nombres, las noches de café Montevideo, las encomiendas por la Onda con olor a estofado, revisando a mi padre, su Berreta, su Baldomir, revisando a mi madre, su hemiplejia, al Uruguay batllista, a Aristides querido, a mis anarcos queridos bajo bandera, bajo mortaja, bajo vinos y versos interminables... Hoy anduvo la muerte revisando los ruidos del teléfono, distintos bajo los dedos índices, las fotos, el termómetro, los muertos y los vivos, los pálidos fantasmas que me habitan, sus pies y manos múltiples, sus ojos y sus dientes, bajo sospecha de subversión... Y no halló nada... No pudo hallar a Batlle, ni a mi padre ni a mi madre, ni a Marx, ni a Aristides, ni a Lenin, ni al Principe Kropotkin, ni al Uruguay ni a nadie. Ni a los muertos Fernández más recientes... A mi tampoco me encontró... Yo había tomado un ómnibus al Cerro e iba sentado al lado de la vida... Pasé frente al Nocturno y la vida había pintado unos carteles... Pregunté en una esquina por la hora, y en la bolsa del hombre que me dijo la hora iba la vida, junto con su almuerzo... Hoy dejaré las puertas y las ventanas de mi casa, abiertas... Y la noche entrará por todas las ventanas de mi casa, por todas las ventanas de todo el barrio, por todas las ventanas de todos los cuarteles y de todas las cárceles, por todas las ventanas de los hospitales... La noche entrará, cabeceando, saltará para adentro, sombra a sombra a la luz del farol... Y se echará en el piso como un perro... Y aguardará hasta la madrugada... Hoy... Dejaré las puertas y las ventanas de mi casa, abiertas, para siempre...

    ... Mi corazón está mejor sitiado que mi casa... Mi casa, más cercada que mi barrio... Mi barrio, cercado por mi pueblo... En mi barrio vive el Presidente, cercado por un muro casi derrumbado...
    Temblando, con el frontal partido con el marrón, por el marronero, cae sobre sus costillas, pesada como un mundo, la res... Cae con estrépito, de bruces sobre el cemento... Balando al descuajarse su osamenta, ya sólo un pobre costillar enorme, ya sólo un pobre cuero y sangre, media tonelada de huesos astillados, hincados en toda esa vida temblorosa y atónita. . . Ahí se va alzando, como un pesado pingajo, atrapada por la pata por un gancho que le salta arriba, que la alza por un ojal abierto en el garrón de un cuchillazo en plena estupidez sentimental, en plena media tonelada de monstruoso dolor, incomprensible, absurdo, balando, plañidera y tonta, como un escarabajo que no piensa, mientras medita lentamente por qué duele tanto y por qué duele qué parte de quién que es ella misma, la res, abierta al descuartizamiento atroz por todas partes, que nunca habían dolido y que eran tantas partes, tan extensas. . . Y que pastando nunca había dolido... Haciendo leche, esperma, músculos, crin y cuero y cornamenta viva, que eran la vida misma manando hacia sus adentros, vibrando tiernamente como un sol cálido hacia sus adentros... Y nunca habían dolido... Ya está colgada... Las patas delanteras se enderezan, se endurecen y avanzan hacia adelante y hacia arriba, implorantes y fatalmente rígidas, rematadas en cortas pezuñas que hace un instante amasaban el barro del corral, el estiércol de otros cien balidos, Dinosaurios del siglo de las máquinas, nacidos para morir de un marronazo... Ahora ya es carne azul colgada en la heladera: "Uruguay for export"... Aquella res, que murió de un marronazo, cayó y tembló todo el frigorífico... Aquella otra res que recibió el marronazo en plena frente, de dos dedos de espesor, mientras entraba al tubo desconfiando porque allí no habia pasto, alcanzó a comprender que había otra res delante, balando, que ya se la llevaba el gancho... Y cayó detrás, también, y el cemento tembló bajo esos huesos... Aquella otra res, que esquvó el marronazo y que cayó también, con un ojo reventado y una guampa partida, deshecha también cayó y tembló la tierra, tembló el marrón, tembló el marronero; la res, murió temblando de dolor y de miedo... De un marronazo en plena frente "for export" del Uruguay...
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