En los últimos años se han producido dos fenómenos mundiales, claramente identificados estadísticamente y que afectan a los países industrializados, tanto a la gente adulta como a jóvenes y niños:
Una Epidemia de Gordura y una Epidemia de Cáncer
Son dos fenómenos que parecen independientes, pero que, como veremos, guardan una real relación.
Nuestros genes se desarrollaron hace cientos de miles de años cuando el hombre era cazador y recolector, éstos adaptaron nuestro cuerpo a un tipo de alimentación. Pero ¿cómo era esta alimentación? Se basaba en gran cantidad de verduras y de frutas, carne de vez en cuando o bien huevos de animales silvestres, régimen que aportaba un equilibrio perfecto de ácidos grasos esenciales (Omega-3 y Omega-6) y muy poca azúcar (miel), además de no incluir harinas. Esté régimen se mantuvo hasta épocas recientes.
A partir de los años 40, nuestras calorías proceden de tres fuentes que no existían cuando nuestros genes se formaron:
• Azucares refinados
• Harinas blancas.
• Aceites vegetales y grasas hidrogenadas.
Estas tres fuentes de alimentación carecen de las proteínas, vitaminas, minerales y ácidos grasos Omega-3 que requiere nuestro organismo para su buen funcionamiento.
Además, sabemos que el alimento natural de las vacas es la hierba rica en ácidos grasos Omega-3, los que después se concentran en la carne, leche y sus derivados (lo mismo pasa con las gallinas y sus huevos). Pero, a partir de los años 50, los altos requerimientos de productos lácteos y de carne hicieron que las vacas pasaran a las ganaderías por batería, en donde la alimentación está basada en soya, maíz y trigo, los cuales no contienen Omega-3. La proporción entre Omega-6 y Omega-3 pasó de 1 / 1, a un desequilibrio de 15 / 1 y hasta de 40 / 1 lo que desencadena una serie de trastornos.
Nuestro equilibrio fisiológico depende en gran medida del equilibrio entre Omega-3 y Omega-6 de nuestro cuerpo y este equilibrio es lo que más ha cambiado desde los años 50.
Los Omega-6
• Favorecen la acumulación de grasas y la rigidez de células.
• Estimula la coagulación e inflamación como respuesta a agresiones del exterior.
• Genera la producción de células grasas desde el nacimiento.
Los Omega-3
• Tienen que ver con el desarrollo del sistema nervioso.
• Hacen que las membranas celulares sean más flexibles (fluidificación de la sangre).
• Reducen la inflamación.
• Disminuyen la acumulación de células adiposas.
Se ha comprobado que un exceso de Omega-6 en la alimentación, propicia tanto el crecimiento de células grasas (acumulación de toxinas y células cancerosas), como la inflamación que facilita la expansión del cáncer. Este cambio en la naturaleza de la carne y sobretodo en la leche y huevos, ha significado un incremento de la obesidad y el cáncer a partir de los años 50. La gente reduce la cantidad de grasas e incluso la cantidad total de calorías ingeridas, pero la obesidad no ha dejado de aumentar en forma vertiginosa.
Aquí la
Paradoja de la Gordura y Cáncer:
El problema no es por exceso, sino por defecto. Es decir que la gordura y el cáncer no se producen por comer algo, sino, porque nos hace falta comer algo. ¿Qué?:
Alimentos ricos en Omega-3 para contrarrestar el desequilibrio indicado previamente.
Debemos tratar de consumir carne, leche y sus derivados, provenientes de vacas alimentadas orgánicamente de pastos ó a las que se les ha agregado a su alimentación un porcentaje de linaza (15%) que es rica en Omega-3. También podemos agregar a nuestra alimentación, alimentos ricos en Omega-3. Debemos evitar la margarina, grasas trans y aceites como el girasol con 70 veces más Omega-6 que Omega-3, aceite de soya (7 veces más) y aceite de colza (3 veces más). Usar aceite de oliva, de canola o de linaza.
Recomendación para obtener Omega-3:
• Moler las semillas de linaza y agregar diariamente una cucharadita o dos, en un vaso con leche de soya, yogurt de soya o cereales del desayuno. También en sopas, frutas y jugos.
• Preparar comida sin aceite o usar aceite de oliva, canola o linaza.
Veamos el caso del azúcar y las harinas blancas: Cuando nuestros genes se formaron, el consumo de azúcar promedio era de 2 Kg/persona-año, proveniente de la miel natural. En el año 1830 el consumo era de 5 Kg/persona-año y …. En el año 2000 el consumo llegó a ¡¡ 70 kg/persona-año !! Con las harinas sucede algo similar. Nuestro cuerpo no está adaptado para niveles de glucosa tan elevados como los actuales.
El metabolismo de los tumores malignos depende en gran medida del consumo de glucosa que es la forma que adopta el azúcar y harina, dentro del cuerpo. Incluso la TEP (Tomografía por Emisión de Positrones), mide las áreas del cuerpo que más glucosa consumen, para detectar el cáncer.
Recomendación para los Azúcares: Se debe evitar el consumo de azúcar. Tomar café, té o leche sin azúcar. No hay límites para las frutas, siempre que no se endulcen con azúcar. Lo aberrante es que hay gente que no puede tomar agua, tiene que tomar gaseosa, o algo azucarado.
Una pregunta adicional: El desbalance entre 2 y 70 Kg/persona-año ¿no será lo que produce tantos casos de diabetes en la actualidad?
Recomendación con las harinas: Consumir pan multicereal (avena, centeno, semillas de lino) con bajo índice glucémico y no de trigo (incluido el pan integral de trigo). Evitar el arroz blanco y sustituirlo por el arroz integral. Es mucho mejor tomar legumbres y verduras porque poseen índices glucémicos bajos y además proveen sustancias fitoquímicas que luchan contra el crecimiento del cáncer.
Basado en la obra del Dr. David Servan-Schreiber, denominada “ANTICANCER: Una nueva forma de vida” (©Espasa Calpe, S.A. 2008)