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Cuando las heridas del pasado sanan, se libera esa energía que se consumía en luchar contra ese pasado. Pero qué sucede entonces con los altibajos de la vida cotidiana, pues el mismo hecho de enfrentar el cáncer produce cambios en nuestra fisiología. Evitar a toda costa el estrés sería imposible, pero lo que podemos hacer es liberar tensiones en forma continua.
Debemos aprender a trabajar directamente sobre el equilibro. En los últimos 5,000 años, todos los grandes médicos y las tradiciones espirituales de Oriente (yoga, meditación, tai chi, etc.), enseñan que es posible retomar las riendas de nuestro interior y del funcionamiento de nuestro cuerpo. El primer paso en cualquier proceso de dominio de la fisiología consiste en aprender a focalizar nuestra atención y dirigirla hacia el interior. Esto se puede conseguir simplemente concentrando nuestra mente y dirigiendo la atención a nuestra respiración. Gracias a un buen número de estudios, hoy en día se sabe que lograr este domino, es una de las mejores formas de reducir el impacto del estrés. También, es una de las mejores formas de restablecer la armonía en la fisiología de una persona, y por tanto, de estimular las defensas naturales del cuerpo.
La práctica puede ser la siguiente: Empezamos sentándonos cómodamente, con la espalda recta, para dejar que circule libremente el flujo de aire que se desliza a través de los orificios de la nariz hacia la garganta, bronquios y finalmente pulmones, antes de iniciar el recorrido inverso. Bastan dos respiraciones lentas y profundas para empezar a relajarnos. Nos invadirá una sensación e confort, de ligereza y bienestar en el pecho y hombros. Al repetir este ejercicio aprenderemos a dejar que la respiración se guíe por nuestra atención y que nuestra atención se concentre en la respiración. Mientras nos relajamos, podemos sentir que nuestra mente es como una hoja que flota en una superficie de agua, subiendo y bajando con el movimiento de las olas. Nuestra atención acompaña la sensación de cada inspiración y la larga espiración del aire que sale de nuestro cuerpo, con suavidad, lentitud y gracia, hasta el final del recorrido, hasta que ya no quede más que un pequeño soplo de aire, apenas perceptible. Luego viene una pausa. Aprendemos a penetrar en esa pausa cada vez más profundamente. Es entonces cuando nos sentimos más cerca de nuestro cuerpo. Con un poco más de práctica podemos sentir como late nuestro corazón, actuando de sostén de la vida, como viene haciéndolo incansablemente desde hace tantos años atrás. Después, al final de esta pausa, notamos como se enciende una pequeña chispa y comienza un nuevo ciclo de respiración. Lo que sentimos es la chispa vital, que siempre está dentro de nosotros y que, a través de este proceso de atención y relajación, podemos descubrir por primera vez.
La parte esencial de este “acto radical de amor” consiste en hacer lo que haríamos por un niño que necesita toda nuestra atención: reconocer la importancia de estos otros pensamientos, prometerle pacientemente que le prestaremos atención cuando llegue el momento, apartarlo suavemente a un lado y regresar con la persona que realmente nos necesita en el presente, es decir, nosotros mismos.
Esta es una práctica de muchas otras que puedan haber, lo más importante no es la técnica en particular, sino renovar el contacto cada día, con sinceridad, benevolencia y calma, con la fuerza vital que vibra constantemente dentro de nuestro cuerpo. A esto le podemos agregar la lectura de textos relacionados y el trabajo humanitario practicado con la consciencia del momento presente. De esta forma se podrá entrar en el mismo estado de coherencia interior que favorece la integración y el funcionamiento armonioso de todos los ritmos biológicos del organismo.
Basado en la obra del Dr. David Servan-Schreiber, denominada “ANTICANCER: Una nueva forma de vida” (©Espasa Calpe, S.A. 2008)
Comentarios
Eso de unirse a la energía vital suena bastante bien, pero supongo que será para gente con cierto nivel, no para seres gusanoides. Las ratas no pueden conectarse con la energía vital. Son ratas y han de ser eliminadas. Yo soy una rata. Y solo encontraré la paz con un matarratas.
¡Maten a la rata! ¡Aplasten a la rata!
Si no me siento ni digno de respirar, como voy a ponerme a respirar. No puedo robar el aire a la gente que tiene mucho más derecho a respirar que yo.
Pero supongo que esos metodos de meditación y las demás cosas que propone David Servan pueden ser útiles. Meditar no es bueno para todo el mundo. Yo me obsesiono y me observo a mi mismo. Cuando intenté meditar, iba al corte ingles y compraba libros de autoayuda. Trataba de meditar, de relajarme, pero me ponía más nervioso aún. Así que acabé rompiendo el libro.
Luego al día siguiente iba a comprarlo otra vez. Así pasaba el tiempo, sin atreverme a ir al instituto. Comprando libros de autoayuda y rompiendolos, inmerso en el ciclo de inspirar, espirar. Inspira, manda el libro a la mierda. Espira, vuelve a ir a comprarlo.
Pero las ideas de David Servan dudo que encajen en el sistema psiquiátrico, dónde básicamente se basa en encerrar al loco y ponerle una pastilla en la boca. Que el loco se resiste, pues otra pastilla. Si un loco se resiste, es porque está loco sin duda. Y si el loco no se resiste, pues también lo empastillan. Pues si el loco no se resiste, es que algo sospechoso pasa.
Mi hermano se empeñó en querer ir al hospital, cada vez que tenía una crisis, allí estaba. Al final se cansaron. Además, una noche uno de los locos que estaba ingresado con él hizo sus necesidades encima de mi hermano. Y ya no volvio.
Frente al sistema psiquiátrico, las ideas de Servan son sin duda revolucionarias. A mi me gusta lo de despertarse con el amanecer, en lugar de luz artificial.
Salajo, este post que has escrito me incita casi a volver a meditar, a tratar de sentir la respiración e intentar conectarme con la fuerza vital antes del fin inevitable. Beso casi con mueca obscena el suelo que pisas mientras me dejo llenar por el aire viciado de mi estudio.