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Laberinto urbano

AzothAzoth Pedro Abad s.XII
editado agosto 2009 en Negra
Laberinto urbano

Inoportunos
Ese día… ese día dos personas iban a entrar en un laberinto del que nadie escapa, donde solo sin vida se puede ser libre…

Una noche oscura y un callejón sin salida, era el perfecto escenario para cualquier criminal. Los dos jóvenes no lo vieron venir, ambos estaban dentro de la telaraña, cual pareja que desea su momento de intimidad.
Él, un joven de procedencia humilde y una melena negra bien cuidada; ella, una chica adinerada con unos ojos verdes que no dejan indiferente a nadie.
Justo dentro de la boca del lobo, pronto dejarían de estar solos, pues un par de extraños interrumpieron en el callejón, un par de gamberros sin escrúpulos, hijos de un famoso capo de la mafia. Éstos eran René y Roger, los hermanos Dómine.
Ambos se acercaban lentamente, lanzando los cubos de basura que se les interponían solo por llamar la atención de la pareja y así provocarles miedo. Los dos jóvenes se percataron de la presencia de aquellos dos desconocidos y se adentraron aún mas en el oscuro callejón.
-¿A dónde vais? ¿Venimos a haceros compañía y nos rechazáis?-Decía Roger, uno de los hermanos, con voz burlona.
-Cierto hermanito.-Le siguió René.- ¿Y sabes que es lo que mas me fastidia?
-No, René, ¿qué es lo que mas te fastidia?
-Lo que mas me fastidia es que nos tienen miedo ¿acaso les hemos hecho algo?
-No hermanito, no les hemos hecho nada, nada en absoluto.- Su jueguecito no hizo mas que empezar.

Roger sacó una navaja y se la enseñó al chico.
-¿Ves esto? Es una navaja, y si te mueves, te enseñaré como se hace daño con ella.-Le decía mientras se colocaba a su espalda y le colocaba la navaja por delante del cuello.
René se acercó a la chica y empezó a bajarle los pantalones.
-Vamos jovencita, esto es solo para enseñarte modales.-Le hablaba René consiguiendo su propósito.
-No… por favor… no lo hagas… por favor.-La chica le susurraba en llantos, estaba aterrada, el pánico la invadió y apenas podía defenderse.
-¡Qué haces hijo de puta! ¡Como la toques…!-El chico solo podía amenazarles, y de poco serviría.
-¿Qué? ¿Qué vas ha hacer? Adelante, dilo.-Se le encaró Roger, apretando su navaja cada vez mas al cuello, dejando salir unas gotas de sangre.
El joven no tuvo otra opción que morderse la lengua y observar como iban a violar a su novia.
René abofeteó a la chica solo para excitarse más y empezó a bajarle las bragas.
-Vaya, ¿Qué es esto? Si va depilada, ¿has visto hermano?
-Siii, recuerda que yo también quiero divertirme.
-Claro hermano, todos nos divertiremos.-Los Dómine estaban burlándose de la pareja constantemente.

La chica intentó quitarse de encima a su agresor, pero éste le propinó un fuerte puñetazo en la barriga.
-¡Aaaaaahh! La joven se arrodilló, el dolor no la permitía levantarse.
-¡Cierra la boca, puta!-René la levantó a la fuerza y se bajó los pantalones, dejando al descubierto su pene.
-Oh, Dios mío…-Las lágrimas de la muchacha ensuciaban su bello rostro, aun no se creía lo que le estaba ocurriendo.
-Contra la pared… ¡Vamos! ¡Contra la pared!-Después de repetírselo varias veces, René optó por colocarla a la fuerza.
Se cogió el pene con la mano derecha y lo introdujo en el ano de la chica con bastante fuerza, mientras con la otra mano la agarraba la cabeza, presionándola contra la pared.
Los gritos aterradores de ella fortalecían la sonrisa de René.
-¿Te gusta zorra?-René tenía que hablar para sentirse aun mas a gusto.-Esto no lo vas a olvidar en la vida.
-¡Ey! Hermanito, ya va siendo hora de dejarme participar a mí un ratito.-Roger empujó al chico contra la pared y le hincó la navaja en el costado, muy lentamente.-Lo siento chaval, no es nada personal.
René sacó su pene ensangrentado por el desgarrado ano de la joven y su hermano ocupó su lugar. Éste siguió el mismo procedimiento a la vez que la apuñalaba por la espalda.
-¿Qué haces Roger?-Le pregunta su hermano, intentando entender esa actuación.
-Si esta muerta no podrá hablar.-Le explicaba mientras la violaba.-En fin, esto ya está, vámonos, que se queden aquí desangrándose.
-No, aun no.-Dice René.-Clávasela a los dos un par de veces más… solo por si acaso.

Roger así lo hizo, y después de dejar abandonada a la pareja en una esquina del callejón, éstos desaparecieron de la escena.

Comentarios

  • AzothAzoth Pedro Abad s.XII
    editado agosto 2009
    Ambición
    El mundo, tal como lo conocemos, no es más que una sucesión de historias de personas desconocidas entre sí, controladas por la limitación de la libertad, eso que llamamos ley. El hombre siempre ha deseado poder, y cuanto mas poder se obtiene, mas poder se desea. Los peones siempre son observados por la ley, y ésta es manipulada por la mafia… el máximo exponente. Encabezando la lista se encuentra Patric Dómine, el gran capo.

    Patric lo domina todo, desde multinacionales, hasta los altos cargos del gobierno. ¿Y ahora dónde se encuentra el gran capo? Dentro del despacho mas grande que cualquiera pudiese soñar, en lo mas alto de un rascacielos en el centro de la ciudad.
    Con un puro en la mano y una copa de coñac en la otra, se detiene frente su inmensa ventana, observando las calles, “llenas de grandes perdedores de la vida”, piensa él. Unos golpes en la puerta interrumpen su gloriosa pose.
    -Adelante, pase.-Dedica unas palabras innecesarias Patric, dirigiéndose a su formidable silla.
    La puerta se abre y entran sus dos hijos, Roger y René.
    -Vaya, mirad que tenemos aquí, si son mis queridos hijos.-Dijo Patric con tono sarcástico.-¿Pero que cojones es lo que os pasa?-Coge el periódico semanal de su mesa y se lo tira a sus hijos.-Robo a mano armada, dos agentes del orden heridos y un accidente de tráfico provocado en vuestra huida a ocasionado tres muertes.
    -Lo s-siento papa.-Intenta disculparse René con bastante vergüenza, está ante su padre, la única persona a la que temen los hermanos.
    -Hace aproximadamente cinco años que os saqué de ese mundo, os salvé de estar correteando por los suburbios, de estar viviendo como ratas callejeras, ¿y así es como me lo agradecéis?
    -No… no volverá a ocurrir.-Abre la boca Roger, atemorizado.
    -¡Ya lo creo que no volverá a ocurrir! Porque si vuelve a pasar me encargaré personalmente de vosotros dos.
    Creyendo que el pequeño sermón de su padre había concluido, los dos hijos deciden marcharse.
    -¿A dónde creéis que vais?-Les reclama el padre.-Tenéis un trabajito que realizar.
    Los hermanos vuelven a darse media vuelta y ponen total atención al gran capo.
    -Roger, tú iras con Tom a la casa de juegos de Charlie, aún no me ha pagado lo suyo. René, tú iras con John a la pastelería, la señorita Jessica me debe un “favor”, ya entiendes lo que quiero decir.
    Los hermanos emprenden sus caminos.

    Roger llega a la casa de juegos, acompañado de Tom. Los dos entran por la puerta trasera, llegando a la sala donde se mueve de verdad el negocio. Allí ya les estaba esperando Charlie, el dueño. Charlie se encuentra sentado en una silla de madera en mal estado, con dos sillas mas, preparadas para la esperada visita, y en el centro una mesa redonda cargada de bebidas alcohólicas, algunas de ellas casi vacías.
    Una vez dentro, Charlie les ofrece sentarse, pero Roger y su acompañante rechazan la oferta.
    -Lo siento Charlie.-Dice Tom.-Pero nuestra estancia aquí será corta, haremos a lo que hemos venido, y nos largaremos.
    -No seas tan rígido.-Le sugiere Roger.-No va a pasar nada por beber un poco.
    El hijo de Patric se acomoda en una de las sillas, coge un vaso y se prepara un martini.
    -¿Tienes la pasta?-le pregunta Tom a Charlie.
    -¿Cómo que si tengo la pasta? ¿Me tomas el pelo?
    Roger saca su pistola y apunta a Charlie.
    -¿Qué cojones estás diciendo? Tom te ha hecho una pregunta, contéstala.-dice Roger irritado.
    -¡Ey ey, tranquilo! Tu hermano René ya vino la semana pasada a pillar mi dinero.
    Tom mira a Roger, y éste se levanta alterado:
    -¿Es que vas a creer a esta pedazo de mierda?
    -No se Roger, conociendo a tu hermano… Quizá Charlie lleve razón.
    Roger baja la mirada y deposita sus manos sobre la mesa, después de estar un tiempo aparentemente meditando se encamina a Charlie, cogiéndolo de la camisa y presionando el cañón de la pistola sobre la sien de éste.
    -¡Si mientes te vuelo la tapa de los sesos! ¿Lo captas marica?
    Charlie cierra los ojos con fuerza y asiente con la cabeza, empieza a temer por su vida y no quiere decir nada inapropiado.
    -Anda, vámonos, ya no tenemos nada que hacer aquí.-Tom lleva la delantera para marcharse.
    Roger se aparta y se va junto con Tom, y justo cuando va a cruzar la puerta, se da media vuelta y acribilla a Charlie.
    -¿Pero que mierda haces?-Le grita Tom.
    -A la mierda.-Eso es lo único que sale de los labios de Roger.

    Una vez de vuelta al edificio donde trabaja Patric Dómine, Roger toca a la puerta del despacho de su padre, y ésta se abre con el primer golpe. El hijo, extrañado, entra y para su sorpresa se encuentra a René sentado en la cómoda silla del gran capo.
    -¿Qué haces aquí? ¿Y dónde está nuestro padre?-Pregunta Roger con cautela, empieza a sospechar de su hermano.
    -¿Sabes que papá nos está ocultando algo?-Le dice René con una sonrisa en la boca.-Está intentando vendernos a todos.
    -¿Qué quieres decir?-Roger sabe que le ha cambiado de tema, pero está decidido a seguirle la corriente, a la vez que se acerca cautelosamente a su hermano.
    -¡El gran Patric Dómine!-Dice René echando el respaldo de la silla hacia atrás y levantando los brazos como signo de grandeza.-¡El gran capo de la mafia, el dueño de esta ciudad!... nos traiciona. A sus hombres de confianza, a todos… incluso a nosotros.
    -¿Cómo puedes decir eso?-Roger se detiene, ya no sabe que pensar.
    -Me he enterado, tengo mis propias fuentes de información. Si dejamos que nuestro padre hable con los federales, todos nos pudriremos en prisión.
    “No, espera. Probablemente quiera ascender en la familia, querrá ser el mandamás” piensa Roger.
    -¿Por qué debería creerte? Y… ¿Fuiste tú quien recaudó el dinero de la casa de juegos de Charlie la semana pasada?-Roger decide ahora alejarse de su hermano.
    -¿De qué me estás hablando?-René se levanta y golpea la mesa de su padre bruscamente.
    -¿Acaso estás robando a la familia? … ¿Sabes qué? Creo que eres tú quién nos quiere traicionar a todos, y pienso que quieres ponerme en contra de nuestro padre para poder derrocarlo.-Roger le deja las cosas bien claras.
    -No se de que me estás hablando.-René se pone serio y empieza a dirigirse a la salida.-No digas tonterías, ni siquiera me he acercado a esa estúpida sala de juegos. Será mejor que me vaya, no quiero que el gran capo nos vea aquí.
    Al salir René, los hombros de ambos chocaron con fuerza, en un intento de intimidarse mutuamente.

    Tres días después, Roger es mandado al despacho de Patric…
    Al entrar el hijo, se encuentra con que el padre está sentado en su silla, pero dándole la espalda, Patric estaba observando desde su ventana, con su puro y su coñac, y empieza ha hablar a su hijo.
    -Mmmm, Roger, Roger, Roger. ¿Qué voy a hacer contigo?
    -No se de que m…
    -¡Silencio cuando hablo!-El padre se muestra firme.-Cuando volví hace tres días de mi viaje, me fijé que en el primer cajón de mi mesa faltaba el reloj de tu difunta madre.-Roger ya se trama de que va la cosa.- ¿Sabes? Podrías estar caminando junto con esos vagabundos que hay en las calles, junto a los perdedores que las habitan, y sin embargo te encuentras aquí, con una vida llena de lujos. ¿Te acuerdas cuando aún pululabas entre los callejones? ¿Te acuerdas cuando os rescaté de esa mala costumbre a ti y a tu hermano?
    -Si.
    Patric se levanta y coge un cortapuros.
    -Extiende el brazo hijo.
    -¡No papa, por favor, yo no he sido!
    -¡He dicho que extiendas el brazo!
    El hijo asustado, así lo hace. Patric se pone el puro en la boca y agarra la mano del brazo extendido de su hijo, y con el cortapuros le deja sin su meñique.
    -¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhh!-Nada mas puede salir de su boca.
    Roger se va a su habitación, abre su mueble bar y coge una botella de whiskey que utiliza para echárselo a la herida. Muerde la almohada para silenciar su dolor y luego se venda la mano. Como decide que aguantar el dolor es casi imposible, comienza a beberse todo el alcohol que pilla, y así podría resumir el día de hoy Roger. “René”, piensa él, “hijo de puta” “no te saldrás con la tuya” “bonita estrategia la del reloj” “así que si no me uno a ti, me quitas del medio” “¿Eso es lo que piensas?” “¿Piensas matarme a mi primero?” “¿Crees que vas a salirte con la tuya?”
  • AzothAzoth Pedro Abad s.XII
    editado agosto 2009
    Amor y odio
    Todo lo que tiene un principio, tiene un final, y lo hermanos Dómine lo sabían, pondrían fin a esto, a esta discordia que solo podía acabar en tragedia; pero… no del modo en que creían. Las historias de mafiosos nunca acaban comiendo perdices ni siendo felices, ellos las terminan empuñando sus armas.

    Roger estaba en uno de los pasillos de la quinta planta del edificio donde trabajaba Patric Dómine. Ese momento desafortunado, donde se encontró con su hermano, un hermano al que hacía días no veía, un hermano en el que ya no podía confiar. Cada uno en una punta del pasillo, según se acercaban sus miradas, mas hostiles se volvían.
    A pocos metros de distancia, la cara de René le delataba.
    -Tú.-Le dijo Roger.-¿No harás lo que pienso que vas a hacer?
    René le agarró de los hombros, le lanzó salvajemente contra el suelo y se fue corriendo al despacho de su padre.
    -¡No! ¡Hijo de perra!-Roger tardó un poco en levantarse, y empezó a seguir a su hermano.
    Sabía que René iba a asesinar a su padre… se quedaría con el poder, y él sería el siguiente. No debía permitirlo, pero… ¿llegaría a tiempo?

    En la última planta. Roger echó la puerta del despacho de Patric abajo… tarde. La imagen que allí presenció… fue la de su hermano en el centro de la sala empuñando una pistola, y Patric sentado en su silla muerto, agujereado por todas partes, empapado de sangre por todo el cuerpo.
    -¡Noooooooo!-Gritó Roger, y sin preguntar, sin hablar y sin pensárselo, sacó su revolver y acribilló a su hermano con sangre fría.
    Usó todas las balas, apretó el gatillo hasta que un “click” sonó. El cuerpo de René cayó al suelo casi instantáneamente. “Todo a acabado” “Al fin terminó esto”… los pensamientos optimistas de Roger. Se apoyó en la pared, estaba agotado y sus piernas temblaban. Consiguió poner fin a la locura de su hermano, y la muerte de su padre no debía ser totalmente mala, al fin y al cabo, él se quedó como único sucesor. Esos pensamientos abrieron una sonrisa en la cara del próximo gran capo.

    Roger volvió su vista a René, y la sonrisa se le borró de la cara. ¿Qué es lo que sus ojos presenciaron? Notó algo extraño en una de sus manos… a René le faltaba también el dedo meñique.
    -¿pero que demonios…?-Se preguntó a sí mismo.
    Entonces se acercó al hermano muerto y lo contempló con mayor determinación. ¿Por qué le faltaba el dedo meñique? Eso solo podía significar una cosa…
    Roger notó la presencia de alguien mas en el despacho, y se dio media vuelta muy lentamente. Sus ojos salieron de sus órbitas al ver la persona que estaba justo en la puerta.
    -Tú…-Roger tuvo un flashback.-Esa… esa melena negra...
    -Veo que no te has olvidado de mí por completo.-Dijo el desconocido.-Hace cinco años tú y tu hermano violasteis y matasteis a mi novia, y a mí me disteis por muerto.
    Mientras Roger estaba en un estado de confusión, el chico de la melena negra siguió hablándole:
    -Cinco años dan mucho para pensar. En ese tiempo he conseguido fingir ser un cliente de tu padre hasta tal punto de convertirme en una amistad, lo suficiente como para hacerlo salir de su despacho y hacerle quedar en un lugar lejano a éste.-Roger se acordó de aquella discusión que tuvo con su hermano en el despacho de Patric, y empieza a entender porque no estaba su padre.
    -¿Y como conseguiste el reloj? Mi hermano y yo estábamos dentro del despacho aquel día.-Roger pregunta alterado.
    -Siempre os he estado vigilando, simplemente esperé a que vosotros salierais.
    -Hijo de…
    -He conseguido que mataras a tu hermano.-Le cortó el joven.-Al igual que he conseguido que tu hermano matara a vuestro padre.
    -¿Cómo?-Roger se puso bastante nervioso.
    -¿De verdad pensabas que tu hermano quería el puesto del gran capo?-Le preguntó el joven, mirándolo por encima del hombro, y sin darle tiempo para contestar siguió explicándole.-Estuve siempre en contacto con tu hermano, ocultando mi rostro obviamente, dejándole pistas falsas sobre la traición de Patric. Vuestro padre no tenía intención de venderos a los federales. Fue casi tan fácil como engañarte a ti, otro títere bajo mis manos. ¿Quién crees que recaudó el dinero de la casa de juegos de Charlie? Conseguir la colaboración de ese estúpido no fue muy difícil, al final todos los cobardes temen por su vida.
    -Nooo… ¿Qué he hecho?-Roger se agachó y abrazó a su difunto hermano, llorando su perdida.
    -Por cierto, toma.-El chico lanzó de forma desinteresada a Roger el reloj desaparecido y el dinero de Charlie.
    Roger se levantó furioso y empezó a disparar con su revolver al joven, olvidándose de que gastó toda su munición con René.
    -Vaya, parece que el revolver está vacío.-Le comenta el chico con una ligera sonrisa.-Igual te interesa esto, antes de entrar al despacho y gastar mi tiempo contigo, llamé a los guardias de seguridad, curiosa escena la que se van a encontrar aquí. Aquella noche tú y tu hermano os metisteis en un laberinto del que no habéis podido escapar.-Se escuchaban los pasos de los guardias.-Es la hora, debo irme.
    Lo último que vio el muchacho en aquel despacho antes de irse, fue a Roger arrodillándose y metiéndose el cañón del revolver en la boca, aun sabiendo que no le quedaba ni una sola bala. Andando por el pasillo, el joven se cruzó con los guardias, que entraron al despacho con rapidez y armados. Según el chico entraba en el ascensor para salir de allí, presenciaba el sonido de los disparos que venían del despacho.


    Otro círculo llega a su final en un mundo donde los sucesos siguen sin parar. La mafia seguirá moviendo los hilos y mas inocentes morirán… la historia está condenada a repetirse.
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