“Cortarle la garganta a un hombre era mucho mejor que sacrificar cerdos. La sangre cayendo a borbotones, como en la fuente del pueblo. Los ojos muy abiertos, sin entender nada, y ese ruidillo que salía de su boca al intentar hablar…”
Mi abuela Antonia había pronunciado aquellas palabras de repente, con una risa de niña traviesa que hizo que un escalofrío recorriera todo mi cuerpo. Después, su mirada había vuelto a apagarse, y las preguntas que siguieron se rompieron contra un muro de ausencia. Aquel día, mi abuela no volvió a hablar.
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Normalmente si no me interesa las primeras estrofas de un texto dejo de leer y has sabido atrapar la atención de manera inmediata. Comparas la muerte de un hombre con la de un cerdo y enseguida una imagen casi bucólica de la fuente de un pueblo, con la que enlazas el principio y el final.
Bien construído todo el relato, sin que el soporte, la herramienta utlizada y estudiada aburra. El aquel día mi abuela no volvió a hablar sugiere una historia….y sigo leyendo.
No has minimizado la figura de la abuela, ni excusado, solo cuentas y el egoísmo del protagonista no lo cubres con algodón. Lo dices en :
“La amenaza oscura de tu futura vejez solitaria”
Destaco la frialdad con que la anciana asesina narra con frases brutas, sin florituras como ésta:
“Mucho mejor que sacrificar cerdos”.
Y la incredulidad del narrador acentúa el hecho. Bien logrado,
Quizá un exceso de orientación hacia la situación personal ( bodas, divorcio, años, dia de la boda) que distrae y no interesa, resta misterio si explicas tanto. Si quieres significar que el relatador es una persona con absoluta normalidad que no se espera los acontecimientos brutales cometidos por la abuela asesina, eres lo suficiente buen escritor para contarlos sin necesidad de divagar.
Hay una parte que me parece genial y que si Thomas de Quincey lo leyera se ratificaría en su título de considerar el asesinato como una de las bellas artes. Y es esta:
Según fui descubriendo, mi abuela había empezado a obsesionarse con la muerte desde joven. Le gustaba observar los últimos espasmos de los pollos que después su madre desplumaba, o la sangre densa borboteando de la herida de cerdos y corderos sacrificados. Era ella la que se encargaba de estas tareas siempre que se lo permitían, disfrazando el placer que obtenía detrás de una máscara de eficiencia y espíritu práctico.
Y en la siguiente, cuando dices que no era suficiente para ella el sacrificio de los animales y sin implicaciones morales comenzó a plantearse como serìa matar a un ser humano. Y ese es el verdadero espíritu de un asesino. Lo has logrado.
Y que eligiera el día, un dia normal, y que hiciera sus limpieza de la casa y su vida rutinaria, ese marco cotidiano es lo que hace que atrape el texto.
"Fue un día normal, sin nada que lo diferenciara de cualquier otra jornada rutinaria en el pueblo. Después de limpiar la casa y ordenar las camisas de su marido, dejó a los niños con su hermana y se fue al monte. "
Remarco estas estrofas.
Sin más lechos que las piedras……. y, con las mismas manos que años después utilizaría para revolverme el pelo, le rebanó la garganta
. Durante todo el tiempo, mantuvo los ojos muy abiertos, para no perder ni un detalle del rostro de su víctima, ni de sus movimientos ya inútiles, ni de la sangre, que caía a chorros sobre el cuerpo desnudo de mi abuela.
Como en la fuente del pueblo.
Un gran relato, enhorabuena.