Hay momentos en que somos conscientes de nosotros mismos. Nos sentimos, nos palpamos.... somos, cuando menos, una masa anatómica que mide tantos centímetros y pesa unos determinados kilos.
A veces, llegamos a tener la consciencia de ser "una masa anatómica", que disfruta sintiendo los rayos del sol en la piel, que se abandona a los contrastes del verde que los árboles le ofrecen en primavera.
Incluso hay ocasiones, en que sentimos que somos seres vivos con un destino, aunque no tengamos pajolera idea de cuál pueda ser éste.
Y otras veces, aunque nuestra masa corporal siga estando definida, el sol brille y acaricie nuestra piel, tengamos la vaga sensación de que "vivimos para"... nos rendimos a un pequeño vendaval que sopla, de oriente o de poniente, del septentrión o a una ventolera dulcemente meridional.... nos abandonamos a ser "hojas" arrastradas por el viento.
Entonces concebimos nuestra impotencia.
Hay veces que sucumbimos a ella, en otras ocasiones nos sobreponemos y luchamos... ¿en cuál de las circunstancias hacemos lo correcto?
Somos impotencia y voluntad.
¿Habéis encontrado el punto de inflexión entre la una y la otra?