Hazme caso
Lo deglutes lentamente
para, regurgitado en bilis,
expectorarlo una y otra vez.
Y siempre los mismos escupitajos:
Un tiempo en pretérito.
Gentes difuminadas.
Veredas, hoy autopistas.
Oscuros amaneceres.
Noches de melancolía.
Todo lo que pudo ser y no fue
Oye, hazme caso:
deja de darle lengüetazos a las llagas,
cúbrelas con esparadrapos de colorines
-mejor momia payasa que vivo ulceroso-;
mira de frente a la vida y,
anticipándote a la postrera embestida de la cabrona,
ofrece un recital de magistrales verónicas
Luego, que te quiten lo toreado