Gracias a Bernerdo Atxaga viví durante mucho tiempo en Obaba; sé cómo huele y cómo son sus habitantes. Aunque no exista. Me pasa un poco igual con Macondo.
Pus ahora Atxaga se aleja de Obababa, de España, de Europa y de este siglo y nos habla de África, concretamente del Congo Belga y de las atrocidades que allí cometieron los esbirros del rey Leopoldo II. Que, por cierto, a pesar de se run genocida, parece que nadie se acuerda.
Es una novela sobre cómo hacer horrores en el mundoy quedar impune. Que, aunque parezca horrible, la verdad es que, visto lo visto, es lo normal.
Me ha dado muy buenos ratos esta novela, que, a pesar de las crueldades que cuenta, está narrada, digamos, con humor.