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Voces

neromerobneromerob Anónimo s.XI
editado febrero 2009 en Romántica
Lamento no haber podido escribir antes pero estaba muy ocupado pero aqui les presento mi relato

“Ciudad Vertical: Voces” (o simplemente Voces) es un relato que esta en el concurso “Premio de Cuento Policlínica Metropolitana para Jóvenes Autores”.

Dicho relato se conecta con el libro “Ciudad Vertical: La Liga Del Asfalto” pero es completamente independiente del mismo, se pueden leer ambas obras por separado sin problemas.

El jurado lo conforma los narradores Ednodio Quintero, Alberto Barrera Tyzska y Krina Ver, y la premiación será el 15 de Abril de 2009





Existen historias que comienzan con “Érase una vez” y terminan con “…. fueron felices para siempre”. Me gustaban esas historias cuando Papá y Mamá me llevaban de pequeña al cine. Tenia la esperanza de tener una historia como esas.
Ese momento llegó, como dice un poema que me gusta mucho “después de ayer, luego de mañana”. Al colegio de niñas donde yo estudiaba llegó una alumna de nombre Débora Calani; al verla me di cuenta de que no debía tener problemas para encontrar pareja, ya que ella, estudiante de 5to año, era hija de una diva del espectáculo, quien la mandó a estudiar a nuestro liceo lejos de su hogar, como castigo (nunca le pregunte por qué). Sus ojos verdes eran muy llamativos y tenía un cuerpo de modelo con apenas 17 años.
Yo en cambio a mi edad, con pecas en las mejillas y ojos oscuros no resaltaba por encima de las demás compañeras del 8vo grado, sabía que no era fea pero estaba clara en que tampoco era bonita, si lo fuera tendría algún novio esperándome a la salida del colegio como sí era el caso de otras compañeras.
Débora era muy agradable y sobre todo muy calida, no era prepotente ni arrogante y de inmediato nos hicimos amigas. Contarnos nuestros miedos y esperanzas. Creo que fue a mi, a la primera que invito a una reunión que organizaría en la piscina del edificio donde vivía con la familia de su tío, su madre la sacó de la casa pero por eso no iba a estar con una cara larga todo el tiempo. No quise preguntarle los detalles de que pasó entre ellas, me imaginaba que se pondría mal si me contaba.
Fuí directamente a la oficina de Mamá en el edificio de la Corporación Zin (Un importante edificio de oficinas en mi ciudad), para pedirle permiso, pedírselo a Papá sería un suicidio pero creía que con ella podía ser más fácil, me dijo que me dejaba ir siempre y cuando solo fuéramos las estudiantes del liceo, le dije que solo era algo para nosotras, pero en realidad le mentí, Débora había comentado que invitó a algunos amigos del liceo 440 (Los liceos y colegios de mi país, además de un nombre, tienen un número), era un liceo privado; se rumoraba que los que no lograban pasar las pruebas de admisión o eran expulsado de otras instituciones, terminaban estudiando allí.
Aquella mañana salí con todo preparado en mi mochila, Mamá no dejaba de preguntarme las mismas cosas que la noche anterior, qué dónde quedaba el edificio, qué si conocía a la gente con la que iba a estar, qué si fumaban, qué si bebían, que tuviera el móvil prendido en todo momento, en fin, hasta que no puse un pie fuera de la casa no dejo de decirme cosas.
Una vez que llegué a la piscina me cambié. Débora puso música en el reproductor, había cosas para comer y tomar; las demás no tardaron en llegar con pelotas y toallas, el clima nos bendijo ese día, un hermoso cielo azul y una temperatura muy agradable.
Durante mi estadía me di cuenta que en las ventanas de los apartamentos vecinos, habían muchos chicos que sacaban la cabeza para vernos en traje de baño, sobre todo a Débora, algunos incluso usaban binoculares para ver mejor «¡Que Asquerosos!» pensé.
Yo era mala en los deportes. Educación Física nunca fue mi materia favorita, lo que si me gustaba era cantar, Papá y Mamá me decían que los cantantes tenían solo dos caminos, o se convertían en súper estrellas o terminaban cantando en algún lugar de mala muerte. Al escucharme cantar todos se alegraban, incluso cuando cantaba esas canciones que “Subestimaban la inteligencia de la gente” como decía mi Papá.
En la piscina no podía cantar, por lo que me puse a jugar Voley luego de bañarme por largo rato. Cada vez que le pegaba al balón para pasarlo a alguna compañera este se iba para cualquier parte, ¿Qué puedo decir?, ¡yo y mi sentido de dirección!.
Mientras jugaba, la música sonaba y algunas se ponían a brincar como locas, pude ver a un chico de la edad de Débora seguramente del liceo 440. Parecía distante, me imaginaba que había recién llegado, se movía calmadamente con una mirada tranquila al tiempo que hablaba con una rubia en traje de baño que parecía conocer de antes.
Era totalmente diferente a los otros chicos que se babeaban por cualquier cosa que nosotras hiciéramos, parecía hablar de algo serio con la chica y su forma de mirar era profunda con sus ojos almendrados como buscando el significado de cada cosa que se le pusiera en frente, bastante raro de verdad.
Incluso le pregunté a una amiga si no le parecía algo atípico, que a un chico así se comportaba de esa manera.
- ¿Y como se supone que se comportan los chicos?- Me preguntó. Decidí dejar el tema de lado y Seguí jugando al Voley (en algún momento tendría que aprender a lanzar el balón en la dirección correcta).
Entonces ocurrió, el balón venia directo hacia mi, me fui un poco hacia atrás, pegue un pequeño brinco, extendí mi mano para darle “una buena cachetada” a la pelota en venganza por todas las veces que se había ido donde le daba la gana, le di con todas mis fuerzas, los pies terminaron en el borde de la piscina y caí de espaldas al agua.
No estoy segura de cuanto tiempo pasó, la sensación de tragar agua es desagradable; de no poder nadar o flotar por un calambre alarmante y de saber que no puedes hacer nada aterroriza.
Mis recuerdos de aquello no están muy claros, no hay imágenes solo sensaciones, una humedad sobre mis labios como no la había experimentado antes; sonidos confusos y continuos. Justo antes de abrir los ojos sentía como algo se abría en mi interior.
Me vi a mi misma escupiendo agua, estaba acostada boca arriba en el suelo, alguien me enderezó para poder respirar y reponerme; abrí mis ojos y mire ayudándome a aquel chico de ojos almendrados, que vi antes del accidente.
Todos quienes nos rodeaban estaban asustados, no me percaté que él aún tenía la mano sobre mi pecho luego de darme respiración artificial; lo primero que hice fue gritar ya que un chico me estaba tocando en frente de todo el mundo «¡Que vergüenza!». De inmediato se me quitó el calambre. Me aleje de él (fue casi instintivo). Él también parecía estar afectado de una forma similar, llevó su mano a su propio pecho y se puso rojo como un tomate.
Con ayuda de Débora y otras amigas me puse de pie, sin embargo antes de darme cuenta, el chico que me ayudó se había ido.
- Lo mejor de todo es que sí lograste lanzar bien el balón – Me dijo Débora burlonamente.
Minutos después llegó otro muchacho buscando al chico que me salvó, parecía ser su amigo.
Como no lo encontró y después de enterarse de lo que me había pasado, se dedico a relatar que éste aprendió primeros auxilios por su padrino y tuvo que ponerlos en práctica por primera vez con su Mamá, luego que ella tuviera una fuerte discusión con su Papá.
Aquello me llegó en lo profundo, fue muy valiente en ayudar a su madre, muy noble en salvarme a mi, y muy entupido de mi parte en responder con un grito y alejarme de su lado como si fuera un pervertido.
Débora me acompañó a casa al terminar la piscinada, le dije lo avergonzada que estaba por casi haber arruinado su fiesta y lo apenada con el muchacho que me saco del agua.
- No te preocupes-Me dijo sonriendo – Gracias a Dios no te pasó nada, fue un susto. Sobre el chico, pronto volverás a verlo para agradecerle.
Yo también sonreía, tal vez como reacción al miedo, o a la pena, no sabría decirlo, pero lo que sí sabíamos es que no íbamos a decirle nada a mis papás. Si se enteraban eran capaces de no dejarme salir por lo que quedaba de este siglo.
Aquella noche no dormí, me retorcía en la cama una y otra vez, no creía lo que me había pasado horas antes; por primera vez tocaba los labios de un chico y no fue porque fuera bonita o me considerara especial sino por un mero accidente. «Una locura, una completa locura».
Cuando volví a clases muchas compañeras hicieron comentarios burlones de lo que me pasó; varias me hicieron las mismas dos preguntas, “¿Qué se siente ahogarse?” y “¿Te gusto que te besaran?”
- ¡Son unas ridículas! – Tuve que decir en varias oportunidades y explicarles que para nada fue un beso sino “una simple maniobra de rescate”, yo no sabía si era simple o no pero no importaba, era mejor decir eso a no decir nada.
Eventualmente Débora sugirió para ir al liceo 440 para visitar a los chicos que fueron a la piscina (ella tenia que hablar con uno de ellos), en un principio dije que no, a pesar de que sí quería ir, ella entonces se puso un poco más seria.
- ¿Sabes lo interesante del remordimiento? – Me Preguntó – Es que duele más cuando lo sientes por algo que no hiciste, que por algo que hiciste.
Aquello me dejo pensando, y luego de unos segundos, le dije que iría.
- Pero solo si vas tú también.
Al llegar al liceo los encontramos; eran tres amigos y entre ellos estaba él, debía agradecerle lo que había hecho por mi, moría de los nervios; era uno de esos momentos en los cuales el mundo se detiene para decirte que existen tiempos en los cuales es necesario correr riesgos, hacer cosas que parezcan no tener sentido pero que te llevan a experiencias maravillosas.
Débora le dijo como me llamaba y me incitó a darle las gracias, lo cual hice a duras penas, las palabras no me salían, algo irónico para alguien que le gusta cantar
-No hay nada que agradecer Nayive Picardo - Me dijo. Los muchachos nos contaron que estaban preocupados por las actividades de pandilleros en la zona (no eran criminales, solo chicos que les gustaba armar alboroto y hacer piques de motos a mitad de la noche). Para calmar los ánimos Débora bromeó diciendo que si antes de irse el chico que me rescató no me iba a dar un besito. El comentario lo puso colorado de nuevo, (como me gustaba verlo así) yo solo me limite a sonreír.
Él tuvo que retirarse diciendo que tenía que ir a buscar a su hermano, otro amigo, (Quien lo fue a buscar a la piscina) se fue con él. El que se quedó me entregó algo para no irme con “las manos vacías”, como dijo; era una foto de mi rescatador, su rostro lucia un poco tenso y sus ojos almendrados exhibían un aire melancólico.
En privado me preguntaba por que un chico se comportaba tan serio. Si no hubiera sido por Débora, de seguro no dice nada cuando me lo encontré a la salida de su colegio. Recordé entonces lo que pasó con él y su madre, vivir con padres que discuten tanto como para dejar a uno de ellos en el suelo debe de ser terrible y tener que vivir con la melancolía, que es como un placer por estar triste, no es bueno para nadie.
Hubo cierta cortedad y vergüenza en nuestro primer encuentro. Tome el valor que usaba para cantar y decidí cambiar la situación. Así, un domingo le hice una torta de chocolate (me gusta mucho el chocolate) mientras escuchaba la canción If I Could Fly, es un tema muy viejo pero me gusta mucho; el lunes, luego de clases, se la llevé. Cuando me vio se quedo algo sorprendido.
—Picardo —dijo él—. Qué sorpresa, ¿qué haces acá?
Me llamaba por mi apellido, no comprendía el porqué.
—Estoy esperando a alguien —le respondí alegremente.
—¿Ah, sí?, ¿y a quién?
—A ti —No pude evitar reírme cuando le dije eso, él por otra parte trataba de quedar serio, pero se veía en los ojos que aceptaba mi presencia (Bueno, eso es algo), comió de la torta y me dijo “Que era Inestimable”, era su extraña forma de decir que le gustaba, y yo se lo respetaba.
Lo acompañé a buscar a su hermano menor a otra institución y de allí a su casa, en el trayecto me comentó que le gustaban mucho las ciencias, todo lo opuesto a mi, que me agradaba mas la literatura y las artes, su hermanito menor no dejaba de jugar comigo; me dijo que esa alegría de su hermano menor posiblemente “La heredó de Mamá”
Cuando llegamos a la puerta de su edificio sacó lo que quedaba de la torta que yo le había hecho, se la entregó a su hermano menor diciendo siempre en forma muy seria que yo se la hice especialmente a él por portarse bien, el niño me miró y me abrazó. Como me gustan los niños, que te quieren sin condiciones y pidiéndote tan poco, también me estaba dando una alegría a mí con aquel gesto de bondad tan extraño en la gente.
Quería decirle a Débora lo que me había pasado con esa “pequeña salida” que tuve con él, por lo que me comunique con ella por computadora, comentándole también que estaba confundida de ver a alguien que habla solo lo necesario, alguien que parece rechazar a la gente, y aún así tener esos actos de cariño.
- Cuando vivía con mi madre pude ver muchos de sus amigos que lo tenían todo – Me dijo ella por la computadora Pero se sentían muy solos a pesar de poder literalmente pagar por la compañía de quien sea, lo que atrae a la gente es el amor y los que los aleja es la soledad, mientras más solos se sientan más solos estarán, en cambio el amor trae más amor, primero de tu familia y luego de los demás, tal vez él sepa eso por instinto y trata, a su particular manera de ser cariñoso con los otros.
Necesitaba saber esas cosas; saber que hay la posibilidad de un buen final. Nadie quiere meterse en el cine, ver una película por tres horas y encontrarse con un mal final, yo estaba segura de que a mí no me iba a pasar eso.
Lo busque entonces un día, estaba con sus otros dos amigos quienes al verme me saludaron a la distancia y lo dejaron solo. Se quedo esperándome, yo le dije algo que le repetía cada vez que lo veía “Hola, ¡hoy no me saludaste!”
Él, con su seriedad típica, me saludó, pero no pudo evitar ese brillo que se le escapaba desde su interior y salía por sus almendrados ojos, me comentó que iría a comprar algo para la computadora y me ofrecí a acompañarlo, llegamos a un centro comercial con extensiones plateadas sobre si, como si fuera un avión a punto de despegar hacía algún lugar.
Compró lo que requería en el local de computación, era un repuesto algo pequeño pero que parecía valioso.
—Perdona que sea tan directo, pero… ¿por qué en estos días has querido acompañarme? – Me preguntó luego de comprar el dispositivo
—Digamos que es… un trabajo voluntario —Le dije en broma—. No soporto ver a un chico en la plenitud de su adolescencia sin la compañía de una chica.
Seguí hablando con él, pero no parecía querer salir de ese estado: serio, analítico, haciendo un esfuerzo tremendo por retener algo dentro de si.
Aquello me frustraba, uno no puede ir por la vida como si todo fuera indiferente Este chico sigue sin sonreír. ¡Ya va a ver!».
Se me ocurrió entonces jugarle una broma, tome lo que compró y corrí lejos de él.
Me siguió entre la gente, esos adultos a los cuales yo me les uniría en el futuro, pasamos por algunos edificios de cristal y por las calles forradas de asfalto.
Llegamos entonces a una calle donde había casas y árboles de mangos, estábamos cansados, pero yo la estaba pasando bien a pesar de recordar, nuevamente, porque odiaba Educación Física.
—Dame mi memoria —Me dijo estando frente a mi.
—Ah, ¿lo quieres? —Le pregunte alegremente. Tome el dispositivo y lo puse dentro de mi camisa. Él quedó perplejo—. Ji, ji, ji, ya te dije que es mío.
—Dámela o te juro que te desnudo aquí mismo, si es necesario.
—¡No te creo nada! —Le replique sacándole la lengua. Entonces, se acercó, me tomó de la cintura, me levantó y se preparó para ponerme boca abajo.
Mi falda se fue para abajo, me tape con las manos en forma desesperada y gritaba como una loca.
Lo que compró en la tienda cayo de mi pecho, cuando eso paso me puso delicadamente en el suelo, tomó el dispositivo y me dio la espalda. Estaba abochornada, no sabía que decirle.
—¿Me puedes explicar como es que no usas short para taparte? — Me preguntó dándome la espalda.
—Al… al principio te molesta, pero después ni te das cuenta —Conteste sonrojada hasta más no poder—. En el colegio hay muchas chicas que no usan short para taparse… pero como es un lugar lleno de chicas, no le vi el sentido.
Él comenzó a caminar alejándose de mi.
—¡Espera, te pido por favor, no se lo digas a…!
—No creo que a nadie le interese lo que pasó hoy, Picardo, así que puedes estar tranquila, esto queda entre los dos.
La broma al final pareció salirse de control, no era lo que deseaba y temía que se sintiera enojado conmigo, cuando pude me acerqué a Débora para pedir su consejo.
—Tiene que ver con “tu salvador”, ¿no? —preguntó Débora, en forma pícara—. ¿Qué pasó?, ¿te quiso dar un beso?
—No, no, nada de eso, es que el otro día… le quise hacer un juego y creo que se molestó conmigo.
—A ver, a ver, ¿te regañó o algo así?
—No
—¿Te insultó?
—No
—¿Te mandó al diablo?
—Tampoco.
—¡Ahí está, tonta! Tal vez sea un tipo muy serio, pero estoy segura de que, en el fondo, te aprecia mucho.
—¿De verdad? —pregunté, con más ánimos —Es que… desde el día que lo acompañe a buscar a su hermanito me sentí más natural con él … fue por eso que creí poder hacerle una broma. Pero me gustaba mucho acompañarlo hasta su casa y aunque siempre me hablaba de computación, para mi igual era divertido.
—Escucha, Nayive, si te gusta alguien tienes que jugarte el cuerpo y el alma por él, hazlo con determinación y no mires atrás.
Para mí aquello era bastante atípico y al mismo tiempo divertido, (por aquellos días comenzaba a ver las cosas de una forma distinta), No hay fórmulas para saber cómo serán las relaciones que llegan a la vida de las personas. Yo quería cambiar eso en mi propia vida pero no sabía cómo.
Fue entonces cuando compré una revista para adolescentes, esas revistas que tienen notas de autoestima y aceptación personal exactamente debajo de artículos o propagandas de peinado, dietas y presentaciones de las últimas tendencias de moda.
Había un articulo para hacer amuletos de amor, al principio me pareció ridículo, después de todo, estamos en el siglo XXI, pero «Tal vez no haga tanto daño si intento uno, ¿verdad?».
Hice el amuleto siguiendo las instrucciones de la revista, tal vez lo hice porque era inocente, o porque quería estar enamorada, o tal vez porque me encontraba en una época de mi vida en donde mi alma y mi corazón estaban vacunados contra la estupidez, la política, la tecnología que nos consume y la rutina que nos agobia.
El amuleto lo puse en una bolsa de terciopelo y lo guarde en la gaveta donde tenía la foto que me regalaron de él días antes.
Lo fui a ver al siguiente día a la salida del liceo 440, al verlo me sorprendí, estaba distinto, incluso paresia sonreír, era obvio que algo bueno le había pasado.
—¿Recibiste alguna buena noticia? — Le pregunté
—Eh, no, ¿por qué?
—Puedo darme cuenta por tu cara.
—¿¡Eh!?
No pude evitar reírme un poco.
—¡Aunque lo intentes a ti te resulta imposible ocultar lo que sientes!.
—¿De verdad?
—¡Pero no lo tomes a mal! Por cierto, ¿por qué estás tan feliz?
—Es que… pasé una prueba muy difícil, y eso me alegra.
Su madre lo llamó, por movil, le pidió nuevamente que buscara a su hermano menor, lo acompañé sin poder ocultar mi alegría al verlo tan distinto, él no lo supo pero yo en esos momentos lo besaba con los ojos. «Hoy está más divino que antes —pensé — ¡El amuleto de amor sí funcionó, después de todo!».
Pero no siempre estábamos en circunstancias ideales, como por ejemplo cuando nos quedamos encerrados en uno de los elevadores del edifico de la Corporación Zin, ocurrió porque unos pandilleros decidieron sabotear el sistema eléctrico del edificio.
Quedamos él y yo atrapados por horas en el ascensor, iluminados únicamente por las luces de emergencia. Llamaba desesperadamente por su movil, pero la señal parecía no llegar.
— ¿A quien llamaste? —Le pregunte
—No quiero hablar de eso ahora, si no te molesta —contestó
—P… perdón — Me disculpe, fue entonces que le conté lo del club de canto en donde estoy, pero el me escuchaba con la cabeza baja —. Te aburro, ¿no?
—A decir verdad, es tu voz la que evita que me vuelva loco. Aunque no lo creas, lo agradezco mucho — Me dijo levantando su rostro.
Le sonreí para darnos ánimos, minutos después me frotaba los brazos para darse calor ya que el aire acondicionado estaba activado, él se levantó de su esquina, se quitó el saco que vestía y me lo puso sobre los hombros.
—Es para que no tengas tanto frío —dijo —.Y espero que tengas un short debajo de tu falda, porque ni creas que te voy a dar mis pantalones.
Pasaron los minutos, que se transformaron en horas. Él se quedó dormido sentado en su esquina, yo lo miraba, dormía con los brazos cruzados para no tener frío por el aire acondicionado, me levante de mi esquina, se senté a su lado, abracé su brazo y me acobijó junto a él bajo el saco.
Nos sacaron del ascensor a la mañana del día siguiente, teníamos mucha hambre pero con calma, a decir verdad estaba calmada porque él también lo estaba.
Me sentía muy segura y feliz, me negaba a recordar cualquier sensación de vació que haya sentido antes, él lo hizo posible y mi única forma de demostrárselo era haciéndole otra torta.
Cuando se la entregué a la salida d clases me entere de la cruda verdad, estaba con sus amigos y una chica de lentes me dio a entender que la razón por el cual él estaba feliz era porque saldría con una chica, la rubia con la que estaba hablando el día de la reunión en la piscina, un amigo entonces aclaro que seria una salida de grupo mas que una cita como tal.
Lamentablemente él no pudo ir, estaba encerrado conmigo, ese era el verdadero motivo por el que estaba feliz, ningún amuleto, ningún truco barato, una chica, que era cualquier otra, menos yo.
Se retiró del grupo rumbo a la estación del metro, necesitaba hablar con él y aclarar las cosas.
—Yo no quería darte un mal rato —Le Dije —No creas que…
—No es tu culpa, Picardo.
—Lo que yo deseaba decirte es… bueno, tú pareces un miembro de la Liga de la Justicia.
—¿¡Eh!?
—Porque el día de la piscina cuando me estaba ahogando, tú me salvaste… ¿recuerdas? —Poco a poco me acerque a él —. Y en el ascensor no dejaste que yo pasara frío.
—¿Eh? Yo… de alguna manera…
—¿De alguna manera qué?
—No comprendo tu punto, Picardo. Si algo así hubiera ocurrido a cualquiera de mis compañeras, hubiera hecho exactamente lo mismo.
—Sí, ya me lo imaginaba, eres muy amable —Le dije con una sonrisa, estaba a punto de irse pero aun tenía otra pregunta.
—¿Yo te caigo mal?, parece que no te agrada estar conmigo.
—Me has acompañado a buscar a mi hermano varias veces, he comido las cosas que me traes y escuché todo lo que me dijiste al estar encerrados en el elevador… si no me agradaras, aunque sea un poco, ¿crees que no te lo hubiera dicho antes?, ¿o que mi descontento por tu presencia no me hubiera vuelto loco al encerrarme contigo? — Me Explicó .
Eso me calmó, lo suficiente como para aceptar una invitación para un concurso de canto que me llego tiempo después, estaba intimidada pero luego pensé que si supere el miedo que me causo ahogarme y estar encerrada en un ascensor podría superar cualquier cosa, o eso pensaba.
Lo invite al recital mientras me explicaba un ejercicio de matemáticas y le dije lo mucho que se significaría para mi si iba, me contesto que haría lo posible por ir.
La noche del recital controlé los nervios como pude, mis padres estaban entre el público, Papá no dejaba de decirme lo orgulloso que estaba, seguro de que llegaría muy lejos.
- Y cuando llegues lejos, me vas a mantener bien mantenido, ja, ja, ja- Bromeó
Cante con todo lo que tenía, al final la gente me aplaudió, los primero aplausos en mi vida por algo que yo hacia, la canción no era mía, pero el espíritu al interpretarla sí lo era, creí que aplaudían también eso y me llenó de maneras que no puedo describir en forma alguna.
No pude ganar el concurso, pero mis padres y amigos me felicitaron, entre los saludos y las críticas lo buscaba pero no lo veía, hasta pensé que no había ido, y fue en ese momento cuando escuché su voz.
—Esa interpretación fue… inestimable.
Recordé los momentos que pasamos juntos, aquellos instantes donde un abrazo, un detalle, una sonrisa nos servían para alcanzar la tranquilidad y hacer surgir el amor, incluso en las circunstancias menos placenteras,
—Te hice esperar mucho, ¿no? —preguntó él con su voz seria. Yo lo abracé con mucha fuerza mientras daba pequeños brincos de felicidad.
Le presente a mis Papás, hablaron unos segundos, segundos en los cuales una amiga me distrajo, y al darme cuenta se había ido en la misma forma que llegó.
No entendí porque se fue, no entendía a que le tenía tanto miedo.
Miedo; sabría lo que realmente significaba esa palabra cuando regresé a verlo, le lleve otra torta, lo encontré a poca distancia de algunos de sus amigos luego de la salida de clases.
—¡Hola! ¡Hoy no me saludaste!
Él no se sonrojó, mas bien se veía molesto.
—¿Quién dijo que te quiero saludar?
—Pero… dime, ¿estás enojado?
—¿Acaso tus lindos ojos no pueden verlo por ellos mismos?
—Yo… perdón, ¡Pero sé que cualquier cosa que tengas, lo podrás solucionar! —Saque de mi bolso el postre, envuelto en papel de aluminio—. ¡Mira lo que traje!
—¡Oh, otra torta! ¡Qué sorpresa!
Tomo la torta con una mano, y sencillamente la tiro al piso, y junto con ella se iban mis sentimientos.
—Yo… no entiendo.
—Te explico rápidamente —Me dijo con frialdad—. Tengo un problema con una chica y todo aquello que no me ayude a resolverlo me estorba.
—¿Por… por qué me dices eso?
—Siempre estas ahí, ¿no? Desde ese maldito día en la piscina no dejas de aparecer y de confundirme.
—¿Confundirte? ¡Si la que está confundida soy yo!
—Sólo hazme un favor, Picardo, olvida que te salvé, deja de perseguirme, déjame con mi miseria… no molestes más. ¿Sabes lo que hubiera deseado? Que dejaras mi soledad intacta, que pudiera quitar tu estúpida imagen de mi mente.
Tenía que decirle algo, que lo quería, que lo odiaba, que me perdonara si lo molestaba, que se fuera a la mierda, no podía quedarme callada, como dijo Débora “si te gusta alguien tienes que jugarte el cuerpo y el alma por él, hazlo con determinación y no mires atrás”
—Eres… ¡Lo que tú me haces, me jode más porque me gustas! —Le grite, pero no pareció inquietarse por esas palabras.
—¿Y eso qué significa?, ¿qué quieres tener una relación?, ¿conmigo? Eres una ilusa, una tonta, no tienes idea de lo que es estar con alguien y no quiero que lo sepas a mis expensas.
Él se fue luego de decirme eso, trate de contenerme, mantener la calma, no quise ver si alguien fue testigo de ese instante, donde la alegría se volvió una burla que insultaba mi ser y me recordaba los sufrimientos que quitan el júbilo de vivir.
Caminando pensé que tal vez todo eso haya sido mi culpa, no debí buscarlo siempre como hostigándolo, no debí decirle cosas que lo confundían, miraba mis acciones y recuerdos con cuidado, como si fueran alguna criatura maléfica, temiendo que mi corazón se convirtiera en piedra si miraba de más.
Me senté en un árbol cerca de mi liceo, mire a la nada con los ojos cristalizados, paso un momento, justo después de ese momento lloré, lloré como no lo había hecho hasta entonces.
En eso llegó Débora, su clase Salió más tarde que la mía, le afectó verme en ese estado.
Se puso a mi lado y me abrazó, no importaba que me había pasado, sufría y para ella eso bastaba.
—¡Nayive!¿Qué pasó?—Me Preguntó. Entre llantos, le conté la terrible experiencia que tuve minutos antes —. ¿Él hizo eso? Impensable.
—Es cierto… no puede ser que todo este tiempo me la pasé con él y desde siempre le caía mal. Ojala fuera como tú.
—¿¡Qué!?
—Si fuera como tú, seguro que no me hubiera rechazado.
—Ay, Nayive, hasta yo he sido rechazada… y de las peores maneras… pero, ¿por qué te gusta tanto?… aunque tengo que admitir que es un chico interesante, pero no puedo imaginar que tú y él puedan a llegar a ser pareja. Es que son tan diferentes.
—¿Por qué dices eso?
—Perdón… no quería… es decir…
—Está bien, igual tengo que desahogarme. Es una historia que ocurre con frecuencia, una chica de un colegio de señoritas se enamora de un chico de un colegio mixto… ¿Sabías que yo le hice un hechizo de amor?
—¿Cómo es eso?
—Uno que encontré… en una de las revistas que siempre compro… había tantos hechizos… No recuerdo por qué escogí el que escogí… ¡Ja!, hasta creí en un punto que funcionó… Soy un desastre, una retrasada mental.
—¡Claro que no! Ni se te ocurra pensar eso. Tuviste una mala experiencia. Nada más.
—Él… él es una persona muy solitaria y creí también que era muy gentil. Es solo que los demás no se dan cuenta de eso… incluso creí que a él le costaba considerarse bueno, o al menos amado. ¡Pero no entiendo! —Expresé con ira—. Si le caía mal, si no me quería cerca, ¿para qué se tomó la molestia de ir a verme al recital?
—Nayive, ¿no crees que deberías que hablar con él? Tal vez se comportó así porque… ¡no sé! Todo el mundo tiene días malos y mandan al carajo al primero que se les atraviesa.
—¿Y eso te parece que es una buena justificación?
—No, ciertamente no lo es.
—Pero yo lo voy a complacer. Me dijo que no me le apareciera más, ¡y eso es exactamente lo que pienso hacer!.
Llegue a casa alterada, Mamá y Papá lo notaron, les dije mas o menos lo que pasaba, pero por algún motivo nunca les dije de quien se trataba.
Mi madre me dijo que el tiempo de Dios es perfecto y que no me pusiera triste, que ya encontraría a alguien que me hiciera feliz, Papá que es más práctico; me dijo que ya lo iba a sobrellevar porque existían cosas perores en la vida.
Yo sabia que habían cosas peores, sabía que habían robos, accidentes, divorcios, homicidios se que podía ser feliz en los años por venir, pero no quería ser feliz en diez años quería ser feliz yá, y aunque sé que hay verdaderas tragedias, esa al menos, era la mía.
No hable del asunto por casi una semana, fué cuando Débora me dijo que el motivo por el cual él reaccionó de esa forma cuando me vio ése día era porque estuvo en contacto con sustancias ilegales, unos pandilleros se querían vengar de un amigo de él y lo tomaron como carnada, era el más vulnerable y lo sabían, le metieron esa basura por una cortada en una mano, el químico hace que las personas se desinhiban y digan barbaridades, fueron tantos los químicos que termino tirado en la calle después de hablar conmigo y estuvo tres días en la cama de un hospital.
Tome entonces conciencia de las cosas, ya no más tortas, no más bromas, apenas pudimos nos reunimos en una plaza para hablar.
—Hola, hoy no me saludaste…
—Es verdad no te saludé. Creo que eso es algo que debo cambiar.
Me contó entonces los detalles de que le pasó y de un montón de cosas que dijo a varias personas.
— Pero lo peor es tener que ofrecerle disculpas a medio mundo. Aunque lo hago, sigo sintiéndome como una rata. Ya no sé que hacer… pensé en flagelarme, pero eso dolería mucho. Lo más duro, sin embargo, fué que en el hospital me dí cuenta de que no soy una buena persona… digo, por mis recuerdos.
—¿Tus recuerdos?
—Posiblemente sea por la situación, pero he tratado de encontrar algún recuerdo en donde haya sido plenamente feliz en los últimos tres años, y lo único que vino a mi mente fue el pelo de mi madre rebanado con sus propias manos a tijeretazos porque no tenía dinero para ir a la peluquería; a mi hermano, ella y yo comiendo sobras de comida que quedaban en la mesa, obligados por Papá para que Mamá aprendiera «a cocinar lo justo», como él decía; a mí pidiendo dinero prestado a sus amigas en nombre de mi madre para poder usar el transporte público. Esas cosas lo marcan a uno, ¿sabes? todos los aspectos de la vida. Creo que de nada me sirvió pretender que aquello nunca pasó, encerrándome en mí mismo.
Al terminar de hablar me di cuenta de lo mucho que sufría, no pude resistir tocar su mano.
—Nayive.
—¿Tú… no quieres que te dé nuevos recuerdos?
—¿Qué quieres decir?
—Yo quiero borrar… tus angustias.
Me acerque a él. mi corazón estaba a punto de estallar, toque mis labios con los de el, no fue un beso como tal, no fue en la boca pero tampoco en la mejilla, estábamos nerviosos, pero no pude hacer más, me levanté sin decir nada tocándome la boca, no quería hacer nada entupido, sabía que le gustaba otra, y eso era suficiente.
Lo evité por unos días, trataba de pensar en los que nos ocurrió, el amor, esa palabra tan corta que cuesta pronunciar y entender, los adultos ya tenían problemas tratando de entenderla así que me estaba imaginando lo que a mi me iba a tocar.
Me dije a mi misma que la imagen que tuve de él no era otra que de un sueño, posiblemente una fantasía creada en mi mente por canciones, novelas y películas, era un ser que no existía más allá de mi corazón y mi mente.
Esa imagen se me hizo realidad cuando estaba cantando en un local de Karaoke con mis amigas luego de un día de clases
Estaba parado en una esquina, escuchó toda la canción que interpreté, cuando lo ví me sorprendió y me asusté.
—Como había dicho antes… inestimable.
Me crucé de brazos, tome mis cosas, me despedí de mis compañeras, lo pase por al lado y me fui por la puerta principal del local.
—¡Nayive, espera!
Me siguió por casi dos cuadras, hasta que me tomo del brazo.
—¡Detente un minuto! ¿Por qué me ignoras?
—Me dá… me dá miedo hablar…- Le contesté
—A mí también. No creas que me resulta más fácil que a ti.
—¿Sabes cuál es el problema? Todos tenemos secretos y, después de un tiempo, pesan tanto que ya no guardas un secreto en tu vida, sino que vives tu vida dentro de ese secreto.
—¿Y acaso tú tienes uno?
No era exactamente un secreto, más bien un sentimiento.
Me quise ir pero él me lo impidió, puso sus brazos alrededor de mi.
— El día de tu recital también ví a la rubia que me gustaba. Como ambas me importaban mucho, fui a verla primero, para así saber realmente lo que sentía por ella; luego, fui a verte a ti. Cuando salí de tu presentación, me sentía feliz. Sonreí, porque esa noche me di cuenta de a quién quería a mi lado.
No podía creer lo que estaba escuchando mis piernas no dejaban de temblar, parecía imposible, pero a veces lo imposible es lo que termina ocurriendo
—Sé que no soy un galán y no tengo siempre la palabra justa para una chica como tú – Me dijo con sinceridad - Tampoco tengo la plata ní la experiencia de otros. Pero si eso no te importa…
Mis piernas dejaron de temblar, ésta vez eran mis lagrimas las que expresaban mi emoción, nos acercamos despacio, me daba una inseguridad tremenda tocar nuestros labios por temor a que desapareciera, pero al final a ninguno de los dos nos importó, nuestros labios se acercaron para dar a luz un beso que desintegró toda angustia y dolor.
. Abrí mis ojos primero. Respire profundo y lo contemple esperando que me dijera algo.
—Creo que me equivoqué —dijo él.
—¿Por qué? —pregunté, temerosa de que todo fuera un engaño.
—Esto es, sin duda, lo realmente inestimable — Y fue cuando me dió la más bella sonrisa que ví hasta entonces mientas acariciaba mis manos.
De esa experiencia han pasado casi treinta años, tiempo en el cual me vi envuelta en la desventura de mis primeros pasos como cantante profesional, en el reto de hacer conocer mi nombre artístico, en la gloria embriagante de escucharme por primera vez en la radio, en el infortunio por los discos que no se vendían tan bien como otros, en la fama que te da sacar disco tras disco, estar en televisión, aparecer en películas, hacer giras y presentarme en todos lados, en tener tres hijos maravillosos y la certeza de que tuve el coraje de hacer lo que siempre había querido.
Pero ese coraje no hubiera aparecido, (o habría aparecido de forma distinta) si no me hubiera atrevido a dirigirle la palabra a un chico de secundaria que posiblemente nadie recuerde, nadie, a excepción de mi, Mamá tenia razón, el tiempo de Dios es perfecto, no sólo llegue a enfrentar mis miedos sino que llegue a ellos convencida de que podía vencerlos con la persona adecuada, sintiendo cada segundo, aprendiendo a ver mejor en la oscuridad en la que a veces creemos vivir, nos comunicábamos lo esencial con las caricias y la humedad de nuestros labios cuando nos besábamos. Me regaló varios meses de su vida hasta que el tiempo de Dios se cumplió.
Felizmente él aún esta dentro de mi vida, de una manera extraña pero está, todavía lo veo, todavía lo escuchó cada vez que miró atrás para poder cantar junto a las voces de mi pasado.
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