Así que pasen mil Navidades
No puedo precisar año, mundo ni vida
en que, la sospecha empezó a tomar cuerpo
¡El prodigio se daba!
Pero hoy, con la seguridad que otorga la verdad absoluta,
puedo proclamarlo ya a los cuatro vientos
¡Soy inmortal!
Año tras año, ese espíritu con fecha de caducidad:
el de breve, pero demoledor reinado; me aniquila
¡Y éste, -no podía ser de otra forma- la maldición ha vuelto a cumplirse!
Luego y como siempre: sacudo la ceniza, acallo la doliente y bella melodía
y, trasmutada a partes iguales entre Fénix y Espino, hago triunfal reaparición
para, con alas renovadas, echar a volar de nuevo
¡Y a vivir trescientos días más!