Las lágrimas han vuelto a derramarse
hasta mi tajado vehículo de los besos,
desde el suplicio de los cielos marginales,
esquilmados como lagunas en mi cerebro,
y el tuyo se levanta, al acostarse el mío,
en un mar de rebeldía ensangrentada,
de la sangre de los pobretones de clases altas,
a chorro limpio y perfumado
cayeron desde los catorce inviernos
que congelaron tus labios
y rasgaron tus muñecas con gotas heladas.
También en mi balcón hay flores de hojalata
y pulcros ventanales que delatan la oscuridad,
en cada reflejo, en cada distorsión,
y el miedo,
el puto miedo a dejarte sin más
y a dejarme en un rincón de lo superfluo,
y el razonamiento vacilante
en cada pensamiento de insurrección.
Pero tu pasotismo y el mío
poco tienen que ver
con el destello de nuestras habitaciones,
para que negarlo,
formamos parte de está farisaica estela
inalcanzable por los de ahí abajo.
Desde mis catorce primaveras
voy escapando y traicionando
a los payasos con sonrisas perversas,
estrellados y más vivitos que nunca.
Voy creyendo sin más en mí,
y en el sol de millones de cloacas.
Te han engañado
a ritmo de una mal llevada contracorriente
al ritmo de las canciones de un amor plastificado,
decadente,
y una vida a medias que cortaste en trocitos
sobre las cabezas ajenas a tu cuerpo muerto,
las que te llamaban amor y cariño,
las que te convirtieron en un producto televisivo,
todas han bebido de tu niñería adolescente yanki.
Llorica,
¡no sabes lo que es llorar!
enfermo,
¡no sabes lo que es enfermar!
¡asqueroso!
de eso si que sabes…
Por eso maldito bastardo te odio,
después de que las cuchillas se tiñeran con tu esencia,
después de que tu pulsador hiciera estragos en el baño,
poco después también,
de que empuñaras una pipa en tu “high school”
y ridiculizarás las vidas cruelmente verdaderas,
las del decimosexto mundo,
y transformarás,
la inanición en una hora de psicólogo
y a los asesinatos en un juego de niños.
Después de todo,
te escribo este poema romántico,
en forma de bomba, en tu epitafio.
Mientras, y por tu culpa,
nos han rodeado volátiles y enfermizos vocablos,
abstractos,
igual de idiotas que tu desgracia;
incomprensión paternal
los medios de desinformación,
las mentiras,
el bienestar,
el malestar,
en tu mierda de inframundo,
¡todo mentira!
formas parte de todo el circo,
payasos a los que diste la espalda,
no por payasos ni por estrellados,
sino por querer ser el dueño de la repelión social
puff…
hiciste un favor a esta podrida generación,
a los ojos que solo navegan el cielo,
y ven en él
colores azules, verdes y amarillos,
desde ahí escupen con esmero y mucha caridad
restos de nubes enegrecidas por tu estupidez
entre otras paradojas sociales.
Se lo escupen a las ratas y almas robadas
del color que les quitasteis entre todos,
en los flecos de tu camiseta emo,
entre otras paradojicas suciedades...
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