De la cuna a la tumba
Te pierdes en mi mundo octogonal;
yo resbalo en el tuyo redondo
Te guías invariablemente por brújula norteña;
la mía bailotea cual peonza beoda
Te ahogas en mi pecera de colores;
yo camino sobre tu ancho y largo mar
Te extasías ante las tapas de los libros;
yo los abro, los leo y los releo
Te miras únicamente en bellos espejos;
yo sólo en las aguas de mis espejismos
Caminas siempre en la dirección que otros marcaron;
Teseo y yo nos tratamos de tú a tú
Y, antagónicos hasta la exacerbación,
la paradoja de cariño está, en que,
aun conociendo nuestro mutuos defectos,
continuamos queriéndonos