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Recordando lo nuestro

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII

Recordando lo nuestro 

Por malos recuerdos de un pasado próximo, que ahora no vienen a cuento a este cuento, batallaba diariamente para que nunca más se produjese un nuevo encuentro ente él y yo. Pero mi esfuerzo no servía. Se producía un encuentro,  y lo más curioso de todo era que yo, a pesar de mis antiguos y amargos pesares, estaba deseando de que llegase.

Amanece. Me pongo cualquier trapo, lo primero que hallo a mano, y después me asomo a la ventana. Veo llover, va cayendo una lluvia suave. El viento juega con mi cabello. Me acerco a la cama y te escucho suspirar con una agradable sonrisa en tus labios mientras duermes; y, de pronto, sacude todo mi cuerpo un escalofrió eléctrico. Sintiendo un fortísimo deseo de de hacer el Amor, miro tu cara pensando que quiero creerme que tu suspiro y tu sonrisa es por mí; por eso, sin poder ni querer evitarlo, aparece súbitamente una extrema calidez en mis pechos y mi sexo, que me hace recordar lo nuestro…

¿Y qué era lo nuestro?

Lo nuestro era un deseo por crecer, por sentirnos mayores, por superar la etapa de la adolescencia. Un juego que comenzó como empiezan todos los juegos infantiles: en el patio de nuestro colegio, una mirada, un roce, un gesto. Y también terminó como todos los juegos inconscientes: lágrimas y pesares.

Y acabó así porque lo vivimos deprisa, y nos quemamos como astilla en fuego. Nos bebíamos los vientos el uno por el otro, hasta embriagarnos. Nos tomábamos el último vino de la caja de Pandora y despertábamos con la resaca de los miedos. Pero mientras desaparecía la resaca estábamos solos, solos como dos inocentes pajarillos que abandonan su nido volando juntos, y más adelante seguíamos cada uno nuestro propio vuelo.

Y yo fui la primera en marcharme, porque quería volar sola, pero no lo sabía hacer. Salía a la vida a ciegas, dando tumbos, tropezando con todo lo que me recordaba a ti. Y de esa forma, durante meses… hasta anoche, que coincidimos de nuevo tú y yo, a solas los dos, y en un segundo volvía a sentirme como antes.

Pero ahora todos mis sentimientos se me agolpan y tengo miedo; miedo de ti, miedo de mí, miedo a que te vayas de mí, miedo a que te quedes conmigo; un miedo tan extraño como irracional cada vez que pienso que de nuevo hemos vuelto a hacer el Amor, cada vez que pienso que hayamos quemado lo único que nos quedaba, que nuestros recuerdos ardiesen por el fuego de la pasión. Y lo peor de todo es que los dos tenemos miedo porque quizás hayamos escrito el final de nuestra historia; que, por inexperiencia, o simplemente por inocencia, dejamos incompleta.

Y ahora, las sábanas están revueltas. Me llamas de nuevo y tú te aproximas a mí, yo me aproximo a ti, tú me besas, yo te beso, tú me acaricias, yo te acaricio, tú me abrazas, yo te abrazo, y toda yo temblando como antes temblaba, como siempre he temblado contigo a mi lado. Nuestros cuerpos están fundidos en uno. Y en este momento no pensamos en nada que no sea en amarnos y hacernos el Amor sin parar, frenéticamente…


A Chávez López
Sevilla jul 2026

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