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Club selecto

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII



Club selecto

Una madrugada de julio, de esas que parecen prometer secretos oscuros y placeres prohibidos, el distrito “caliente” de la ciudad vibraba con una energía electrizante. Las luces de neón titilaban, y sombras misteriosas danzaban entre los callejones. En medio de esta vibrante escena, había un club, famoso por ser un refugio de deseos carnales y fantasías atrevidas.

Inma y Sofía, dos espectaculares hembras que trabajaban allí, eran diferentes entre sí, pero compartían una conexión. Inma, con su pelo azabache y sus ojos verdes penetrantes, irradiaba una confianza arrolladora. Sofía, en cambio, con sus ojos del color del castaño, su melena con vetas rubias, su mirada insinuante y su piel morena, tenía una sensualidad más sutil, pero juntas eran un cóctel explosivo que atraía a esa clase de clientela que sabe disfrutar de los placeres sexuales; hombres y mujeres que buscan, no ya sólo placer carnal, también una experiencia que los transporte más allá de la realidad convencional.

Una madrugada, sobre las dos, un nuevo cliente llegaba al club. Era un señor de unos 40 años, alto y con un porte imponente, y se llamaba Álvaro. Vestía un traje gris marengo de lino, una camisa celeste y una corbata de seda, y tenía una sonrisa seductora, pero sus ojos reflejaban una mixtura de curiosidad y deseo reprimido. Ya dentro del club,, sus ojos se encontraban con los ojos de Inma, y desde ese momento sabía que Inma iba a ser su guía en el viaje pasional que estaba a punto de emprender.

Inma, con esa capacidad que tienen las mujeres para captar el interés de un hombre por ellas, se acercaba a él con gracia felina y le ofrecía un rato de Amor y pasión.

—Hola -le decía con voz sedosa-. No te he visto nunca por aquí.

Álvaro corroboraba las palabras de Inma con los ojos, sintiendo una combinación de nerviosismo y anticipación. Inma le hacía un gesto cargado de realidades sabrosas y, enseguida, lo cogía de la mano.

—Ven conmigo, te voy a presentar a alguien especial.

Lo llevaba a un cuarto, decorada sus paredes de terciopelo verde claro y espejos estratégicamente colocados que reflejaban cada movimiento, cada suspiro. En un lateral del cuarto, tumbada de lado sobre una cama grande, estaba Sofía, envuelta en una bata de seda, que apenas cubría sus deleitosas curvas. Sus ojos brillaban con deseo mientras se iba incorporando lentamente, y ya en pie, dejaba que la bata resbalara hasta el suelo, mostrando un despampanante cuerpo.

Inma llevaba a Álvaro a la cama y lo hacía sentarse, posicionándose detrás de él, mientras Sofía se acercaba.

—Relájate -le decía con voz dulce y suave-. Déjate guiar por nosotras, que te vamos a llevar al paraíso.

Álvaro cerraba los ojos y se abandonaba a las sensaciones que lo rodeaban. Sentía las manos de Inma deslizarse por su espalda, mientras Sofía se aproximaba más a él, y su serpentosa lengua recorría su torso con una destreza que lo hacía estremecer.

De pronto, el lujurioso cuarto se llenaba de suspiros y gemidos, mientras las mujeres actuaban en perfecta sincronización. Inma se inclinaba hacia adelante, sus labios rozando el cuello de Álvaro, y sus dedo desabotonaban su camisa, sometiendo su torso a numerosas lamidas de Sofía, que su lengua trazaba rutas de besos desde su abdomen hasta sus erectos pezones, lamiéndolos y mordisqueándolos con una aleación de sabiduría y pasión.

Álvaro, perdido en semejante maraña de sensaciones, dejaba escapar un hondo gemido mientras sentía que las manos de Inma se deslizaban hacia su cintura, desabrochando su cinturón y bajando sus pantalones con una habilidad que sólo una maestra en semejantes saberes tiene. La presión de sus dedos sobre su piel desnuda era electrizante; enviaban oleadas de placer a través de su espectacular cuerpo.

Sofía, ya sin bata, exponía su cuerpo en todo su esplendor. Sus expertos dedos acariciaban el bajo vientre de Álvaro, causándole una descomunal erección. Con miradas insinuantes, lo miraba a los ojos y bajaba su boca. Sus labios encontraban la dureza de su masculinidad, que la envolvía en un calor húmedo y delirante.

Inma, sin dejar de acariciar y besar el cuerpo de Álvaro, veía con satisfacción cómo Sofía ponía a trabajar su magia.

—Mi amiga y compañera es única en su oficio -le susurraba, a la vez que le lamía el lóbulo con la puntita de su lengua.

Álvaro, completamente entregado, sólo podía asentir, incapaz de pronunciar palabra, mientras su mente se nublaba con el gozo tan intenso que estaba recibiendo.

El ritmo iba aumentando, las manos y las bocas de Inma y Sofía se movían con una sincronización asombrosa. Inma, sin dejar de estimular a Álvaro con lamidas, se ponía detrás de él, presionando sus pechos desnudos sobre su espalda, susurrándole fantasías y palabras picantes, que lo hacían vibrar. Sofía, con su habitual habilidad, aumentaba la intensidad de sus movimientos, sus labios y su lengua llevaban a Álvaro a un éxtasis inexplicable.

Cuando un excitadísimo Álvaro no podía contenerse más, su cuerpo se tensaba y un rugido escapaba de sus labios. Un explosivo orgasmo lo dejaba extasiado, mientras las dos mujeres se besaban en la boca y se tocaban sus partes íntimas, lo que hacía que se alargase el placer.

Después de culminar, Sofía se incorporaba y limpiaba y saboreaba los restos del placer de Álvaro, mientras Inma lo sostenía y le susurraba palabras de tranquilidad y dulzura.

—Veo que has disfrutado -le decía Inma, adoptando una mirada preguntona.

Álvaro, recuperándose aún, sólo podía mirar a las dos mujeres con gratitud.

—Este ha sido el mejor polvo de mi vida. Volveré de nuevo -lograba decir finalmente con voz temblorosa.

Inma y Sofía sonreían, sabedoras de que habían cumplido a la perfección su misión.

Álvaro “pasaba por caja”, dejando su billetera con 500 euros menos. De los cuales, 200 eran para cada una de las chicas y 100 para el propietario de club. Pero a Álvaro le mereció la pena la inversión.

Estas prostitutas de lujo, de alto standing, pueden ganar diariamente hasta dos mil euros o más cada una, y lo mejor es que esos ingresos son dinero negro, que no cotizan, no así el club, que debe dar cuenta a la Hacienda Pública, para alegría y disfrute de “la comepollas oficial del presidente, la ministra hortera Chiqui”.

Creo que es ya sabido, y si no es sabido lo digo yo ahora, que pagar con  tarjetas de crédito en esta clase de negocios, puede ser peligroso para la clientela, máxime si la clientela si son hombres casados y comprometidos, o mujeres casadas y comprometidas, que para ellas también disponía el club de jóvenes esbeltos sementales

En un rincón del mundo, donde los sueños y los deseos más profundos cobran vida, dos hermosas hembras habían creado una experiencia inolvidable, un rato de conexión y placer a Álvaro, que éste llevaría consigo durante bastante tiempo.


A Chávez López
Sevilla jul 2026

 :)
 

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