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Complicidad de dos cuerpos

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII



Complicidad de dos cuerpos

No poda soportar tu cercanía. Me provocabas. Queriendo o sin querer te aproximabas tanto mis labios a los tuyos que yo saltaba cual tigre contra ellos para comerme la miel que desgranaba tu boca, como un panal exprimido por un apicultor.

Me dejaste hacer. Sin pedírmelo, sabías lo que quería mientras me acercabas tus duros y redondos pechos, coronados por sus pezones que son fresas recién cortadas, pétalos de rosa, aromáticos y embriagadores, como el más dulce licor que embriaga mi deseo de amarte, de hacerte mía.

No podía ni quería contener mi ansia de amarte. Succionaba tu pezones con mis labios hambriento, adicto, como un bebé se aferra a las mamas de su mamá.

Me agarrabas tan fuertemente que sentía tus uñas en mi espalda como diez aguijones que desataban en mí más fuego.

La sangre comenzaba a hervir en tus venas y en las mías al unísono, de tal forma que tus dientes apretaban con fuerza descompensada mis labios, haciéndome sentir dolor, entre los movimientos placenteros de tu pubis, subiendo y bajando, como un amortiguador de un coche cuando circula por un camino lleno de baches.

El desenfreno llegó cuando te daba la vuelta y te penetraba, casi con violencia, por detrás como un potro salvaje, acariciando tu espalda, mientras tú apretabas fuertemente tu culo contra mi pelvis, como si me quisieras absorberme hacia dentro.

Mi miembro viril apretaba y arañaba las paredes de tu vagina, como si quisiera estallarla haciendo la entrada más ancha, más a su medida, al tiempo que se lubricaba como un diluvio de fluidos que se desbordaba, a pesar de la presión que ejercía el bombeo de nuestros sexos vulcanizados.

Tu interior quemándome el glande, haciéndome sentir tanto placer que no podía sujetar la avalancha que de líquido viscoso escapaba de mi masculinidad, que acogías con todos los sensores de tu anatomía, abiertos de par en par para recibir una cascada caliente que salía de mi fuente volcánica.

Mientras pensabas que ya no quedaba más, mi boca bajaba hasta tus labios y mi lengua comenzaba a abanicar tu flor, que ya estaban tan abierta que parecía una rosa a punto de desojarse.

Mi lengua seguía ahí, abajo, y tu cuerpo empezaba a convulsionarse como si fuera el de una loca intentado soltarse de las ligaduras. Te afianzabas a mi cuello, mordiendo mi espalda, arañándola como gata salvaje, maullando, gimiendo, mientras yo no cejaba en mi empeño de lamer tu raja, que ahora se asemejaba a una fuente que inundaba mi boca de una espuma envuelta en tu fluido salado, lo que hacia que no dominase la situación y te acompañase en tu escapada orgásmica, vertiéndome en tus piernas, y esparciéndome por la cama, sin dejar de trabajarme tu sexo, hasta que quedabas quieta, jadeante, y con la respiración entrecortada, como si hubieses hecho un esfuerzo tremendo. Después me decías: "gracias, Amor" .

Y de nuevo empezabas con ternura a acariciarme las mejillas, y después te quedabas dormida y rendida, pero feliz y satisfecha.

LA CAJA DE MSICA 3 UN RINCONCITO PARA COMPARTIR  - Pgina 25 Queman10

A Chávez López
Sevilla jul 2026

 

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