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antonio chavez
Miguel de Cervantes s.XVII
Anselma nació y vivió hasta morir en la localidad de Lepe (Huelva). Era una mujer con un carácter fuerte y desagradable, casi agresivo, pero trabajadora e incansable, de lunes a domingo, como una mula.
El egoísmo capitaneaba su vida, sobre todo el dinero; a nadie prestaba o regalaba una peseta; algo entendible porque le costaba mucho esfuerzo ganarlas.
Su vocabulario era soez; soltaba tacos a diestra y siniestra, y sólo por el gustazo de hablar mal. Insultaba a todo el mundo, y más aún si era una persona exitosa y con dinero.
Su estatura era baja y flaca su anatomía: ¡un fardo de huesos! Tenía un cutis blancucho, salpicado de pecas, y un pelo, entre cano y negro, en el que nunca entraba el peine.
Se rascaba la cabeza a dos manos, y descargaba su intemperante genio en sus vecinas, que temían su dialéctica procaz y su fuerza, que podía medirse a la de un hombre, a pesar de muy delgada siendo.
Se hacía de pescados en el puerto y más tarde los vendía por las calles del pueblo. Limpiaba pisos, casas, locales, y aceptaba toda clase de tareas, trabajando desde el amanecer hasta el anochecer.
Sólo tenía una debilidad: el aguardiente, y un motivo de sobresalto y temor: su marido, y esto último la ponía a cubierto de lo primero.
Presumía porque tenía un esposo y un vientre fecundo. Se le llenaba la boca cuando decía “mi hombre”. Mientras se hallaba embarazada se ataba el delantal por debajo de los pechos y repantingaba el cuerpo hacia atrás, proyectando un abdomen deforme. Caminando por las calles del pueblo, se regodeaba con insolencia mientras la miraba alguna soltera o alguna otra mujer que se sabía que era estéril.
Le gustaba comprar diariamente un cupón de la ONCE, pero nunca tenía suerte, hasta que un buen día consiguió un pellizco de los más gordos.
Y bendito premio, porque desde entonces cambiaba para bien; trataba a todos con respeto y educación, se volvía caritativa y hospitalaria. Seguía trabajando como siempre, aunque descansaba los sábados y los domingos..
“Este capital de suerte lo ahorraré para la vejez”, solía decir.
Pero, lo que es la vida, que se empeña en hostigarnos cuando mejor estamos, o cuando salimos de un bache económico, o cuando cambiamos de actitud. Cayó enferma de un extraño virus, postrándola en silla de ruedas, inválida.
El dinero que pensó ahorrar, la repartió entre la gente más desfavorecida de su pueblo. Ella no lo necesitaba porque recibía oficialmente del Gobierno una paga mensual por invalidez.
Murió a la joven edad de 55 años y su sepelio fue multitudinario, incluso con personas de la ciudad y de pueblos colindantes siempre querida y recordada como una mujer buena, educada, respetuosa y altruista.
Moraleja:
¿Quién fue que dijo que el dinero no es el gran remediador?

A
Chávez López
Sevilla jun 2026
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