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antonio chavez
Miguel de Cervantes s.XVII
Subidón de su ego
Buscó afanosamente en la bibliografía el mejor de los seudónimos para que no se supiese que su nombre real era Sisebuto.
Buscó imágenes en Internet que representase un hombre guapo y gallardo para ocultar el hecho de que era un individuo bajito, feo, tartajoso, bizco, cojo, manco y extremadamente delgado.
Aprendió a manejar el corrector de textos para que sus faltas de ortografía, consecuencia de su poca escolaridad, no fuesen tan obvias en el momento clave del escrito de presentación.
Hizo un montón de fotocopias de cientos de poemas de Amor de autores desconocidos para que las señoras que los leyesen lo considerasen un auténtico poeta.
Plagió la foto de un modelo italiano (fallecido) para enviársela a las damas del Internet, que querían verlo al menos en foto.
Mostró durante meses su falsa imagen al mundo del Internet, hasta que una mujer de su ciudad le pidió conocerse en persona, y él, previas absurdas disculpas y cientos de mentiras como justificación, le propuso una cita a medio plazo, hasta que no tuvo más cojones que comparecer.
Y se conocieron en un céntrico bar de copas, contándose previamente cómo irían vestidos.
Ella tampoco se acercaba absolutamente en nada a lo que él esperaba.
Y ahora, sin ningún tipo de maquillaje cibernético, cara a cara los dos, se sentían de puta madre y decidían amarse para siempre tal y como eran.
