Agente femenino 002Me adentro en una calle casi oscura por mor la intermitente Luna, y además con niebla. Tengo que cumplir con esta entrega. No sé por qué acepté este trabajo. Yo sólo soy una chica universitaria, sin recursos económicos, pero que procura ser feliz con lo poco que tiene. Ahora, gracias a estos envíos, gano muchísimo dinero, pero con el riesgo de vivir permanentemente escondiéndome de la policía y también de la mafia.
Camino a pasos rápidos pero silentes. Siento que unos ojos negros me persiguen a corta distancia. Me giro y los veo. “¡Es él!”, me digo para mis adentros. ¿Y quién es él? Pues él es un mito viviente, un hombre guapo como un dios griego, pero más peligroso que una navaja recién afilada, un sicario que ha matado a diez chicas, colegas mías. Me persigno, resignándome a mi destino.
Sin decir palabra, me coge de la mano y me lleva a su coche. No opongo resistencia. ¿Y para qué, si su fuerza es bestial? Y su destreza y habilidad para eliminar a chicas como yo son legendarias. ¡Estoy perdida!
Me tira en el asiento de atrás y luego arranca el coche. Por el espejo retrovisor me mira, deteniendo sus bellos ojos asesinos en mis pechos y en mis piernas semi desnudas, sólo cubierta por una minifalda. Lágrimas caen de mis ojos. Ya no puedo resistir el miedo. No sé cómo fui tan tonta para dejarme atrapar. Seguro que me equivoqué de ruta.
Llegamos a una mansión solitaria, alejada de todo. Entramos. Es oscura, pero acogedora. Me invita a una copa, mejor dicho, me ordena que me beba. Me mira y remira con cierta lascivia. Subimos a un cuarto que tiene una cama alta y pomposa, llena de almohadones. También hay estanterías llenas de libros, y un arsenal de armas.
No tengo tiempo para inspeccionar nada. Me lanza a la cama. Se desnuda. Su pene está rígido, erecto, listo para penetrarme. Lo miro admirada. Aun siendo un tipo malvado, es precioso: alto, moreno, ojos verdes, torso pétreo. Imposible no extasiarse mientras miras su anatomía, imposible no alabar su dura, larga y gruesa boa, con una curvatura natural, única.
Me quita los zapatos, las medias, el liguero y la minifalda, quedándome sólo en tanga y sujetador. Se va alejando de mí el miedo y se va transformando en deseo. Sé que me va a matar, pero antes voy a disfrutar de su pene, alargando al máximo mi placer. Espero que sea el polvo de mi vida, para entregárselo al sepulturero.
Se arrodilla en el borde de la cama, me coge de los pies, separa mis muslos. Y... ahora viene lo más bueno. Su sabia lengua recorre mi jugosa entrepierna, cálida, que está llena de sensaciones extremas.
El primer latigazo eléctrico me hacen temblar Siento como lame mi cuerpo, deteniéndose deliberadamente en mi entrepierna para disfrutar de mis jugos y mezclándolos con sus salivas calientes. Se dispone a penetrarme. Oso a tocar su pecho y su bajo vientre, duro y suave a la vez, lleno de vellos lisos, exquisito, con un imponente olor a macho, delicioso, inmortal…
La luz de la Luna, que aparece majestuosa a través del ventanal por encima de la cama, es la única testigo de una intimidad forzada, en un principio, pero de común acuerdo, según me va penetrando. Se sumerge dentro de mí de una forma rítmica. Me cojo a sus nalgas para poder aguantar sus fuertes embestidas. Todos los mitos sobre él son verdad, comprobándolo yo en este momento. Mis pechos topan una y otra vez con su cuerpo, y no puedo dejar de gemir. El control me abandona por el placer que recibo en cada una de sus estocadas carnales. Hasta que ocurre lo inevitable.
Su cuerpo de macho se va llenando de musculaturas, que se endurecen, transformando sus piernas en patas, y todo mientras me tiene a su merced. De sus glúteos emerge un rabo gordo y largo que aterroriza. Su cuerpo se aprieta sobre el mío, dándome un placer que me impide separarme. Veo que su boca se alarga hasta transformarse en hocico con afilados colmillos. Mi sexo siente también su cambio de virilidad, creciéndose dentro de mí. No puedo más y estallo de placer y dolor. Grito desesperadamente, desahogándome de las sensaciones de ser atravesada por semejante semental.
Al apretar su descomunal verga contra mi sexo estrecho, ya transformado en lobo, emito gritos, más de dolor que de placer, y él aúlla dolorosamente. Mientras va descargando dentro de mi vagina, totalmente dilatada. Él se va muriendo por tan monstruosa y súbita transformación, causada por la Luna llena, la novia despechada de este sicario, acusado de asesinar a diez chicas agentes como yo de la ciudad de Sevilla; y yo, por fortuna, me libré de morir, pero, también por fortuna, recibí un placer que ningún hombre macho me ha dado hasta ahora.
A Chávez LópezSevilla may 2026