Nada mejor que estar sola en una playa solitaria de aguas tranquilas, sin personas, sin ruidos, sin nada que pueda molestar, para dar riendas sueltas a pensamientos eróticos. Y si esos pensamientos se hacen realidad, ni te cuento...
No te resistas, entrégate
Tumbada sobre la arena, un poco más atrás del rompeolas de una playa solitaria, sólo escucho el sonido de las olas llegando a la orilla.
Respiro hondamente. El olor a sal me embriaga. Siento en mi piel el calor de los rayos del sol acariciándome.
Y también siento cómo la brisa marina envuelve mi cuerpo. Mis pezones reaccionan de normal a empinados. El contacto con la tela del bikini hace que se estremezcan. Es un dolor leve y placentero.
Mis ojos se cierran por culpa del rey Sol. Mis sentidos se activan y se ponen en guardia.
De pronto, noto algo. ¡Me están tocando! Me asusto y me quedo quieta. No me atrevo a abrir los ojos. Una mano cálida me está acariciando los muslos, presiona más y recorre mi cuerpo. Se para en los pechos. "¿Estaré soñando?". No quiero despertar "¿Pero quién eres?", pregunto con una voz curiosa pero suave. Unos labios se me acercan y tapan mis labios con un beso. Son labios carnosos, y sabios también. Quiero morderlos. Mi piel se eriza, pero mis sentidos siguen alerta. Siento calor, pero ahora es un calor en mi interior. Soy un volcán en erupción. Dos manos adaptan mi cuerpo, y una masculinidad dura me penetra con suavidad. Unos se acercan a mi oído y me dicen a sovoz:
"No te resistas, entrégate, que vamos a enjugar juntos el verbo disfrutar".
A Chávez LópezSevilla abril 2026