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antonio chavez
Miguel de Cervantes s.XVII
¡Libros por un tubo!
Aquel
hombre era un enfermo de la lectura y tenía libros por castigo. Pero
infinidad de libros en estanterías, y también encima de su escritorio, en dos enormes
armarios, en… Sólo con mirarlos daba dolor de cabeza.
Leía libros de escritores insignes, que habían
retorcido tanto las sintaxis y los argumentos, que causaban asco mental.
Leía libros de mujeres amas de casa.
Leía libros de mujeres públicas.
Leía libros de hombres emprendedores.
Leía libros de hombres pusilánimes.
Leía libros de mujeres exitosas.
Leía libros de mujeres fracasadas.
Leía libros de la España Una-Grande-Libre.
Leía libros de Andalucía y sus 40 años de
socialismo corrupto y mangante.
Leía libros del País Vasco, de ETA, y sus
lendakaris.
Leía libros de Cataluña, de su Generalitat y del
Separatismo.
Leía libros de ingeniosas aventuras, que
llenaban el tedio de colorines fatuos.
Leía libros vulgares, escritos por escritores
vulgares.
Leía libros de dolor por todos los lados, porque
todos los protagonistas agonizaban de principio a fin.
Pero un día no le apetecía leer. Se preparó un café cargado y se fue hacia la ventana
del salón; ya en ella, veía a los chabolistas de las chabolas del escampado de
enfrente, desarrapados, hambrientos y desesperados, pero follando como fieras.
Y aquello que acababa de ver lo puso tan de aquella manera que empezó a leer una novela porno de 200 páginas, escrita por la japonesa Sora Aoy , y se la cargó entera en media hora, con dos masturbaciones incluidas.
