El paso del Amor al desamorElla estaba profundamente enamorada de él, pero él no estaba enamorado ni pizca de ella.
Ella lo venía sospechando por detalles insignificantes, tan poco relevantes que no valían para convencerse del todo de que su Amor no era recíproco. Tampoco era que él no la quisiese, no, no era eso; habían compartido juntos tiempo, gustos y experiencias. Pero esto no significaba que él estuviese enamorado de ella.
La cuestión es que un buen día, o un mal día (¡vayan a saber!), todo acabó entre ellos. A ella le tocó sufrir, y a él le tocó huir de un sentimiento de culpabilidad (en las cosas del querer, es aventurado decir cuando es un buen día o mal día para tomar esta decisión).
Y transcurrió el tiempo; y él, convencido de que todo el amargor de ella había pasado, se atrevió a pedirle amistad, y ella, aferrándose al Amor que aún le profesaba, aceptaba.
Pero la amistad no va unida al Amor, al menos no siempre, y, por supuesto, no en ellos.
Ella traducía cada mirada, cada gesto, cada palabra de él en una posibilidad de volver a estar juntos. El, simplemente no traducía nada.
Una mañana, que nunca debió existir para él, él se atrevió a contarle que estaba enamorado de otra, y ella lo supo encajar, pero llorando por dentro y sonriendo por fuera. Sin embargo, los gestos de alegría de él la derrotaban, y por eso luchaba por no amarlo, por no verlo, por olvidarlo para siempre. Pero no... no lo conseguía.
A cada llamada telefónica de él, que ella no pensaba responder, respondía. Cada vez que la citaba, ella, guapa y radiante, aparecía, y se tragaba su orgullo, sólo por verlo, por hablarle, por estar con él.
Un día, triste lloroso, le dijo que su nuevo Amor lo había abandonado, pero ella, en lugar de alegrarse, le curó las heridas y le dio lo que nunca supo darse a sí misma.
Una noche de vino, Luna y clavel, él se mostraba muy acaramelado con ella. Ella quiso convencerse de que por fin iba a “ocurrir” de nuevo. Y ocurrió. Hicieron el Amor. Luego, juntos se reían de todo, como en los viejos tiempos. Y durmieron abrazados el uno al otro, como lo hacían en un pretérito próximo.
Al día siguiente, ella se despertó primero, y feliz y enamorada se puso a mirar cómo dormía él. No hubiese cambiado nada, ni un miligramos de su agonía pasada por un segundo de la noche de derroche de Amor de ese día.
Pero el golpe más fuerte, el definitivo se producía cuando ella lo escuchó musitar el nombre de la otra mujer, con una dulce sonrisa en los labios.
Entonces ella, pacientemente, le cubrió el cuerpo desnudo, pero desde ese momento se prometió a sí misma no llorar nunca más por él.
El odio, aunque azucarado, que la invadía por la actitud de él, podía más que una posible reconciliación. Y aunque sabía que aún lo quería, algo que por el momento no podía evitar, decidía que ya era hora de sacar su orgullo a pasear.
Así que cuando él se despertó y ella ya había rumiado la realidad de la situación y después del intento de él de llorar en su regazo, tranquila pero firme lo apartó y le dijo palmariamente lo que en adelante tenía que afrontar.
"Reaccionaste muy tarde, cariño. Resulta que ahora tú estás empezando a enamorarte de mí, pero yo ya estoy terminando de estar enamorada de ti.
A Chávez LópezSevilla mar 2026