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antonio chavez
Miguel de Cervantes s.XVII
Cómo afrontar una separación
Todos hemos escuchado consejos de familiares y amigos cuando nos encontramos ante el problema del divorcio: “No tienes por qué soportar esto”. “Eres joven, guapo y con dinero”. “No sigas con ella”. “Mujeres hay a mantas·. ·”Tú vales mucho”. “No llores por esa mujer más tiempo”. “Recuerda que hay muchos peces en el mar…”.
Y resulta que yo estaba convencido de esas
afirmaciones de los familiares y amigos. Pero, para bien o para mal, quien sale
de una relación con mujer no tarda en encontrar otra que ocupe el lugar de la
anterior.
Era afortunado. Mi exnovia es guapa y tipazo. Pero con triple defecto: tiene un exmarido, un hijo parido cuando recién entraba a sus dieciocho años, y que el tío que le hizo el bombo es un “vivo” que ha sabido sacar provecho a la situación.
Me decía a mí mismo: “el niño no es problema, el niño es un crío pequeño que no tiene culpa de las estupideces que cometieron sus padres; el problema es que ese niño tiene un papá”.
Pero no quiero profundizar en más detalles. Esto es un tema para otro tipo de comentarios. La cuestión es que ella era la mujer perfecta para mí: nos compaginábamos en todo, teníamos gustos y apreciaciones iguales, costumbres similares, buen sentido del humor; sumamente comprensiva y sensible, y me daba estabilidad. Aunque me resistía al inicio, acabé enamorándome de ella, y hasta le preparaba el desayuno y se lo llevaba a la cama. Y cuando no tenía mucho trabajo en mi oficina, por lo que podía llegar más tarde, dejaba la casa arreglada antes de salir.
Me pesó, y cuando terminó todo, llevo mucho tiempo buscando una mujer con quien llevarme bien. Es realmente difícil. Pero… ¡no hay problema, hay muchos peces en el mar!
Al cabo de una semana de nuestra separación, mientras estaba en una sesión con mi psicóloga, ella me preguntó que cómo me sentía con todo esto. Le respondía que, aunque triste, sabía que iba a pasar, que sólo era cuestión de tiempo, pero que hallaría a una mujer mejor.
Salí embotado de mi terapia. Pero reflexioné pronto y fue entonces cuando entendí qué me quería decir mi psicóloga: que tenía que seguir con mi vida, disfrutar y tratar de ser feliz, aunque no encontrase una mujer mejor.
Porque hay que entender que no se trata de andar por la vida buscando una mujer que nos complemente, que nos haga sentir de lujo, que sea comprensiva y que sepa ceder cuando tenga que ceder
Pensando, mi psicóloga no es imbécil. Ella sabía que yo iba a entender su mensaje y por eso se animó a soltarlo.
A veces me pregunto por qué le sigo pagando tan suculenta minuta. Pero reacciono y me respondo a mí mismo diciéndome que es lo mejor que me ha pasado nunca.
Y como la vida es una caja de sorpresas, finalmente nos enrollamos mi psicóloga y yo pero vivimos cada uno en su nuestra propia casa, porque he sacado en conclusión que la convivencia en común es la verdadera asesina del Amor y la pasión.