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Poderoso caballero Don Carmín Rojo

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


Poderoso caballero Don Carmín Rojo

Dudaba en el color del carmín. Finalmente se decidía por el rojo. A sus ojos les gustaba lo que estaban viendo. El transparente de su blusa, guardaba lo justo, que era poco.

Sin habérselo propuesto había convertido su olor en su sello de identidad, dejando un rastro fácil de seguir: una mixtura de seducción, deseo, belleza y frivolidad.

Decidida salía de su casa, segura de sí. Firme en sus tacones que, fieles a los latidos del corazón, marcaban el paso que la llevaría a aquel lugar, donde jamás había estado.

La poca luz de la estancia, no le permitía dibujar la cara de él. Pero no le importaba porque había algo en su interior que la indicaba lo que la atraía poderosamente: él.

Pasados unos segundos, se hacía un poco más la luz.

Los segundos pasaban como minutos, la palabra sobraba, sólo sus ojos podían hablar. Una sonrisa detenía su deseo. La mirada de él se clavaba en sus atrayentes labios rojos, que le cautivaban.

Era el momento en el que ambos tenían que olvidar todo. Solamente tenían que recordar cuánto habían deseado ese encuentro.

Las fuertes y a la vez delicadas manos de él se posaban en la escultural anatomía de ella.

El carmín acrecentaba la lujuria de ese momento. Él recorría con su lengua los labios de ella, y la dejaba descansar en la carnosidad roja de los mismo, para más deleite.

La transparente y escotada blusa de ella se abría despacio, dejando a la vista unos senos que se apretaban contra el torso de él. La ropa iba cayendo entre besos, y solamente se interrumpían para desnudarse más.

Ella alzaba su cuerpo, completamente desnudo, y elevaba sus piernas que antes estaban abrazadas a la cintura de él.

Un movimiento permanente la arrastraba sobre la pared, en la que dos sexos se veían, se saludaban y se entendían a las mil maravillas, sin necesidad de intérprete.

Su temblorosa pero audible voz pedía a él que se la metiese dentro de sus entrañas, a la vez que sus manos se volvían adictivas a su redondo culo, empujando sobre su sexo.

Una vez sincronizados, era entonces que ella, insistentemente le invitaba a que la dejase dentro y a que no la sacase durante toda la velada.


LA CAJA DE MSICA 10 UN RINCONCITO PARA COMPARTIR - Pgina 7 Carmzu10


A Chávez López
Sevilla nov 2025

 

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