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El casamiento mata la pasión

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII

El casamiento mata la pasión 

Primavera loca: durante la mañana, frío; durante el mediodía, calor; durante la tarde, calor intenso; durante la noche, de nuevo frío. Y por eso he cogido un resfriado de muerte. Es frecuente resfriarse con un clima así. Pero resfriarse con un Sol brillante, es lo más estúpido que te puede pasar.

Era un lunes a las tres y diez de la tarde cuando salí de mi oficina. Empapé una caja de pañuelos de papel. Me dolía la cabeza y me crujían todos los huesos del cuerpo.

El lunes es mi día favorito para una infidelidad segura, sin sospecha, sin temor. Los lunes son adrenalina pura. Hoy, resfriado y con un pañuelo de papel en una mano y la otra mano sujetando el volante del coche, con destino a mi casa, que ya allí me espera un zumo de naranja y un Ibuprofeno, además de el desdén de mi esposa.

Mi esposa estaba saliendo cuando yo entraba, se detuvo en su caminar y me dijo que me había dejado en la nevera una jarra con zumo de naranja, y se largó. Fui al botiquín y saqué una pastilla de la caja del Ibuprofeno. Me fui hacia la cocina, cogí un vaso y me serví un zumo de naranja. Sentía fastidio. Los lunes de “besos y folleteos” me tomaba un zumo de naranja con ron. Pero hoy, zumo de naranja con Ibuprofeno. ¡Manda huevos!

A ella le gusta el ron, licor tan dulce como ella. Cumplía su jornada de trabajo a las tres, como yo, pero nos veíamos poco. Ella era la secretaria del director de nuestra empresa, y yo el jefe de contabilidad. Ella, con un marido aventurero compulsivo; y yo, con una esposa ausente, sólo ocupada y preocupada por su línea y sus caprichos. Ambos, casados y cansados de tanto tedio.

Me gustaba las manos de ella, sus uñas rojas, sus tacones altos, que sonaban al acercarse a mi despacho; su liguero, sus pantorrillas, que parecían decir “¡tócame ya joder” . No recuerdo cómo nos hicimos amigos, pero yo no la quería sólo como amiga; quería follar con ella. Sólo con verla, mi sangre hervía, y su voz calentaba mi polla.

Un día estaba en mi despacho centrado en mis números. No la sentí llegar. Sólo oí su voz. Me di la vuelta. Me miró de una forma extraña. Sin hablar, me levanté. No había nadie más, sólo ella y yo. Le cogí la mano y la besé. Sorprendida me miró. Primero, besé cada dedo, la muñeca, la palma. Y le dije: "hola". Estaba como queriendo decirme algo, pero no, colgó su brazo en mis hombros y nos besamos, su cara pegada a la mía. Su boca abierta parecía devorarme. Mi mano en su espalda buscando ese broche mágico que lo abre todo. Lo hallé. Si lo apretaba caería el sostén. La miré para ver su cara. Seguía besándome, sus manos sobre mi pecho. Finalmente, pulsé el broche, y cayó lo que queríamos que cayera, y yo me sentía en el paraíso. "¡Vas a ser mía!", pensé.

Una de mis manos bajó para escudriñarla. Me gustaban sus piernas, cubiertas por las medias. Me puse en cuclillas. Hermosa mujer, hermoso cuerpo. Besé sus rodillas. Me cogió del pelo, no veía su cara, su guapa cara. Le besé una cacha, no, la saboreé. Conté sus lunares mientras subía. No me soltaba el pelo. Con mis dientes tiré de ese tirante que sujeta esa pieza de tela que cubre su pudor. Tiré dos veces y en las dos sentía su calor, en las dos mi pelo dejó de ser acariciado. Mi pelo se convirtió de repente en el soporte de su estremecimiento.

Dudaba de mi siguiente paso. No quería defraudarla. Me gustaba, la deseaba y la respetaba. Pero ella se percataba de mis dudas. Me cogió de la mano y entonces  la veía en forma panorámica. Me dijo: "ven conmigo" . Me llevó a un sofá grande del despacho, silenciosamente. Y yo hice lo que me dictaba mi corazón. Le pregunté:

—¿Qué es lo que quieres que te haga?

—Lo que sea que me vayas a hacer es más cómodo aquí, ¿no crees?

Se tumbó en el sofá. Y ahora la veía en horizontal. Me gustaba más así. Me salía un deseo de besarla, de mordisquearla, de sentir sus suspiros, venidos a quejidos. La besé en la boca. Me quitó la camisa. Me rasgó la espalda con sus uñas. Sentía dolor y cosquilleo. Mis manos acariciaban sus muslos e iban bajando. En cada beso, sus ¡ah! eran acelerados. Mis manos me quitaban los obstáculos. Cada movimiento de mi boca, era un lamento de ella.

-sigue y termina en página siguiente-


Comentarios

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII

    Su respiración agitada de hacía poco se iba relajando. Me llevó de nuevo a su cara, su pelo revuelto, su mirada dulce. "¡Me tienes loca!", me dijo. "¡Y tú a mí!", le dije. Y nuestros cuerpos se fundieron, y pasó lo que tenía que pasar, que ellos solos se entendieron y es de caballero de esto no hablar.

    Yo estaba feliz, y veía una mujer feliz. Me besaba y a la vez me quitaba los pantalones. Verla dándome placer es más que felicidad, como pasar del sólido al gaseoso. Ella quizá no lo ignoraba, pero mi completa felicidad consistía en follármela y llevarla al paraíso, y esto valía más que cualquier otra cosa.

    Terminamos de follar, nos vestimos y charlamos tranquilamente. No me amaba apasionadamente, tampoco yo a ella, sólo nos deseábamos y nos gustaba estar juntos y follar. Estábamos convencido de eso. Un día me propuso citarnos varias veces al mes en algún lugar íntimo. Me pedía que llevase ron, que ella iba a llevar zumo de naranja. Le sugerí zumo de limón, pero insistía en zumo de naranja. Pero una vez más ganaba Eva.

    Nuestras relaciones de sólo sexo, duraron un año. Pero con el tiempo nos íbamos cogiendo cariño, un cariño especial. Contribuyó su esposo en que lo nuestro terminase (quizás por andaba mosca y podía perder lo que siempre había ignorado). Un día apareció de pronto y se la llevó a no sé dónde. Y yo me quedé solo, a pesar de mi esposa. Se acabaron mis citas con ella, mis conversaciones con ella, mis besos con ella, mis abrazos con ella, mis zumos de naranja con ron con ella,  mis follares con ella…

    Ahora, en mi casa, tumbado en el sofá, y sin resfriado, pienso en el ron con zumo de naranja. Y también pienso en ella y en lo difícil que resulta encontrar una mujer así: guapa, elegante, con un buen cuerpo, libre, liberal… una mujer, en cierto modo, feliz por como es, pero una mujer abandonada, como yo.

    Pero, por lejos que se la lleve su marido y por acaramelado que ahora se muestre con ella, sé que volverá a mí. Sin ataduras, pero volverá a mí. Yo le daba lo que no le no sabía o no quería darle su marido. Y mi esposa, como siempre, sólo entregada a sí misma, sin preocuparle mi persona, y mucho menos mis necesidades fisiológicas.

    Ella volvió y me buscó. Y ahora para no separarnos nunca más. Se divorció y se repartieron los gananciales. Me divorcié y nos repartimos los gananciales. Y ahora, ella vive en su piso y yo me he comprado un apartamento. Lo mejor de todo esto es que ni ella ni yo tenemos hijos de nuestras anteriores parejas. También nosotros decidimos no tenerlos. Somos felices sin ellos. Seguimos en nuestros respectivos puestos de trabajo. Nos hemos enamorados. Viajamos, siempre que nos lo permite nuestras economías, a muchos lugares, nos divertimos, follamos a mansalva, la amo, me ama. 

    ¡Ahora, la vida nos sonríe!


    A Chávez López
    Sevilla sep 2025

     :)
     

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