La conocí en un bar de copasAquella morena de rompe y rasga despertó, reminiscente y resacosa, de una madrugada de libaciones y trasnoche. Sus ojos negros, sus mullidos labios carmesí y sus erectos pezones purpúreos, invitaban a gozar de nuevo de su anatomía cobre. Su curvilínea figura era tan perfecta y tan atrayente que no podía resistirme a la tentación de mordisquear sus dos puntiagudos botones y saborear su sensible mirto clitoromegalio.
Con una lentitud ensayada se puso en pie, completamente desnuda. Paseó su esbelta imagen mostrando una energía sexual en ebullición, como pidiéndome guerra. Después, se tumbó sobre la cama, exponiendo su suntuoso y redondo culo, a la vez que se iba pellizcando los pechos y lanzando miradas de esos... "ven, ven, ven...".
El cansancio me podía, pero una vez más a sus encantos me rendía, uniendo mi cuerpo al suyo. Y, claro, pasó lo que tenía que pasar, que ellos solos se entendieron, pero de caballero es de esto no hablar.
¿Era una hembra sumisa en la cama o se portaba así, para más tarde, a medida que la pasión la desbordaba, transformarse en una ansiosa ninfómana por conseguir más?
A Chávez LópezSevilla julio 2025