Dicen que mi presencia es un reclamo a la impudicia,
que el deseo se ha vestido con mi nombre;
la semilla del pecado con mis artes.
¿Qué teméis? Si no mora en mí ningún infierno
al que no hayáis deseado descender…
Si tan solo soy reflejo de lo humano
y extensión de la máxima divinidad.
No hay en mi alma más pecado ni mayor lujuria
que la de los ojos que me quieran contemplar.


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Sutilidad en tu péñola