Sofía y sus recuerdos
Había dejado de contar sus pasos hacía mucho tiempo. Dejaba atrás la gente y comprendía lo mucho que amaba el silencio, tras estar sin él, en lo diferente que veía todo después de pasar horas de nostalgia.
En aquel lugar se sentía inadvertida, y acogida y sola a la vez.
¿Cómo podía desear un estado tan triste? La soledad la dejaba sin máscara, y podía verse a sí misma, presentada a través de un mar delante de ella.
El Sol asomaba por el horizonte, iluminándole la cara y reviviendo su iris multicolor. Aquel era el momento de cerrar los ojos y esbozar una sonrisa.
Había estado años buscándolo, y resulta que lo tenía delante de sus narices. Volvía a sonreír, quería saborear el momento una vez más, quería volver a recrear sus labios en los recuerdos. Eran tan diferentes...
¿Por qué un dios no podía enamorarse de una mortal? Quizá precisamente era eso lo que hacía de la situación una situación tan especial.
A pesar de la diferencia tan abismal, la aguardaba un sentimiento entrañable. Sólo esa noche...
Y después, todo volvería a ser como antes; todo volvería a transcurrir como si nada. Pero, eso sí, con una sonrisa dibujada en su historia.
A Chávez LópezSevilla mar 2025
Comentarios
Gracias, Luis. Esta es una de las pequeñas historias que se me ocurren.
Un saludo afectuoso