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Locos de remate los dos

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
editado enero 2025 en Narrativa

Locos de remate los dos

Anselmo llegó al cementerio de su ciudad. Visitaba diariamente a su esposa y cuidaba su tumba. Pero ese día, mirando con indignación la tumba, se percató de un movimiento de tierra y de que el ataúd no estaba allí dentro.

—Ayer se lo llevó un chico con mucho pelo -le informó el sepulturero, que se dio cuenta del nerviosismo de Anselmo
—¡¿Por qué y para qué?! –le preguntó, más indignado aún.

Y sin esperar una respuesta, perdió los nervios y cogió del cuello al sepulturero, de quien logró que le dijese la dirección del joven melenudo. Ya informado, lo miró a los ojos y le dijo:

—Nadie sabe el sagrado valor de un Amor hasta que no lo pierde.

Corriendo se fue hacia la dirección indicada. Al llegar allí, tocó varias veces el timbre; y, alarmado, abrió la puerta un joven con la cabellera revuelta y portando en una de sus manos un libro de psiquiatría. Se estaba preparando el examen final de su carrera. No le dijo nada a Anselmo, pero Anselmo, llorando y excesivamente nervioso, le preguntó:

—¡¿Dónde está mi esposa?!

El joven sabía a quién se refería. Lo llevó hacia su cuarto, y ya allí, Anselmo posó la mirada en un esqueleto, que sobresalía en un rincón, donde también había un escritorio, sobre el cual tenía el joven sus libros y sus apuntes. Anselmo se arrodilló  ceremoniosamente ante el esqueleto y pronunció las siguientes palabras:

—Amor, si has escogido este lugar para tu eternidad, lo respeto. Pero déjame que venga a visitarte todos los días.

Por supuesto, el estudiante no se opuso a las palabras de Anselmo, y cada día limpiaba a conciencia su cuarto porque sabía que Anselmo iba a venir. Esos días eran vividos con intensidad por los dos. Intensidad, empero, era un sentimiento pequeño para el viudo Anselmo

Y llegó el día siguiente...

—Amor, te he traído tu vestido de novia y tu peluca pelirroja. Yo te voy poner las dos prendas. Seguro que las vas a lucir tan bien como aquel maravilloso día de nuestra boda.

Y seguidamente, ceremonioso y con mucho cuidado, le puso el vestido y la peluca al cadáver de su esposa.

—¡¿Ves, Amor?, te veo guapísima!

Y llegó el tercer día...

Anselmo llevaba en la mano un vaso con leche caliente y Cola Cao.


—Amor. Aquí tienes tu desayuno. Yo te doy la leche. No te pude traer tus galletas favoritas porque no las había de coco.

Acercó la mano derecha e inclinó el vaso que contenía la dulce bebida, no percatándose de que el líquido se iba filtrando por las costillas, salpicando los libros y los apuntes del estudiante, el cual se enfadó, sobre todo al ver "su esqueleto" manchado entero de marrón

Y llegó el cuarto día...

—Amor. Te traje tu carmín, tu colorete y tu rímel, y tu espejo para que te veas. Yo te maquillo.

Y así, día tras día, pasaba el tiempo con la misma cantinela de un Amor delirante. 

Hasta que al estudiante le llegó la hora de entregar su tesis en la universidad. Había basado todo el texto en las impresiones recogidas de Anselmo. En dicha tesis se contemplaba incluso los delirios del viudo. Y el resultado final fue un sobresaliente alto, un “10”.

Antes de los preparativos de la fiesta de la graduación, el director de la sección de psicología le preguntó al estudiante:

—¿Quién te va a entregar el título
—El esqueleto que tengo en mi casa –respondió.

Ese misma mañana internaron a Anselmo en un manicomio. Y el decano de la universidad se lamentó de haber entregado el título de Psiquiatría a un enfermo mental, al que, un día después, también ingresaron en el manicomio.




A Chávez López
Sevilla ene 2025

 :) 

Comentarios

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    editado enero 2025


    Conozco bien a un señor de mi ciudad (era un empleado en mi antigua empresa en mis tiempos de empresario, pero ya próximo a jubilarme con setenta y tantos) que se quedó viudo teniendo 59 años, y la nostalgia por su esposa se convirtió en delirio, un delirio igual o parecido al de Anselmo del mi relato. Su esposa fue enterrada en el cementerio San Fernando de Sevilla, y sé y me consta que no falla ni un solo día en ir a visitar la tumba, esté lloviendo, diluviando o en verano con 45 grados. Le aconsejé que asistiera a un psicólogo, a lo cual se negó alegando que está perfectamente cuerdo y que el visita diariamente los restos de su esposa le ayuda a vivir. Y ante esa respuesta...

     :)
     
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