Sevilla ene 2025
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antonio chavez
Miguel de Cervantes s.XVII
Rosa y su pudor
Era una mañana como cualquier otra de invierno, con el cielo teñido de gris que anunciaba lluvia.
Rosa se levantó temprano, como siempre, pero esa mañana había algo distinto. Sentía una ligera presión en el pecho, una incomodidad que no podía explicar del todo. Tal vez era el recuerdo de lo ocurrido la noche anterior, cuando en una reunión con amigos dijo algo que ahora le parecía embarazoso.
El pudor es así: una sensación tan personal y silenciosa que, aunque no lo menciones, te acompaña a todas partes como una sombra discreta.
Rosa repasaba en su mente cada palabra que había dicho, cada mirada que había hecho y había recibido, cada sonrisa que interpretaba como un gesto de burla. ¿Estaba exagerando? Probablemente, pero el pudor rara vez escucha razones.
En el trayecto hacia su trabajo, decidió detenerse en su cafetería de siempre. Quería darse un nimio capricho: un café con leche y calcio y un croissant con mermelada y mantequilla. Mientras esperaba su pedido, sentía cómo el pudor volvía a atacarla cuando el camarero, con un gesto amable, le decía: "Hoy la veo especialmente bella". Ella no supo cómo reaccionar; su mente, siempre rápida para ver las cosas de un modo negativo, pensaba que tal vez lo decía por cortesía o, algo peor, como una burla encubierta.
El día transcurría entre tareas laborales y momentos de introspección. En su oficina, Rosa intentaba mantenerse al margen de las conversaciones grupales. Sabía que, en el fondo, su timidez era lo que alimentaba su pudor, pero no podía evitarlo. Su compañera del trabajo, Inés, notaba su actitud retraída y le preguntaba: "¿Te encuentras bien?". Rosa respondía con una sonrisa breve, asegurándole que estaba bien, pero por dentro se sentía expuesta.
Por la tarde, Rosa tenía que asistir a una presentación en público, algo que normalmente la ponía nerviosa. Había ensayado durante cinco o seis días, pero al pararse ante la gente, sentía que sus palabras se quedaban atrapadas en su garganta. En esos momentos, el pudor no sólo se manifestaba como una emoción, sino también como una barrera física. Cada tropiezo en sus palabras era un recordatorio de su temor a los juicios ajenos.
Empero, algo cambió al final del día. Mientras regresaba a su casa, se cruzó con una niña que jugaba a la comba. La pequeña reía con una libertad que Rosa no recordaba haber sentido nunca. Ese momento la hizo pensar: ¿por qué permitía que el miedo al qué dirán controlara su vida?
Esa noche, Rosa tomaba una importante determinación. Se prometía a sí misma que iba a aprender a convivir con su pudor, en lugar de dejarse dominar. Sabía que no sería fácil, pero entendía que el pudor, lo mismo que otras emociones, era parte de su humanidad, no una sentencia.
Y así, con esa significativa resolución, Rosa se sentía más ligera. Quizás al día siguiente podría enfrentarse al mundo con menos miedo y más valentía.

Comentarios
Lo que se conoce popularmente por pudor (proviene del latín "pudoris"), significa recato y hace palmaria referencia a la modestia, la honestidad y la vergüenza. Intenta proteger la sexualidad e intimidad de las personas, e invita a que haya un misterio en la relación personal y en el Amor.
Gracias por leerme y por colaborar en el foro. Tus textos también son brillantes. Sabes que te sigo y te leo, tanto aquí, aunque no comente nada, como en tu página.
Saludos afectuosos