Un pequeño extracto de mi relato "El Blues de Billy Wells"
Un poco después, otro policía comenta a mis interrogadores que lo que hay en el maletín es una radio de onda corta que parece ser de fabricación soviética.
«Ahora sí que estas metido en un problema de los de verdad», me dice el policía. Desde ese momento me ponen en manos del FBI.
«No me dan miedo esos pijos de ciudad», pienso yo. Por algún motivo no termino de aceptar la situación en la que me encuentro.
Pero la realidad me cae como otro enorme bofetón más. Los del FBI son distintos; juegan en otra liga. Su forma de proceder y de interrogar me hacen entender que están acostumbrados a tratar con la peor clase de gente que hay en el mundo; gente mala de la de verdad, y que yo sólo soy un molesto trámite. Su interrogatorio dura sólo unos minutos. Esa gente sabe como jugar con tu mente para que cantes. Sin salirse de tono ni una sola palabra, te intimidan psicológicamente de la peor manera que te puedas imaginar.
Te marcan como a una res, te despiezan y luego te tamizan para que sueltes todo lo que necesitan oír sin que apenas te hayas enterado.
Hay mucha paranoia en todo el país con el tema de los soviéticos y todo el proceso es rapidísimo; es de máxima prioridad. Antes de darme cuenta ya estoy ante un juez. Si hay un caso relacionado con el espionaje, las cosas son distintas. «Pase lo que pase, no te librarás de la cárcel», me dice el abogado de oficio.
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