Hay que escribir de todo y ayer a esa chica le estaban pegando en las tetas en la trastienda de un local y gritaban “¡dale duro, dale duro!” y uno decía “¡se lo merece!” mientras un tipo la embestía una y otra vez y yo me masturbaba. Entonces me corrí. Apagué el trasto este y me subí los pantalones después de doblar la servilleta que había utilizado para limpiarme, me dirigí al cuarto de baño, la tiré por el retrete y tiré de la cadena. Ni siquiera había sido como esas escenas que atraviesan la demencia y donde la enervación de los sujetos involucrados se extralimita. Para nada. Era un trámite. Esas personas decidían ponerse ahí no por deseo, parecía, sino por algún otro tipo de interés, seguramente económico. Por un momento pensé que me había hecho una paja viendo a los malos pero eso es apuntar muy alto. Y si eran malos, al fin y al cabo, lo eran simplemente follando. Lo siguiente es desdecirse de todo. Tratar de comprender los efectos sublimados que esas escenas provocan en la conciencia. Porque, desde mi decencia, jamás participaría en algo así, aunque de algún modo ya lo hice. Para empezar a mí me molesta la gente. Paso a través de ella como un tipo curioso que la mira con extrañeza y no se involucra demasiado. Amo mi soledad. Una fiesta con mujeres atadas y tipos con grandes pollas trepanándolas, sí, así expuesto puede parecerme sugerente, pero la realidad siempre es mucho más prosaica. Y me gusta, me gusta el sexo duro, me gustan las mujeres más perras y sumisas que pueda concebir, pero todo ello es en base a una idealización que solo en lo más remoto de mi imaginación existe, y que no se traduce en bofetadas y maltratos, sino en impetuosidad y desafuero. Supongo que está mal hablar de cómo folla uno, al fin y al cabo hace mucho que no lo hago, y con cada mujer a lo largo del tiempo puede resultar diferente. Pero la única referencia que tengo es la de una novia que tuve, no porque me lo dijese a mí, sino porque le dijo a un colega que tenía por aquel entonces que yo era muy bruto. Aquello acabó terminando, con el colega también. Y ya lo he dicho en alguna otra ocasión, el sexo es un asunto turbio. Estas representaciones de las que he empezado hablando se generan cada vez con más asiduidad, como manifestaciones demoníacas, a plena luz del día, con personas asistiendo de rostros descubiertos, y no es que me parezca algo ominoso o vituperable, pero es síntoma de que el amor hace ascuas. No sé qué es lo que buscamos con la mierda del sexo, pero vamos directos a por él. Y me parece mucho más aterrador que desde instituciones gubernamentales se trate de adoctrinar con propaganda estúpida la conducta sexual haciendo alusión a una ética educativa. Todos deberíamos de ser libres en el ámbito de nosotros mismos. Me importan poco las personas que hacen estos vídeos, y me importa poco el curso de la Humanidad, nadie va a salvarte de nada, tendrás que comerte toda la mierda tú solito, y hay una gran cantidad, yo ya hace tiempo que abandoné el colegio, pero qué afortunado me siento por no tener que vérmelas con este mundo idiotizado de Internet. Cuando yo era joven se hablaba de los contenidos con violencia, de los videojuegos, y lo que pasa es que no se permite al individuo pensar por sí mismo, asimilar cada contenido por su propia cuenta, como si fuésemos hijos de un sistema y no individuos. Y cómo le gusta al sistema recurrir a sus “casos perdidos” para ponerte enfrente la problemática a la que se enfrenta la sociedad. Pero qué hijos de puta. En fin, si te gusta que te follen duro pues que te follen duro, igual mañana prefieres mimitos, o igual llega un día y te enamoras, y entonces eso sí que es duro. Follen amigos, como les venga en gana.