¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

Accedí a sus deseos

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
editado octubre 2024 en Erótica

Accedí a sus deseos

Me llamo Andrea y nací en la ciudad de Sevilla, pero vivo en la capital de España, Madrid.

Lo que les voy a contar a continuación ha sucedido en realidad, pero altero intencionadamente algunos datos para respetar la privacidad de los dos protagonistas.

 

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

 

Todos tenemos un lado oculto; una parte secreta y oscura que nadie conoce, pero cuya existencia tenemos que admitir. Mi lado oculto se llama Mario, un chico sevillano guapísimo de 33 años, tres más que yo.

Ejercía yo de ginecóloga en Madrid y él de ginecólogo en Sevilla. A pesar de lo que pueda parecer, nuestro punto de contacto no era la Ginecología, porque lo conocí a través de un videojuego, al que mi novio, con el que tenía una larga relación, llena a tope de altibajos, se había aficionado cuando empezamos a vivir juntos, dos años y cinco meses ya.

Una noche me pedía mi novio que telefonease a Mario, que era uno de los jugadores con los que jugaba, para decirle que no se podía conectar porque teníamos problemas con el Internet. 

Mario sabía quién era yo; y, tras breves y mensajes, le decía que podía llamarme cuando quisiera “por si necesitaba algo de mí”. Pero le decía eso sin imaginarme que era en ese momento cuando empezaba a caer en una vorágine de dulce perversión de la que no tenía posibilidad de volverme atrás, pero no sabía si me iba a arrepentir.

Días después de eso, una madrugada del mes julio, que, como venía siendo normal, no podía dormir, tenía las puertas de la ventana de mi dormitorio abiertas de par en par, y la luz de la Luna llena arrancaba un destello plateado al sudor que perlaba mi cuerpo, completamente desnudo. Hacía un calor sofocante. Y a mi lado, en nuestra cama, mi novio impasible roncaba y, para no variar del último año, ni me había mirado. Cogía mi móvil, sin saber qué hacer para vencer mi insomnio, y lo que hacía era releer algunos mensajes que había mantenido, vía correo electrónico, con el director de mi hospital.

Pero en ese momento se oía un clic. Alguien hablaba por mensajería. Un escueto: “¿qué haces todavía despierta?”, de Mario, por supuesto. Él sabía que no dormía bien, y también sabía (ignoraba yo quien se lo había dicho), que hacía meses que mi novio no me echaba cuenta, sin darme explicaciones. Me levantaba de la cama, procurando no hacer ruido y sin responder todavía a Mario. Tamborileaban quedamente mis pies descalzos sobre el parqué mientras caminaba hacia el salón.

Me tumbaba en el sofá y tecleaba; “pues ya ves, sigo sin poder dormir; hace mucho calor y tengo cosas en las que pensar”. Empezamos a cambiar futilidades, pero cuando el Cu-Cu del salón cantaba las tres me hacía la pregunta que acababa por despertar al animal que había dentro de mí. “¿Puedo preguntarte algo indiscreto?”. Intrigada, le respondía que sí, que por supuesto, y entonces largaba: “¿qué harías o dirías tú si yo te dijese que pienso que estoy contigo?”. No lo pillaba, y por eso le preguntaba a su vez: “¿quieres decir con eso que fantaseas conmigo cuando tienes ganas de mujer?”.

Obviamente no podía referirse a otra cosa. Me sentía extraña: “¿Estar conmigo?”. Le agradecía su sinceridad y le decía que por qué me había contado eso. Entonces, soltaba la segunda bomba: “porque estoy ya harto de que sólo sea fantasía; quiero que se haga realidad”. Un súbito rubor pintaba mi cara. Contenía la respiración unos segundos. “¡Joder con Mario, me ha dicho claramente que quiere hacer el Amor conmigo!”, pensé.

Iba a responderle que no, que yo no era de esa clase de chicas. Mi vida sexual había estado regida siempre por una simpleza que rayaba en la mojigatería, y a pesar de mi edad, había mil mundos que aún no conocía. Pero una vocecita en mi interior me decía: “¿y por qué no?”. Me mordía los labios, excitada. La idea me atraía, ¿pero estaba dispuesta a pasar por alto los convencionalismos sociales, los tabúes y las habladurías?

Aún esperaba Mario mi respuesta, y yo ya sabía qué le iba a responder, sólo que mi mente era incapaz de asimilarlo. Un ronquido que sonaba a desdén, procedente de mi dormitorio, precipitaba mi decisión. “¿No me merezco yo algo diferente?”. Esa pregunta mía acababa por convencerme. Tragaba saliva y, decidida y convencida, tecleaba:

De acuerdo, cuándo y dónde.

 


 

A Chávez López
Sevilla oct 2024

 :)
 

Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com