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¿Es la felicidad una utopía?

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
editado septiembre 2024 en Narrativa

¿Es la felicidad una utopía?

Hace un montón de años, un chico joven que tenía los apellidos de una familia de la alta sociedad, heredó una inmensa fortuna de un familiar millonario, que mes atrás había fallecido. No le conocía en persona, pero no le importaba lo que le había sucedido a su pariente; sólo le interesaba heredar su dinero y olvidarse cuanto antes del asunto, imaginándose cuantísimas cosas podía comprar y hacer con todo ese dinero.

Día después de heredar se compró dos coches de alta gama, una mansión, un barco y una docena de caballos árabes de carrera. Contrató a personas para el servicio: dos doncellas, un chófer, un mayordomo y dos jardineros, y enseguida comenzó a codearse con personas distinguidas de la ciudad y, rápidamente, normal, despertó interés en las mujeres de ringo rango ,que más tarde lucharían por el corazón del protagonista de esta historia.

Un año después de vivir como un rico, sentía en su corazón que se había jactado de tanta abundancia y buena vida, pues tenía tanto poder que podía conseguir todo lo que se le antojase. Compró propiedades costosas, adquirió fincas, urbanas y rústicas, se encamaba con mujeres bellas, se compraba caprichos superfluos, y al cabo de poco  tiempo los sustituía por otros más costosos, y más modernos, asistía a los mejores eventos, hacía viajes por todo el mundo, sin límites de tiempo ni dinero, se relacionaba con la gente más exclusiva, pero las conversaciones con sus nuevos amigos eran de lo más banal.

Enseguida empezó a sentir que si todo lo que lograba tenía un precio; es decir, si lo podía lograr con dinero, ¿qué mérito tenían sus conquistas? ¿Qué tenía de verdadero lo que había conseguido? Se percataba de que toda la gente que lo rodeaba sentía admiración sólo por lo que representaba, por su estatus en la sociedad, no por lo que realmente era: un chico de 27 años sin nada especial.

Comenzó a sentir un vacío en su corazón, veía que nada era verdadero, ni siquiera su esposa -una chica guapísima que había ganado concursos de belleza- lo único que a ella la ambicionaba era quedarse con todo lo que él tenía. Así que descubrió que tenía un lado espiritual (el alma), que nunca se había encargado de alimentar. Creía que, con cubrir sus caprichos materiales, bastaba para alcanzar la codiciada felicidad.

Una mañana despertó decidido y dispuesto a dar un cambio drástico a su vida. Haciendo caso omiso de las advertencias de su mujer, donó toda su fortuna a los pobres y vendió sus propiedades en beneficio de la lucha contra la hambruna. De un plumazo, se deshizo de sus posesiones materiales, guardó sólo un pequeño resquicio para comprarse una casita en un pueblo, donde sólo vivía gente “normal”, y con el paso de los días, su entorno elitista le abandonó, incluido su esposa, que finalmente se divorció de él. Nada quedó de su antiguo ambiente después de su gran gesta.

40 años después, alguien de su antiguo mundo, un joven que ni siquiera había tenido la oportunidad de conocerlo en persona, fue a visitarlo porque sentía curiosidad por saber qué había pasado con aquel hombre tan altruista. Algo terrible le debió ocurrir para hacer lo que había hecho, ya que su historia con el paso de los años se convertía en una anécdota de la que todo el mundo hablaba durante mucho tiempo y todos coincidían en algo: “ese pobre diablo se ha vuelto loco”.

Aquel chico llamó a su puerta y lo recibió un anciano de cuidada barba blanca, vestido con indumentaria antigua y remendada, pero limpia. El chico lo siguió hasta una pequeña sala, impresionado por lo ordenado e higiénico que estaba todo el interior de la casita, que en nada coincidía con la dejadez del exterior y la suciedad que cubría las otras. En la salita estaba un perro viejo que no podía caminar, y un pajarito en una jaula que no podía volar. El anciano se ocupaba de cuidar a los dos. El chico le preguntó, sin tapujos, que si lo que usted había hecho de joven era verdad o era un bulo. Pero al ver que el anciano reía sin parar, le hizo la pregunta más importante: "¿estaba usted loco, señor?".

—No -respondió lacónico el anciano.
—¿Y por qué decidió vivir en la pobreza?

El anciano, tocándose su barba, respondió:

—Para ahuyentar a las falsas amistades.

Entonces, el chico tuvo un golpe de inspiración y le preguntó:

—Señor, ¿ha encontrado usted el secreto de la felicidad?

El anciano, sorprendido, lo miró y le dijo:

—¡Claro que he encontrado el secreto de la felicidad!

El chico, exaltado, le preguntó que cuál era el secreto.

El anciano respondió:

—La felicidad es estar donde uno desea y con quien desea, por eso es importante que entiendas que debes luchar hoy para que mañana puedas estar en el lugar que quieres y con la gente que realmente te quiere. Ese es el secreto de la felicidad.
—Entonces… ¿ser millonario no es el secreto de la felicidad?

—Precisamente eso ha sido el secreto de mi infelicidad -respondió el anciano. Todo lo que hacemos en la vida es para alcanzar un estatus, y la gente que se atrae por nosotros no es verdadera. Cuando comprendas que quien se te acerca lo hace sólo porque le importas y no por lo que tienes o representas, empezarás a saber el secreto de la felicidad. Por tal razón he luchado toda mi vida para saber que lo que he conseguido, aunque poco, es verdadero.
—No entiendo lo que me ha dicho, señor.
—Pues trata de entenderlo con esta pregunta que te voy a hacer: ¿por qué luchas tú?

El chico se encogió de hombros, y, sin responder ni despedirse del anciano, salió huyendo a todo gas.


A Chávez López
Sevilla sep 2024

 :) 

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