No sabía bien dónde postearlo, así que preferí ponerlo aca...
saludos a todos!!
<< Miradas Urbanas >>
Caminando por las calles de siempre.
Encontrándoles un sentido distinto, sintiendo mis pasos como los de otra y escuchando cada ruido multiplicado a cien.
Observando como es de costumbre, oliendo el frío y apagando el cigarro con mi pie derecho para prender otro con mi mano izquierda.
Mirando el cielo buscando la nube más lejana y con más formas, viendo solo una gran nube sobre esta ciudad maldita de grises.
Buscando en los rostros que me rodean alguno que se me haga conocido, ¿no habrá por aquí algún amigo?, quizás algún compañero de camino o tal vez incluso un antiguo amor.
NADIE
No hay nadie, por que este mar de gente que camina con una velocidad 3 veces superior a la mía, no tiene ni nombre ni apellido en mi historial.
Pasan tan rápido que apenas les huelo el aura. Ese olor a cansancio, a despertarse a las 5 AM para luego de muchos viajes llegar a trabajar a las 7; esas arrugas que más que por edad son signo de una vida poco feliz, esas mentes conteniendo ideas, con imaginaciones tan infinitas tal vez como la mía pero que no logran salir en forma de ideas por sus bocas secas y marchitas por miedo al que dirán, por miedo a fracasar...
Sigo mi camino escuchando mis canciones del momento, creo que la vida es un musical... o será que adoró tanto la música que siempre es tan importante. Cambió la canción a una que se adecue al momento, mientras observo como la gente sale rauda de una escalera que los lleva a superficie... tienen todos el mismo olor, la misma presencia... esta ciudad maldita los tiene mecanizados, falta el día en que con el aire gris se les imprima en el cuello un código de barras para no permitir que ninguno de sus corderitos se escape.
Pasa la hora y yo sigo caminando por estas calles, siento pena en el ambiente y no se que saco con seguir observando. Tengo miedo... miedo a ser como ellos, a ser una más del montón, a oler a ciudad, a oler a grises...
a no marcar la diferencia, a caminar rápido sin detenerme a observar ningún segundo específico... miedo a que mi vida sea de casa piloto o a tener la típica familia de país en vías de desarrollo.
Otro cigarro, otro paso...
Aparecen calles a las que no había llegado en mis anteriores excursiones por el demonio gris. Rayos!, estoy lejos de casa al parecer... pero que importa!, si de aquí puedo llegar a todos lados, está todo controlado...
Sigo observado y está ves sólo las vestimentas han cambiado... la gente es en el fondo igual. Pensamientos de otro tipo recorren sus mentes, pero son igualmente acorralados... ¿donde está la creatividad?
Es como vivir en blanco y negro mientras camino por estas calles...
Y usted se preguntará mi querido lector, si es que alguien llega a leer esto, ¿por qué mejor no me dedico a hacer otra cosa que no sea observar?
Ha de saber que está es la profesión que elegí, que estudio otra cosa, que vivo otra cosa, pero que en mis momentos libres, cada vez menos por las exigencias de la vida que llevo, me dedico observar... nadie me paga por esto, ni aportó en nada... sólo escribo...
Una plaza se asoma, con árboles grises y gente gris. Estoy segura que hoy es día de encontrar algo distinto.. Vamos, vamos!!... algo ha de haber...
Miro cada banco y en cada uno hay parejas alumbradas por el amor con la alegría del querer y eso deduzco es lo rescatable del día... pero no puedo evitar que la tristeza inunde mi cuerpo y que unas tímidas lágrimas recorran mi rostro al recordar que no hay nadie para mi hasta ahora.
En eso estoy cuando busco un lugar para sentarme, pues no quiero que piensen que aparte de maniática observadora estoy loca y lloro mis penas
sin vergüenza por las calles.
Me siento, saco otro cigarro y no alcanzo a prenderlo porque en este viaje urbano he perdido mi encendedor... rayos!...
Busco entre la gente alguien que tenga cara de fumar, ja, eso es fácil bajo este gris cielo... todos fuman...
mi cuento complicado es que son todas parejas, y uhmmm... no soy muy buena tocando el violín.
De repente veo un banco ocupado sólo en la parte izquierda, con un tipo que debe tener mi misma edad, y que se encuentra escribiendo
en un cuaderno algo arrugado pero que parece tuviera mucho que contar. Tiene en su mano izquierda un cigarro y a pesar de que no es guapo
como aquellos que aparecen en comerciales de esta vida globalizada, tiene en su porte algún encanto que me sonroja al momento que le pido fuego.
Prendo el cigarro y el me comenta "deberíamos dejar de fumar" mientras me pega una mirada sonriendo, y yo encuentro tanta complicidad en esa frase
que se me desarman los esquemas... Con la valentía que no-tengo, le pregunto si puedo sentarme a su lado a lo que responde con una sonrisa y
un por su puesto.
Empezamos a conversar y veo que no soy la única observadora ni tampoco la única que ve todo tan gris y está contenta de encontrar color.
No se su nombre pero ya me está contando su historia, no sabe mi nombre pero ya sabe que hago por la vida y a que le temo.
Nos despedimos al momento en que se hace tarde y es hora de ir a casa, le digo mi nombre, me dice su nombre...
Todos los días desde ese entonces me busca y lo busco en la misma plaza... todo lo demás es otra historia y distintas miradas urbanas...