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Morfeo no puede con mi insomnio -3-

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Comentarios

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    ¡Larga vida al positivismo!

    Existen días que, cuando uno se levanta de la cama presiente que se van a convertir en auténticos desastres, pero tenemos que pensar en los días buenos, siempre que se sea capaz de reconocer los días malos no como un síntoma de fracaso o flaqueza, sino como una parte de la condición humana y el derecho a ser imperfecto. Así, uno es capaz de mantenerse sin la necesidad de aferrarse a alguien en quien apoyarse. Aunque, por otro lado, siempre es recomendable que haya alguien próximo a uno. No resulta divertido, por contra desolador, permanecer siempre solo.



    A Chávez López
    Sevilla feb 2024

      

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    No se puede aprisionar a la expresión

    La libertad de expresión tiene un campo de acción mucho más amplio que la libertad de información, sencillamente porque no comprende la comunicación de los hechos, sino la emisión de los juicios, creencias y opiniones de carácter personal subjetivo.



    A Chávez López
    Sevilla feb 2024

     

     
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    No sabe... no contesta...

    Me intriga qué satisfacción puede haber en el mal gusto. ¿Será el placer por desagradar?


    A Chávez López
    Sevilla feb 2024

     o 

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Error aterrador

    Todos cometemos errores, pero terrible es si se trata de una vida humana.



    A Chávez López
    Sevilla feb 2024

      

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    El deseo es un gigante

    El deseo es un gigante porque vence al miedo, quita todos los inconvenientes y allana las dificultades.




    A Chávez López
    Sevilla feb 2024

     

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    La guapura y la felicidad

    La belleza física sólo se satisface a sí misma. En realidad, compensa poco a quienes la tienen. Los guapos y las guapas no son más felices por eso.



    A Chávez López
    Sevilla feb 2024

      

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Locura

    Con frecuencia cometo alguna locura para no acabar completamente loco.



    A Chávez López
    Sevilla feb 2024

     

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Metamorfosis del hombre

    El hombre primitivo era casto, hasta que llegó una nueva civilización y lo convirtió en un concupiscente animal racional; como a lobo en chucho faldero.



    A Chávez López
    Sevilla feb 2024

     

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    editado febrero 2024


    Complacencia absurda

    Si tienes por costumbre complacer en todo a todo el mundo, menos a ti, el esfuerzo que haces es realmente agotador, y lo peor es que no te quedan fuerzas para poder reponerte.



    A Chávez López
    Sevilla feb 2024

     

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    No es bueno que el hombre esté solo
    (Eso dice La Biblia)

    Se me antoja pensar que es bueno para un octogenario vitalista (como un servidor) tener a su lado una mujer de 30 años menos que él . 

    (Damas interesadas llamen al 666.666.666, atenderá "Diablito")... jajajajaja...



    A Chávez López
    Sevilla feb 2024

      

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    editado febrero 2024

    Aquello no era mi esposa

    Tengo gafas para ver, para ver verdades. Pero como no siempre ven lo que quieren ver, no me las pongo nunca, sólo una vez.

    Mi amada esposa dormía a mi lado en nuestra gran cama camera, muy pegada a mí. Mis gafas la miraban y la remiraban.

    Pero aquel adefesio que yacía sobre el colchón y tapado con sábana, roncaba.

    Su cabeza, posada en la almohada; tenía la cabellera de mi esposa con los rulos de mi esposa. Los dientes descarnados que mordían el aire a cada ronquido, tenían la prótesis de oro de mi esposa. Le acaricié el pelo y le palpé las mejillas intentando no inquietarla. Pero no cabía duda: aquello no era mi esposa.

    Dejé las gafas sobre la mesilla de noche, me levanté y empecé a dar vueltas por la casa, hasta que Morfeo me llamó y me devolvió a la cama.

    Y desde aquella noche, obsesionado estoy con la metamorfosis que experimentan las mujeres del día a la noche.

    Amo a mi esposa desde el mismo momento en que la conocí, y nunca me interesó otra mujer, pero si antes de casarnos hubiese sabido que en mi esposa se iba a producir tan asombroso cambio, seguro que estaría hoy más soltero que todos los Papas juntos que han pasado por El Vaticano de Roma.



    A Chávez López
    Sevilla feb 2024

     :)
     


  • Aquello no era mi esposa

    Tengo gafas para ver, para ver verdades. Pero como no siempre ven lo que quieren ver, no me las pongo nunca, sólo una vez.

    Mi amada esposa dormía a mi lado en nuestra gran cama camera, muy pegada a mí. Mis gafas la miraban y la remiraban.

    Pero aquel adefesio que yacía sobre el colchón y tapado con sábana, roncaba.

    Su cabeza, posada en la almohada; tenía la cabellera de mi esposa con los rulos de mi esposa. Los dientes descarnados que mordían el aire a cada ronquido, tenían la prótesis de oro de mi esposa. Le acaricié el pelo y le palpé las mejillas intentando no inquietarla. Pero no cabía duda: aquello no era mi esposa.

    Dejé las gafas sobre la mesilla de noche, me levanté y empecé a dar vueltas por la casa, hasta que Morfeo me llamó y me devolvió a la cama.

    Y desde aquella noche, obsesionado estoy con la metamorfosis que experimentan las mujeres del día a la noche.

    Amo a mi esposa desde el mismo momento en que la conocí, y nunca me interesó otra mujer, pero si antes de casarnos hubiese sabido que en mi esposa se iba a producir tan asombroso cambio, seguro que estaría hoy más soltero que todos los Papas juntos que han pasado por El Vaticano de Roma.



    A Chávez López
    Sevilla feb 2024

     :)
     

    hjajajaja... qué guapa sale la esposa en la foto, Antonio:P
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII

    De pronto su deseo se convertía también en el mío

    Nací en Sevilla, pero vivo en Madrid. Lo que voy a contarles ha sucedido en realidad, pero omito nombres para respetar la privacidad de los protagonistas.

    -0-0-0-0-

    Todos tenemos un lado oculto, que es una parte secreta y oscura que nadie conoce, pero cuya existencia tenemos que admitir. Mi lado oculto s un chico sevillano, guapísimo y de 31 años, dos más que yo.

    Ejercía yo de ginecóloga en Madrid y él de ginecólogo en Sevilla. A pesar de lo que pueda parecer, el conocernos no fue por nuestros estudios de ginecología; lo conocí a través de un videojuego, al que mi novio, con el que tenía una larga relación, llena de altibajos, se había aficionado, justo cuando empezamos a vivir juntos, nueve meses ya.

    Una noche, sobre las siez, me pidió mi novio que telefoneara a Alfredo, que era uno de los jugadores con los que jugaba, para decirle que no podía conectarse porque teníamos problemas con el Internet. 

    Alfredo sabía quién era yo; y, tras breves y amenos mensajes, le dije que podía llamarme “por si necesitaba algo de mí”. Pero dije eso sin doble intención y sin imaginarme que era en ese momento cuando empezaba a caer en una vorágine de dulce perversión de la que no tenía posibilidad de volverme atrás, ni yo quería volverme atrás y tampoco sabía si me iba a arrepentir después.

    Días después de eso, una madrugada del mes julio, que, como ya venía siendo habitual, no podía dormirme, tenía las puertas del balcón de mi dormitorio abiertas de par en par, y la Luna lanzaba destellos plateados hacia el sudor que perlaba mi cuerpo, desnudo. 

    Hacía un calor sofocante. A mi lado en nuestra cama, mi novio impasible roncaba y, para no variar de los últimos cinco meses, ni tan siquiera me había mirado. Cogí mi móvil, sin saber qué hacer para vencer mi insomnio, y lo que hice fue releer algunos mensajes que había tenido, vía correo electrónico, con el director de mi hospital.

    Pero en ese momento oí un clic. Alguien hablaba por mensajería. Un escueto “¿qué haces todavía despierta?”, de Alfredo, por supuesto, que sabía que no podía dormía, y también sabía que hacía meses que mi novio me ignoraba, sin darme explicaciones. 

    Me levanté, sin hacer ruido y sin responder aún a Alfredo. Tamborileaban quedamente mis pies descalzos sobre el parqué mientras caminaba hacia el salón.

    Me tumbaba desnuda en el sofá y tecleaba; “ya ves, sigo sin dormir; hace mucho calor y tengo cosas en las que pensar”. Empezamos a cambiar futilidades, pero cuando el Cu-Cu del salón cantaba las tres, me hacía una pregunta que terminaba por despertar al animal que hay en mí. “¿Puedo preguntarte una cosa indiscreta?”. Intrigada, dije que sí, que por supuesto, y entonces largó: “¿qué harías tú si te digo que pienso que estoy contigo?”. No lo pillé, y por eso le pregunté a su vez: “¿quieres decirme con eso que fantaseas conmigo cuando tienes ganas de mujer?”.

    Obviamente no podía ser otra cosa. Me sentía extraña: “¿Estar conmigo?” Le agradecí su sinceridad y le pregunté por qué me había dicho eso. Y, entonces, soltaba la segunda bomba: “porque estoy harto de que sólo sean fantasías; quiero que se hagan realidad”. 

    Un súbito rubor pintaba mi cara. Contuve la respiración durante unos instantes. “¡Joder, me ha dicho claramente que quiere hacer el amor conmigo!”, pensé.

    Iba a responder que no, que no era yo de esa clase de chicas. Mi vida sexual, siempre ha estado regida por una simpleza que rayaba en la mojigatería, y a pesar de mi edad, había mil mundos que aún no conocía. Pero una vocecita en mi interior me decía: “¿y por qué no?”. Excitada, me mordía el labio. La idea me atraía, ¿pero estaba dispuesta a pasar por alto los convencionalismos sociales, los tabúes y las habladurías?

    Aún esperaba Alfonso mi respuesta, pero ya sabía yo lo que le iba a responde, sólo que mi cabeza era incapaz de asimilarlo. Pero un soez ronquido, procedente del dormitorio que me sonaba a desdén, precipitaba mi decisión. “¿No me merezco yo algo diferente?”. Esta pregunta acabó por convencerme. Tragé saliva y, decidida y convencida, tecleé:

    "De acuerdo, cuándo y dónde".


    A Chávez López
    Sevilla feb 2024

     :) 

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    editado febrero 2024
    Bumblebee dijo:

    Aquello no era mi esposa

    Tengo gafas para ver, para ver verdades. Pero como no siempre ven lo que quieren ver, no me las pongo nunca, sólo una vez.

    Mi amada esposa dormía a mi lado en nuestra gran cama camera, muy pegada a mí. Mis gafas la miraban y la remiraban.

    Pero aquel adefesio que yacía sobre el colchón y tapado con sábana, roncaba.

    Su cabeza, posada en la almohada; tenía la cabellera de mi esposa con los rulos de mi esposa. Los dientes descarnados que mordían el aire a cada ronquido, tenían la prótesis de oro de mi esposa. Le acaricié el pelo y le palpé las mejillas intentando no inquietarla. Pero no cabía duda: aquello no era mi esposa.

    Dejé las gafas sobre la mesilla de noche, me levanté y empecé a dar vueltas por la casa, hasta que Morfeo me llamó y me devolvió a la cama.

    Y desde aquella noche, obsesionado estoy con la metamorfosis que experimentan las mujeres del día a la noche.

    Amo a mi esposa desde el mismo momento en que la conocí, y nunca me interesó otra mujer, pero si antes de casarnos hubiese sabido que en mi esposa se iba a producir tan asombroso cambio, seguro que estaría hoy más soltero que todos los Papas juntos que han pasado por El Vaticano de Roma.



    A Chávez López
    Sevilla feb 2024

     :)
     

    hjajajaja... qué guapa sale la esposa en la foto, Antonio:P

    Es que en las mujeres, el maquillaje hace milagros, cambian un montón de llevarlo a no llevarlo. Pero la que es guapa es guapa, y la que es fea es fea, con y sin maquillaje  :)

    De ahí que yo diga que un hombre guapo es más guapo que una mujer guapa, por la lógica razón de que los hombres nos mostramos tal cual, Aunque desde una o dos décadas a esta parte, algunos tíos se echan crema hasta en las uñas de los pies  :)

     
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII

    De sopetón

    Se coló en mi vida de sopetón, casi sin darme cuenta. Colgó una palabra en la coronaria derecha de mi corazón y me dejó una tarjeta de visita con una invitación a una noche de amor. Desde aquél primer beso; sí, aquel que sonaba a deseo mutuo, nuestros labios se han ido contando miles de secretos.

    Cuando lo vi por primera vez, me pareció que su sonrisa estaba hecha de cachitos de Luna derretida, y  cuando comenzó a visitarme más a menudo, una noche descubrí que era un experto en hacer vibrar las cuerdas del violín de mi cuerpo. Jugaba a ir dejando miguitas de pan en el laberinto de mi vida, y, como magia, me quitaba todas mis penas, le sacaba brillo a mis entristecidos ojos y se comía un deseo y un miedo.

    Cada uno viviendo en su ciudad, una noche que lo añoraba más de lo habitual, intenté imaginar una de sus noches, queriendo hacerla mía, y empecé por beberme su sombra y acabé mal de la cabeza.

    Beoda de sus abrazos y de sus besos, algo en mis adentros me decía que le estábamos sisando a los grillos el protagonismo del concierto más bello de la noche, y entonces una plaga de luciérnagas construía una inmensa luz de placeres, sólo para que nosotros la disfrutásemos.

    Bueno, a lo que iba...

    El problema es que yo había declarado propiedad privada a la frontera que ahora él se ha saltado. Creo que se siente cómodo y por esto no le da la gana largarse. Pero reconozco que me gusta que me arrope con sus besos y que me acurruque con sus abrazos cuando comienzan a sonar las campanitas del sueño.

    “Hija, no sabes lo que quieres”, me dijo en una ocasión mi madre y a veces yo misma me digo eso mismo.

    Y tenía razón mi santa madre. Pero es que él ha cometido el gravísimo delito de penetrar mi hendidura secreta. Se ha desayunado muchas de las horas de la soledad que había en mi dormitorio. Se ha duchado en mi ducha y me ha salpicado todo de recuerdos. Me ha revuelto mi vida. Me ha robado un ‘te amo’ que yo tenía guardado bajo llave, y sospecho que algo ha debido de hacerle a mi cepillo de dientes, porque por más que lo intento no consigo borrar su sabor de mi boca.

    Y ahora no tengo ni pajolera idea de cuál condena se debe aplicar en estos casos. Igual, como no he puesto señal de prohibición, él está en su derecho. Lo cierto y verdad es que estoy hecha un verdadero lío, y no sé qué es lo que tengo que hacer.

    Así que, si alguno de mis lectores es abogado, especialista en las cosas del querer, le pido por favor me informe sobre la condena que le puede caer, porque yo (qué les voy a contar, si ya les he contado todo) me quedo gustosísima con la mía, que es tan dulce o más que el almíbar.



    A Chávez López
    Sevilla feb 2024

     :) 


  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    editado febrero 2024


    Mi amado y añorado padre falleció, y esta misiva escrita por mí a puño y letra se la dejé dentro del féretro.

    Descansa en paz, papá

    Mi padre falleció. Yace ahora en su lecho eterno. Parece dormido, como en el recuerdo de aquellas lejanas siestas de los veranos de mi infancia. Pero ahora su semblante se encuentra cubierto de un frío halo de palidez, y su inerte corazón ha renunciado ya a sus pulsaciones vitales.

    No siempre es fácil asimilar los fenómenos que llegan ocultos bajo la irreal impresión de una cotidianidad inmutable. Es una orden lógica que un hijo vele el cuerpo de su padre, como una mutua obediencia de una ley que no debe ser ignorada ni transgredida de ninguna de las formas. Su cara, limpia de malicia, ante la triste mirada de un hijo, frente a la despedida que nunca debe acabar en la memoria de los vivos y que deviene en reencuentros con el paso del tiempo.

    Miraba al hombre que había puesto su semilla para que yo viniese a la vida, sintiendo a la vez que una parte de mí había muerto en él y que una parte de él seguía viviendo en mí. Sentía que sí hubiese sido yo, de haber vivido en su etapa, las arrugas de mi piel estarían ahora en su piel, como también la experiencia alcanzada en saberes, entrega, trabajo y constancia.

    Si tuviese que destacar una de las cualidades de mi extinto padre, sería, sin duda, su inagotable vitalidad, la cual la hacía extensible a todos los que estaban a su alrededor. Siempre activo e incansable, ocupando sus horas en las más diversas actividades que se puedan imaginar. Pero algunos de sus actos, a falta estaban de la necesaria dosis de reflexión, que él la tenía, pero almacenada y cerrada con llave en su aguda e inquieta mente. Lo que ahora me hace entender que no era él un hombre irreflexivo; sino, más bien, que esas valiosas dosis de reflexión las empleaba sólo y exclusivamente para casos que necesitaban de reflexión. 

    Inteligente como el que más, y entregado para hacer el bien.

    Siempre trataba de demostrar a todos sus hijos que un sabio no tiene por qué ser necesariamente un hombre de pensamientos y actitudes contemplativos. 

    Decía no tener miedo a nada, y así lo reflejaba permanentemente su conducta hasta su último aliento, sin derrumbarse ni un segundo. Se despedía de nosotros con una sonrisa, serenamente expirando, cual héroe. Jamás he conocido y quizás jamás conoceré a un hombre tan firmemente arraigado a la honestidad.

    Cuando yo era un niño, y más aún de adulto, su valor y entusiasmo frente a todas las cosas me impresionaban; era un ejemplo, sin par, para mí. Me preguntaba: ¿Cómo es posible tener tan inquebrantable valentía, conociendo los múltiples ardides que adopta el mundo para tratar de atemorizar a los seres humanos? 

    Mi padre era una persona increíble. A él le debo tanto que no hay espacio en diez libros para citar ni la décima parte de mi deuda. 

    ¡Cuánto lo echo en falta!

    Pero la implacable parca no ha debido llevárselo tan pronto. La vida, bien podía haber retrasado su ida unos cuantos años más. Al menos, hasta no haber impregnado al universo entero con el sapiente aroma de su natural sabiduría.



    A Chávez López
    Sevilla,18 oct 1985


  • editado febrero 2024


    Mi amado y añorado padre falleció, y esta misiva escrita por mí a puño y letra se la dejé dentro del féretro.

    Descansa en paz, papá

    Mi padre falleció. Yace ahora en su lecho eterno. Parece dormido, como en el recuerdo de aquellas lejanas siestas de los veranos de mi infancia. Pero ahora su semblante se encuentra cubierto de un frío halo de palidez, y su inerte corazón ha renunciado ya a sus pulsaciones vitales.

    No siempre es fácil asimilar los fenómenos que llegan ocultos bajo la irreal impresión de una cotidianidad inmutable. Es una orden lógica que un hijo vele el cuerpo de su padre, como una mutua obediencia de una ley que no debe ser ignorada ni transgredida de ninguna de las formas. Su cara, limpia de malicia, ante la triste mirada de un hijo, frente a la despedida que nunca debe acabar en la memoria de los vivos y que deviene en reencuentros con el paso del tiempo.

    Miraba al hombre que había puesto su semilla para que yo viniese a la vida, sintiendo a la vez que una parte de mí había muerto en él y que una parte de él seguía viviendo en mí. Sentía que sí hubiese sido yo, de haber vivido en su etapa, las arrugas de mi piel estarían ahora en su piel, como también la experiencia alcanzada en saberes, entrega, trabajo y constancia.

    Si tuviese que destacar una de las cualidades de mi extinto padre, sería, sin duda, su inagotable vitalidad, la cual la hacía extensible a todos los que estaban a su alrededor. Siempre activo e incansable, ocupando sus horas en las más diversas actividades que se puedan imaginar. Pero algunos de sus actos, a falta estaban de la necesaria dosis de reflexión, que él la tenía, pero almacenada y cerrada con llave en su aguda e inquieta mente. Lo que ahora me hace entender que no era él un hombre irreflexivo; sino, más bien, que esas valiosas dosis de reflexión las empleaba sólo y exclusivamente para casos que necesitaban de reflexión. 

    Inteligente como el que más, y entregado para hacer el bien.

    Siempre trataba de demostrar a todos sus hijos que un sabio no tiene por qué ser necesariamente un hombre de pensamientos y actitudes contemplativos. 

    Decía no tener miedo a nada, y así lo reflejaba permanentemente su conducta hasta su último aliento, sin derrumbarse ni un segundo. Se despedía de nosotros con una sonrisa, serenamente expirando, cual héroe. Jamás he conocido y quizás jamás conoceré a un hombre tan firmemente arraigado a la honestidad.

    Cuando yo era un niño, y más aún de adulto, su valor y entusiasmo frente a todas las cosas me impresionaban; era un ejemplo, sin par, para mí. Me preguntaba: ¿Cómo es posible tener tan inquebrantable valentía, conociendo los múltiples ardides que adopta el mundo para tratar de atemorizar a los seres humanos? 

    Mi padre era una persona increíble. A él le debo tanto que no hay espacio en diez libros para citar ni la décima parte de mi deuda. 

    ¡Cuánto lo echo en falta!

    Pero la implacable parca no ha debido llevárselo tan pronto. La vida, bien podía haber retrasado su ida unos cuantos años más. Al menos, hasta no haber impregnado al universo entero con el sapiente aroma de su natural sabiduría.



    A Chávez López
    Sevilla,18 oct 1985


    Buen detalle hacia tu padre, Antonio. Yo hubiera querido haberle dejado una carta en su ataúd al mío.
    Recuerdo que estábamos en el proceso del velorio y del entierro de mi padre, pero mi mente estaba muy ocupada pensando en mi madre que yacía en un hospital, víctima de la impresión de ver muerto al compañero de su vida.
    Además, como molestos moscardones tenía yo encima a varios familiares que me decían: 'Carlos, déjanos vivir contigo para que ya no paguemos renta'. 'Dame permiso de quitar el patio trasero que sembró tu papá y permite que construya unos cuartos para mí y para mi familia', en fin.
    Durante los cuatro años siguientes a la muerte de mi padre, tuve primos y tíos atosigándome conque los dejara vivir conmigo, contruyendo pisos arriba de la casa.
    A todos los mandaba a volar. Cuando falleció mi madre, todos se volcaron a querer 'consolarme' viviendo conmigo, pero ahí fue donde corté relaciones con toda la familia, por buitres y convenencieros.
    A tal grado fue mi disgusto que la casa se le quedó a mi hermano y yo me fui a vivir lejos de todos ellos, iniciando así una nueva vida hasta la fecha, y no me arrepiento, al contrario, vivo feliz, lejos de tanta alimaña.
    Yo que defendí la casa, al final mi hermano, aprovechando mi ausencia, arregló las escrituras y se quedó la casa solo para él, despojándome de mi parte.
    Así, me quedé sin nada, pero no me doblegué, lo bendije y me alejé para siempre de todo mi pasado hasta la fecha, pero esto último ya es otra historia que pronto comentaré...
     
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    editado febrero 2024



    Mi amado y añorado padre falleció, y esta misiva escrita por mí a puño y letra se la dejé dentro del féretro.

    Descansa en paz, papá

    Mi padre falleció. Yace ahora en su lecho eterno. Parece dormido, como en el recuerdo de aquellas lejanas siestas de los veranos de mi infancia. Pero ahora su semblante se encuentra cubierto de un frío halo de palidez, y su inerte corazón ha renunciado ya a sus pulsaciones vitales.

    No siempre es fácil asimilar los fenómenos que llegan ocultos bajo la irreal impresión de una cotidianidad inmutable. Es una orden lógica que un hijo vele el cuerpo de su padre, como una mutua obediencia de una ley que no debe ser ignorada ni transgredida de ninguna de las formas. Su cara, limpia de malicia, ante la triste mirada de un hijo, frente a la despedida que nunca debe acabar en la memoria de los vivos y que deviene en reencuentros con el paso del tiempo.

    Miraba al hombre que había puesto su semilla para que yo viniese a la vida, sintiendo a la vez que una parte de mí había muerto en él y que una parte de él seguía viviendo en mí. Sentía que sí hubiese sido yo, de haber vivido en su etapa, las arrugas de mi piel estarían ahora en su piel, como también la experiencia alcanzada en saberes, entrega, trabajo y constancia.

    Si tuviese que destacar una de las cualidades de mi extinto padre, sería, sin duda, su inagotable vitalidad, la cual la hacía extensible a todos los que estaban a su alrededor. Siempre activo e incansable, ocupando sus horas en las más diversas actividades que se puedan imaginar. Pero algunos de sus actos, a falta estaban de la necesaria dosis de reflexión, que él la tenía, pero almacenada y cerrada con llave en su aguda e inquieta mente. Lo que ahora me hace entender que no era él un hombre irreflexivo; sino, más bien, que esas valiosas dosis de reflexión las empleaba sólo y exclusivamente para casos que necesitaban de reflexión. 

    Inteligente como el que más, y entregado para hacer el bien.

    Siempre trataba de demostrar a todos sus hijos que un sabio no tiene por qué ser necesariamente un hombre de pensamientos y actitudes contemplativos. 

    Decía no tener miedo a nada, y así lo reflejaba permanentemente su conducta hasta su último aliento, sin derrumbarse ni un segundo. Se despedía de nosotros con una sonrisa, serenamente expirando, cual héroe. Jamás he conocido y quizás jamás conoceré a un hombre tan firmemente arraigado a la honestidad.

    Cuando yo era un niño, y más aún de adulto, su valor y entusiasmo frente a todas las cosas me impresionaban; era un ejemplo, sin par, para mí. Me preguntaba: ¿Cómo es posible tener tan inquebrantable valentía, conociendo los múltiples ardides que adopta el mundo para tratar de atemorizar a los seres humanos? 

    Mi padre era una persona increíble. A él le debo tanto que no hay espacio en diez libros para citar ni la décima parte de mi deuda. 

    ¡Cuánto lo echo en falta!

    Pero la implacable parca no ha debido llevárselo tan pronto. La vida, bien podía haber retrasado su ida unos cuantos años más. Al menos, hasta no haber impregnado al universo entero con el sapiente aroma de su natural sabiduría.



    A Chávez López
    Sevilla,18 oct 1985


    Buen detalle hacia tu padre, Antonio. Yo hubiera querido haberle dejado una carta en su ataúd al mío.
    Recuerdo que estábamos en el proceso del velorio y del entierro de mi padre, pero mi mente estaba muy ocupada pensando en mi madre que yacía en un hospital, víctima de la impresión de ver muerto al compañero de su vida.
    Además, como molestos moscardones tenía yo encima a varios familiares que me decían: 'Carlos, déjanos vivir contigo para que ya no paguemos renta'. 'Dame permiso de quitar el patio trasero que sembró tu papá y permite que construya unos cuartos para mí y para mi familia', en fin.
    Durante los cuatro años siguientes a la muerte de mi padre, tuve primos y tíos atosigándome conque los dejara vivir conmigo, contruyendo pisos arriba de la casa.
    A todos los mandaba a volar. Cuando falleció mi madre, todos se volcaron a querer 'consolarme' viviendo conmigo, pero ahí fue donde corté relaciones con toda la familia, por buitres y convenencieros.
    A tal grado fue mi disgusto que la casa se le quedó a mi hermano y yo me fui a vivir lejos de todos ellos, iniciando así una nueva vida hasta la fecha, y no me arrepiento, al contrario, vivo feliz, lejos de tanta alimaña.
    Yo que defendí la casa, al final mi hermano, aprovechando mi ausencia, arregló las escrituras y se quedó la casa solo para él, despojándome de mi parte.
    Así, me quedé sin nada, pero no me doblegué, lo bendije y me alejé para siempre de todo mi pasado hasta la fecha, pero esto último ya es otra historia que pronto comentaré...
     

    Mi padre era un ser excepcional, Carlos. No hay día que no me acuerde de él, y ya hace 39 años que se fue. Lo añoro mucho.

     :) 

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    editado febrero 2024


    Aquel maestro nuevo era un ligón

    A nuestro pueblo de la provincia de Sevilla llegó un maestro para cubrir la plaza del jubilado don Maximino, un hombre, éste, muy querido por todos los pueblerinos.

    Yo, como médico del pueblo, siempre pendiente de todos mis conciudadanos, no tardaba en percatarme de que aquel maestro era un hombre perspicaz, con experiencia en el manejo de personas. Siempre tenía en los labios las palabras adecuadas para responder a lo que se le preguntaba.

    Tenía 33 años de edad, cara feota pero agradable, estatura mediana, y expresivos ojos. Todo él, físico y formas, sellaban un lote de buen ver.

    Pero, aunque yo lo consideraba un tipo formal, las mujeres del lugar empezaban a tildarlo de mujeriego, y no sabía si con razón o sin ella, porque, a pesar de la confianza que llegamos a tener, en ningún momento me hacía confidencias de esta clase.

    Por norma y también por su carácter abierto y extrovertido, nunca dejaba de actuar amable, educado y respetuoso con todo el mundo, y siempre era el primero que se ofrecía para tratar de resolver algún problema que aparecía de pronto en nuestra localidad.

    Empero eso anterior, cuando yo lo veía sonreír y contar chistes a alguna lugareña guapa y con buen cuerpo, derrochando donaire de buen chico, pensaba en lo que decían de él y estaba por creer que las cizañeras tenían razón.


    A Chávez López
    Sevilla feb 2024

     :)
     

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    La llave del beso

    Un beso apasionado es la llave que abre una sabrosa charla; después, pueden llegar las conversaciones sublimes.



    A Chávez López
    Sevilla feb 2024

     :) 

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII

    Emulando a su admirada J.K. Rowling

    En la ciudad de Sevilla, en una cafetería de un aspecto acogedor, donde el aroma del café recién molido se mezclaba con una suave melodía de fondo, se hallaba Aitana, una chica escritora con una imaginación tan vasta como cielo estrellado en noche despejada.

    Con su libreta y su pluma en mano, Aitana se sumergía en su propio mundo de magia y misterio. Una taza con café humeante a su lado era su fiel colega mientras tejía palabras en papel.

    En un rincón de esa cafetería, un anciano de apariencia enigmática, miraba a Aitana con ojos centelleantes, como si supiera algo que ella misma desconocía.

    El tintineo de unos segundos de la campanilla de la puerta de entrada y salida del local anunciaba la llegada de un personaje peculiar; un gato negro con ojos amarillos intensos entró maullando; parecía más que un simple gato callejero. Se deslizaba hacia Aitana y, con un movimiento de su rabo, le indicaba que lo siguiera.

    Intrigada la joven dejó de escribir momentáneamente y se levantó de su silla, siguiendo al misterioso felino. 

    Cruzaron la puerta de la cafetería y después entraron en un callejón estrecho, donde una enorme puerta de madera se reveló ante ellos. El gato miró a Aitana con insistencia antes de desaparecer entre las sombras.

    Con cautela, Aitana abrió la puerta y entró a un mundo diferente. En lugar del bullicio de la ciudad, se encontraba en un lugar mágico, repleto de colores vibrantes y de criaturas extraordinarias. Ante ella se levantaba un castillo majestuoso, con cuatro torres que se perdían entre las nubes bajas.

    El anciano enigmático de la cafetería la recibió con una amplia sonrisa sabia: 

    "Bienvenida, Aitana, a la Tierra de los Sueños. Has sido escogida para tejer historias que trascienden la realidad".

    Inmersa en esta nueva realidad, Aitana veía que aquellos personajes cobraban vida y sus palabras tenían el fantástico poder de dar forma al destino de este mundo encantado. A medida que exploraba los rincones de la Tierra de los Sueños, enfrentó desafíos épicos y conoció a personajes entrañables.

    El gato reapareció, llevándola de nuevo, ahora de regreso, hasta la puerta de la cafetería. Con un destello se despidió de ella, dejando a Aitana asombrada en el umbral entre dos mundos.

    Al llegar a su mesa de la cafetería, el cuaderno de Aitana estaba lleno de nuevas historias y aventuras. Aunque para los otros sólo habían transcurrido unos momento, para ella, el viaje había sido una epopeya que cambiaría su vida para siempre.

    Desde aquel insólito día, cada vez que visitaba la cafetería, Aitana sabía que la magia la aguardaba en la puerta, lista para llevarla a nuevas dimensiones de creatividad.

    Y así, con cada palabra que escribía, seguía emulando a su admirada escritora Rowling al tejer mundos de maravilla y encantos en cada página de sus historias.


    Antonio Chávez
    Sevilla feb 2024

     :) 

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Donde hay fe hay milagro

    “¡Los tres van a morir hoy mismo!”.
     
    Gritaba fuertemente una tenebrosa, ronca y diabólica voz, que resonaba en la oscuridad, mientras yo caminaba hacia a mi casa.
     
    La angustia inundaba mi alma. Pensaba en Lucía, mi mujer, y en mis pequeños, Mateo de 8 años, y Lucía de 6.
     
    "¿Por que? ¡No han nada malo en la vida para que me los arrebates!
     
    Aquella voz respondía:
     
    —¡Tú nunca has creído en mí!
     
    Le suplicaba yo reiteradamente:
     
    —¡Ellos no tienen culpa de nada, llévame sólo a mí!
     
    Pero la voz de la parca hablaba de nuevo:
     
    "¡Para qué te quiero yo a ti? ¡Jajaja! ¡Tu alma ya me pertenece, jajaja! ¡Vive tu vida! ¡Ahora me voy a llevar a tu esposa y a tus hijos; este es un alto precio que debes pagar por tu incredulidad!
     
    Y la voz desaparecía, como si ya estuviese camino de mi casa para acabar con la vida de mi pequeña familia.
     
    “No creo en la muerte, pero, ¿qué puedo hacer contra ella?”, pensaba.
     
    Me apresuraba con pasos ligeros en llegar a mi casa para ver a mis hijos y a mi esposa antes que se los llevase. Pero cuando llegaba, nervioso, lloroso y sudoroso, ya estaban muertos, sentados a la mesa de la cocina y con los platos de la comida encima.

    Llegaba el forense y decía "que la causa de la muerte era un veneno para ratas, seguro que se habrá caído accidentalmente en la olla".
     
    Soy aficionado a la escritura. Recordaba mi primera novela de terror, titulaba, "Ratas y Bichos". Ironía del destino. Sólo pensar que, sin meditar, había hecho un pacto con la parca para tener un trabajo para ganar dinero para comprar comida para los míos…, y el resultado ha sido el más macabro que puede sufrir un padre de familia.
     
    Empecé a llorar desconsoladamente, ‘Ahora me toca a mí; mi vida ya no tiene sentido. Lo que pasado ha sido una cosa terrible. Creía que la Parca no existía, que las personas morían, sin ser requeridas, cuando llegasen a viejas, pero estaba confundido.
     
    Me iba a la cocina y cogía un cuchillo. Me iba a quitar la vida, pero antes me pasaba por el cuarto de mis hijos y me recostaba en la cama de mi niña Lucía. No lo podía soportar, así que me levantaba y me iba, ni yo sabía a dónde.

    Un cobarde soy. No puedo matarme, pero ellos están muertos. Me quedé dormido con mis lágrimas y miserias y con el cuchillo en la mano.

    Cuando me despertaba tenía en mi mano el texto mortal: "Ratas y Bichos", que se había llevado la vida de mis hijos y mi esposa.

    "Mi casa es otra, pobre de mí. En la cocina hay un almanaque que, una fuerte luz, marca el 22 de enero. ‘¿Por que?’, pensaba. "¿Por qué otra oportunidad?" Ese día tenía que llevar el libro a una editorial. Me encaminaba hacia ella con mi libro "Ratas y Bichos" y otro que había escrito en una hora: "La sentencia de la parca". Y luego me iba a la parroquia del pueblo, para hablar con Dios. Y esto le decía:
     
    Dios, yo soy un pobre hombre ateo y ahora trabajo de albañil. Gano lo suficiente para mantener a mi familia, pero ahora me sobra todo porque mi esposa y mis hijos no están ya conmigo, se los ha llevado la parca para siempre. Nunca fui creyente, pero tengo fe en Alguien Poderoso, y ese Alguien Poderoso eres tú…. ¿puedes hacer algo por devolverme mi familia? Y esto me respondió Él:


     
    Y, de pronto, mi esposa y mis hijos estaban a mi lado, sanos y salvos. Lo que hacía que desde ese momento empezaba a creer en Dios.
      
    A Chávez López
    Sevilla feb 2024

     :) 

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    editado febrero 2024


    Obsesión por la lluvia de un tarado
     
    Absorto miraba desde mi ventana la imparable lluvia. Se centraban mis ojos en el aguado espectáculo. Era mi preciada costumbre y mi pasión: mirar cómo caía la lluvia, con esa fuerza única, capaz de cambiar el rumbo de millones de personas, de causar que busquen refugio en sus casas y compartan con sus familias alrededor de un abrigador fuego.

    Yo, en cambio, vivía solo, y cuando llovía, la lluvia era mi fiel compañera.

    De pequeño, mi madre trabajaba arduamente, con el único objetivo de demostrarle al mundo que era capaz de seguir adelante con sus hijos sin la ayuda de mi padre.

    Mi padre tenía mucho dinero, pero todo era para él. Viajaba con frecuencia para satisfacer sus ocultos placeres, poniendo como excusa una sola palabra "negocio".

    Más tarde y ya casados mis hermanos y yo soltero todavía, pero ninguno pone interés por por permanecer en sus hogares, prefieren alejarse de lo que ellos llaman "la cárcel", y se refugian en otros lugares, de los que dicen que "les dan paz", pero la realidad es que en esos lugares tienen un mejor estatus porque me dejaron fuera de la herencia de mis abuelos y, por eso, se consideran superiores.

    Pero sin pensar más en mi gente, estoy hoy en mi cuarto, posada mi cabeza en la palma de la mano derecha y fijando mi pensativa mirada en el exterior.

    Ya me he acostumbrado a vivir solo, y es así como me gusta vivir. Me acomodo a mi situación y no tengo porqué dar explicaciones de mis actos a nadie. Sólo me gusta ver llover. Aprecio tanto el espectáculo de la lluvia que lo miro con enfermiza atención.
     
    Pensaba y ahora sigo pensando que la causa de mi comportamiento es mi deseo de estar en la lluvia, recibir con alterada emoción esas maravillosas lágrimas del Cielo, liberarme de mi propia tristeza, conociendo la del Cielo.


      
    A Chávez López
    Sevilla feb 2024

     :) 

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    La última gota

    Aparentemente, formaban una bonita pareja; ella estaba profundamente enamorada de él, pero él pasaba de ella.

    Ella venía sospechándolo por detalles, pero tan insignificantes y tan poco relevantes en realidad que no le servían para convencerse de que su amor no era recíproco. Tampoco era que él no la quisiese, no, no era eso; habían compartido juntos muchas experiencias. Pero esto no significaba que él estuviese enamorado de ella.

    La cuestión era que un buen día, o un mal día, todo acababa entre ellos. A ella le tocaba sufrir, y a él huir de un sentimiento de culpabilidad.

    En las cosas del querer es muy arriesgado decir cuando es un buen día o un mal día para tomar esta clase de decisiones tan peliagudas.

    Y transcurría el tiempo; y él, creyendo que todo el amargor de ella había pasado ya, se atrevía a pedirle sus amistad, y ella, aferrándose al amor que aún le profesaba, aceptaba.

    Pero es sabido y reconocido que amistad no es lo mismo que amor, al menos no siempre y, por supuesto, no en ellos.

    Ella traducía cada mirada, cada gesto, cada palabra de él en una cercana posibilidad de volver a estar juntos; pero él, simplemente, no traducía nada.

    Un día, que nunca debió existir, él osó a contarle que estaba enamorado de otra mujer y ella lo encajaba, pero llorando por dentro y sonriendo por fuera. Sin embargo, la postura arrogante de él la derrotaba, y por eso luchaba con todo su ser para no amarlo, para no verlo, para olvidarlo..; pero no, no lo conseguía.

    A cada llamada de él que ella no pensaba responder, respondía. Cada vez que la citaba, ella, guapa y radiante, aparecía, y se tragaba su orgullo sólo por verlo, por hablarle, por estar con él…

    Uno de aquellos días, él, derrotado, le decía a ella que su nuevo amor lo había dejado, pero ella, en vez de alegrarse, le curaba las heridas y le daba lo que nunca se había dado a sí misma.

    Una noche de Luna, vino y clavel, él confundía la amistad. Ella quería convencerse a sí misma de que por fin iba a “ocurrir” de nuevo, y ocurría. Hacían el amor y, más tarde, juntos, se reían del mundo, como en los viejos tiempos, y dormían abrazados el uno al otro, como lo hacían en un pretérito próximo.

    Al otro día, ella despertaba primero, e ilusionada y enamorada, se ponía a mirar cómo dormía él. Hubiese cambiado miles de noches de agonía por un segundo de esa noche de derroches de amor.

    Pero el golpe definitivo vino cuando ella lo oía musitar el nombre de la otra mujer, con una dulce sonrisa en los labios.

    Entonces, ella, serena, le cubría el cuerpo desnudo, pero desde entonces se prometía a sí misma no llorar nunca más por él.

    El odio, aunque azucarado, que la invadía por esa insolente actitud de él, podía más que una reconciliación. Y aunque sabía de sobra que aún lo amaba, algo que por el momento no lo podía evitar, decidía que era hora ya de sacar su orgullo a relucir.

    Cuando él se despertaba y ella había rumiado ya la realidad de la situación, y luego del intento de él de llorar en su regazo, lo apartaba con delicadeza  y le decía claramente lo que en adelante tenía que afrontar.

    —Has reaccionado tarde, cariño. Ahora tú estás empezando a enamorarte de mí, pero yo estoy terminando de estar enamorada de ti.



    A Chávez López
    Sevilla feb 2024

     :)
     
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    editado febrero 2024


    Quería emigrar
     
    Quería emigrar para tratar de vivir mejor, habidas cuentas de como se encuentra en la actualidad mi país, ESPAÑA. Pero he cogido un mapa del globo y no tengo cojones de decidirme a qué país me interesa más irme
     
    Si me voy a Alemania me van a hacer currar más y me van a despedir con poco despido. Si me voy a USA pueden darme un patada en el culo sin pagarme un duro, y además sólo tendría al año una semana de vacaciones. No me quiero ir a Reino Unido hasta que no nos devuelvan Gibraltar y que se aclare ese rollo del Brexit. He pensado en Francia, pero me he percatado de que está llena de franceses, y no los trago.

    A muchos países asiáticos los he tenido que descartar por la fuerza de la gravedad.

    Si me voy al Sur, la situación no ha empeorado porque no puede ser peor. En África no hay paro, pero es por sencilla razón de que no hay trabajo ni para las ratas, y el único país medio estable es Marruecos, pero no hay carreteras ni hospitales ni na. Más al Sur, sólo se puede ir a currar como voluntario en alguna ONG.

    Si me decido por el Oeste, o me expropian como a la Argentina, o me secuestran como en México. En Rusia tengo que hacerme mafioso si medio quiero comer. En China no puedo abandonar mi puesto de trabajo ni para mear, porque me lo quitan. En la India tengo que cagar y mear en el mismo río en que me lavo la cara.

    Y en otros países que estoy viendo en el mapa hay tanta miseria e injusticia que dan pena. Al final, a pesar de decidido a largarme, la realidad me lo impide.

    Quiero que mis hijos acudan a la universidad, aunque tenga que pagar un poco más. Si me da un jamacuco, que me lleven en una ambulancia a un hospital, aunque tenga que pagar por la receta, y si no tengo dinero para repostar gasolina o gasoil, que haya autobuses, tranvías,  metro y taxis, y también avión y AVE para visitar a mis familiares.

    Quiero comer de cuando en cuando productos ibéricos, cocinar con aceite de oliva, y reírme, aunque también haya recortes en la risa.

    La realidad es que mirando el mapa y después de consultar con mi almohada, me quedo en ESPAÑA, a pesar de Sánchez y su tribu golfa, embustera y mangante.


     
     
    A Chávez López
    Sevilla feb 2024

     :)
     


  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    editado febrero 2024

    En El Vaticano están cabreados con el Betis

    Año 1978

    El Betis gana la Copa del Rey, y este mismo año muere El Papa Juan Pablo I.

    Año 2005

    El Betis vuelve a ganar la Copa del Rey, se mete en Champions, y ese mismo año muere El Papa Juan Pablo II.

    Año 2013

    El Betis está a pocos pasos de entrar en la Champions, pero El Papa Benedicto XVI teme que de nuevo se repita la historia, y, es por eso, que coge un miedo que te cagas y dimite.

    Año 2014

    El Papa Francisco I, amparado en todos los antecedentes anteriores, se cura en salud y manda al Betis a Segunda División.


     

    A Chávez López
    Sevilla feb 2024

    :)  


  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Peor que pesadilla

    Desperté de pronto y me di la vuelta en una búsqueda instintiva e irresoluta por verificar todos mis alrededores. Era diario despertarme en medio de una locura, y definitivamente ésta no era una de las excepciones.
     
    Estaba dentro de un cuarto, decorado al estilo gótico, aparentemente antiguo, en ruinas. Por su estructura, suponía que era parte de una mansión. Estaba bien iluminado por los vitrales de la pared norte que podía ver con todo detalle las partículas de polvo volaban al son de una corriente de aire que entraba por un hueco del techo. Aunque el lugar era viejo, no era aterrador, más bien tenía aspecto de abandono y maltrato, irónicamente por falta de humanidad.

    Me levanté y busqué una salida, dando un estornudo que me hacían llevar la mano a la nariz, sin expulsar mucosidad; una simple alergia pasajera en un mal momento.

    En la pared sur había una puerta vitral que llevaba a un amplio balcón. Atravesé el cuarto en dirección a ella. Empecé a caminar y sentía el peso de la humedad en el ambiente. Había algo surrealista, como si de pronto la estabilidad del lugar empezase a moverse, a torcerse o a alargarse, y hasta a hablar. Todo lo que la luz iluminaba se volvía penumbra. Sólo podía ver aquella puerta vitral, que de un sonoro estruendo se abría de par en par, dejando pasar la lluvia, la tormenta, el aire, la oscuridad y unos cánticos en un idioma, desconocido por mí.

    Pero ni me inmuté. Estaba acostumbrada a vivir aquello. Dejé que pasase sobre mí, hasta cubrirme por completo y que jugase con mi pelo, que me acariciase el cuerpo y mi sexo, como una perversa manifestación sexual. Sentía como me poseía. Dejé que me susurrase maldiciones en mi oído. Me sentía abusada. Quería llorar, quería correr y gritar, como lo hubiese hecho en alguna otra de estas malditas pesadillas, pero me obligué a ser fuerte, a pensar en él y sólo en él.

    De un parpadeo, lo que había perpetrado por la puerta salió como entró, y la penumbra de mi alrededor escapó y se escondió, cual ratón temeroso. Cuando creía que todo sería diferente, esa vez sonreía victoriosa, pero no fue hasta que me giré que lo vi, colgado en una esquina de un viejo armario; una bestia verdosa con rostro humanoide blanquecino, que lucía ensangrentada dentadura con prominentes colmillos amarillentos, y anémicos ojos saltones. Tenía cuerpo de gorila, o de algún humano con alguna deformidad en las extremidades. Partes de su anatomía peluda mostraban zonas calvas con sarpullidos. No era la primera ni única vez que miraba semejante monstruosidad; me seguía siempre, a dondequiera que iba me amenazaba con unos dientes horripilantes y lanzando chillidos sobrehumanos.

    Antes que se abalanzase sobre mí, empecé a correr hacia la puerta vitral y podía sentir cómo una de sus garras me tocaba los pies. Cuando la cerré, dejé escapar un profundo suspiro y me senté de un golpe en el suelo. Pero, de pronto, la bestia destruía la puerta vitral de un zarpazo y se acercaba con violentos pasos cojos hacia mí. En ese momento pensé que era mi fin.

    ¡Sálvame, por favor…!" -lancé al aire ésa súplica, pero dirigida a él.

    De otro parpadeo, la bestia había desaparecido de mis ojos, y en su lugar dejó una estela de delgados cabellos rojos que danzaban al son del aire. Cuando entendía lo que había pasado, me levanté del suelo y me giré hacia mi alrededor.

    Me encontraba en el amplio balcón, que pude ver desde los vitrales de la habitación. El suelo, de piedra negra, raspaba mis pies, que hasta ese momento no me había percatado de que estaban descalzos.

    Las nubes poblaban el cielo y podía sentir una extraña calma en el ambiente. Parecía que el panorama estaba petrificado: las ramas de los arboles, que sobresalían de las esquinas del balcón, no se movían, a pesar de que podía sentir el aire acariciándome la cara.

    Justo en medio del lugar, sobresalía del suelo una mesita y sobre de ella posaba una vela roja encendida, que teñía de sepia lo poco que su luz alcanzaba a tocar, destacando del gris del ambiente. A ella me acerqué y vi que había un libro de hojas amarillentas; no era grande, pero tenía pesadas hebillas de hierro que decoraban la oscura piel que cubría la tapa sin título.

    Jamás habría imaginado que al abrirlo me iba a encarar con una terrible verdad; contenía la primera página una radiografía de feto humano. Cuando pasé la página, vi otra igual a la anterior, pero el feto era más grande.

    Conforme iba pasando páginas, el feto iba creciendo y empezaba a notar deformaciones en sus miembros; la mandíbula se alargaba, cual animal, y de sus manos se encorvaban unas largas garras. De pronto, al feto me miraba con sus grandes ojos rojos, que abría y cerraba repentinamente.
     
    Del susto me aparté de la mesa, y fue entonces cuando oí el llanto de un bebé, mezclado con el grito desgarrador de un animal.
     
    Estaba empapada de sudor y con la mirada aterrada, fija en el libro, cuando me llevé las manos al estómago y lo sentí moviéndose, por vez más rápido hasta llegar a lastimarme. Cuando bajé los ojos, ¡ahí estaba aquella horripilante bestia asomándose por debajo de mi propia piel con la carne pegada al rostro! ¡Lo llevaba conmigo, estaba en mi vientre!
     
    ¡No, esto no es real, necesito mantenerme cuerda, y lo necesito por él!
     

     
    A Chávez López
    Sevilla feb 2024

     :) 


  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    editado febrero 2024


    Horrible soliloquio bajo tierra

    El infierno está en esta vida, más próximo de lo que podamos imaginar. Puede que un día las almas despierten de su letargo y nos muestren la vía a sus sufrimientos. El mío está aquí abajo, en las entrañas de la oscuridad, en la penuria de los seres que me llevan hasta el abismo. Siento que estoy cercana. La caída será inevitable, improrrogable, catastrófica…
     
    No cojas mi mano porque la soltaré; no me pidas ayuda porque no te la daré. Después de todo, soy uno de ellos. Quédate tú a mi lado, quiero ver cómo trepas por esas paredes húmedas del camposanto profundo, quiero ver cómo clavas tus uñas en la piedra tosca y cruel, que se desprenderá del cemento para verte caer conmigo a aquí,  abajo...
    Mientras te esperaré. Si soporto el dolor es porque sé que no acabará el tuyo, que no te librarás de las cadenas que envuelven tu espíritu. Guarda de dar un paso en falso, porque estoy al acecho...
     
    Sé que tarde o temprano irás a mi encuentro y entonces serás juzgado, condenado a vivir entre las sombras... Como yo...
     
    La oscuridad me acompaña, y tú también te verás como yo; mientras tanto, abajo te espero.



     
    A Chávez López
    Sevilla mar 2006

     :)
     
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Terror y muertes en cadena en el bosque

    El frío empezaba a asolar el bosque. El sol se ocultaba y teñía de rojo sangre las nubes. Parecería que el cielo se hubiese incendiado con la llama del infierno. El silencio hablaba y el frío iba a más por segundo. La noche caía, y la ropa, pegajosa por el sudor, la sangre y el vómito, empezaba a emitir un olor nauseabundo e insoportable.

    Aquel joven seguía tan perdido. Deambulando sin fuerzas por el bosque, sin rumbo, sin saber cómo llegó hasta allí, perdido en la nada, y, por añadidura, con un loco asesino suelto que le buscaba y que, con certeza conociese todos aquellos parajes mejor que él.

    Y un muerto en el coche, una horrible imagen que no se le iba a borrar de la cabeza en toda su vida. Increíble podría resultarle que la carne humana no se distinguiese de las otras de esas carnes que se compran en carnicerías o en supermercados.

    Si luego de esa horrible visión sobrevivía a todo aquello, se haría vegetariano. Sólo con recordarlo le hacía sentir náusea. La violencia de las mutilaciones, carnes desperdigadas, desfiguraciones de los rostros y los trozos que faltaban, sólo Dios sabe qué harían con ellos. Enseguida empezaron los llantos al recordarlo.

    A lo lejos oyó el ruido de un motor. ¿Sería el asesino, que cogido el coche y tirado el cuerpo? Ese vehículo, a gran velocidad, se iba acercando. Por un momento no sabía qué hacer, si pararlo y pedir ayuda o huir. Sin detenerse en las dudas, decidió esconderse. Finalmente, ese vehículo hizo su aparición al final del camino donde él se encontraba, y se aproximaba velozmente, derrapando al coger una curva sobre la gravilla y la arena del camino.

    Estando ya el vehículo a unos doscientos metros de la posición del joven, vio que no era el mismo que que había visto con anterioridad. Además, este provenía de una dirección contraria de la que había dejado el otro.

    Inquieto y tambaleante salió de su escondite y alzó los brazos para llamar su atención. Sus piernas flaqueaban y se movían perdiendo el equilibrio, cual borracho. De pronto, los faros del vehículo iluminaron sus temblorosas piernas y su ropa mugrienta de sangre y vómito.

    Se puso en mitad del camino, pero el vehículo no aminoró la marcha; de hecho, aceleró. Trató de esquivarlo saltando a un lado pero era tarde y fue lanzado por encima del capó. Con un gran crujido, cayó sobre la tierra y, quedando a oscuras y terriblemente dolorido, aulló hasta casi romperse las cuerdas vocales.

    -sigue en página siguiente-




     


  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Su angustia era indescriptible. Sus piernas le ardían. Un dolor punzante le subía a través de la columna, que, al retorcerse del dolor, se intensificaba. A pesar del frío, comenzó a sudar, tanteando en la oscuridad sus piernas. Se clavó algo en los dedos, a la vez que el dolor le daba punzadas. Iba a vomitar de nuevo y a desmayarse, pero trató de reponerse. El sudor lo empapaba. El fémur de una pierna, partido en dos, había pinchado el dedo y sólo unida por la fina piel. Al partirse el fémur, se abrió paso entre los músculos y tejidos con su filo hasta salir por la piel.

    Quien conducía ese vehículo era una mujer, cuya estaba en un estado de histeria. Lloraba desconsolada mientras agarraba el volante y pisaba el acelerador. Reía entre lágrimas, pero su risa se convertía en grito de angustia. Una niña, de unos cinco años, que iba en los asientos de atrás, se despertó asustada.

    ____¿Qué ha sido ese ruido, mami?
    ____Nada, cariño -trató de disimular.
    ____Vuelve a dormirte, cariño -añadió.
    ____¿Qué te pasa, mami?
    ____Nada, hijita. Todo está bien, todo está bien...
    ____No, no está bien. A ti te pasa algo, mami.
    ____¡No me pasa nada!
    ____¿Por qué entonces estás llorando, mami?
    ____¡No es nada, mi vida!
    ____¿Es quizás por mí?
    ____¡Por favor, cállate ya y duérmete!

    Pero como notó que la niña no se quedó conforme con sus explicaciones, se giró y, muy alterada, le dijo a la pequeña.

    ____¡Deja a mami conducir!

    En ese momento se oyó un estruendo y el vehículo se detuvo en seco. La mujer pegó un tirón a su cinturón de seguridad, y la niña... bueno, estaba tumbada sin cinturón en el asiento trasero y acababa de incorporarse al ser despertada en el instante que su madre atropelló al joven. Voló un segundo entre los asientos de la parte delantera. Cuando la mujer separó la cabeza del airbag, vio a su hija inerte e incrustada en la luna del coche.
    Aterrorizada y angustiada, preguntó con un hilito de voz...

    ____¡¿Laurita... Laurita?!
     

    -sigue y termina en página siguiente-

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