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El Tiempo y su enemigo

editado septiembre 2008 en Epistolar

El Tiempo y su enemigo
Atrás quedan los caminos que emprendí un día, atrás quedan parajes que encontré a mi paso, algunos llenos de alegría, que llevé para el camino, otros tristes que agacharon mi mirada, todo me lo eché a la espalda, como iba echando todo a mi paso, ni las penas de aquel viaje me detenían, ni las alegrías me dieron alas cuando el bosque de la vida se cerraba ante mí y no me dejaba andar.
Mis últimas huellas, siempre me parecían cercanas al camino que acababa de empezar, pero caminaba siempre adelante, inseguro de llevar el rumbo cierto y de ser un buen caminante, sabiendo únicamente, que si miraba hacia atrás, aumentarían mis dudas sobre lo andado y lo que quedaba por andar. Era el camino de mi vida… la verdad es que no había camino, ni siquiera sendero había, hoy lo veo desde aquí y no acierto a ver donde empecé, ni a donde quiero llegar, solo veo que anduve al azar y que por mucho que, de lo aprendido, a lo que queda le quiera aplicar, sigo sin ver el comienzo, y sin avistar el final.
En contra de los consejos de quienes me dieron la vida y me quisieron orientar, yo deseché aquel destino y he preferido tomarme deprisa el camino y los descansos con mucha calma, que de todos modos no aproveché para reposar, sino para contemplar la mariposa que se posaba en la manga de mi camisa, el lento avanzar de un caracol, los cantos de los pajarillos en los árboles más altos y la luz que me llegaba de tan hermosas puestas de sol. Mi mente decoraba cada rincón del mundo, permitiéndose corregir a la propia naturaleza, no era por competir con ella ni por poner en duda su belleza, era porque en mis ideas, cabía un mundo mejor.
A mi forma de ver la vida, los entendidos de cómo vivir, le llamaban perder el tiempo ¡A quien se lo iban a decir! Pues mi tiempo estaba perdido desde el momento en que decidí que mis pasos no me llevarían a donde ellos querían ir. Nunca puse, ni pondré en duda quien tenía, o tiene razón, quizá no sé de dónde vengo, ni sepa a dónde voy, me gusta mirar al Cielo, mientras otros, tal vez, más sabios que yo solo van mirando al suelo y que yo sepa, no por mucho que la mirada quisiera rendir, iba a encontrar lo que ellos perdieran, ni ellos lo que yo perdí. Hoy cuando me da por llamarme Viejo Zorro, casi tengo el camino andado y en tan largo viaje diré, que solo un enemigo encontré.
En mi caminar fui sembrando amigos, unos que ya no están y otros que siguen conmigo. El amor, mi fiel compañero ha sido y a él dediqué mucho tiempo que bien considero bien invertido, pero ahí está mi gran enemigo: El tiempo… siempre ahí como mi sombra detrás de mí, empujándome con su dedo, recordándome lo que debo, o no debo hacer, señalando burlón lo que dejo y dejaba atrás, diciéndome a dónde puedo, o no puedo llegar ¡Tiempo maldito! Que me has llevado arrastro y contra mi voluntad hacia la edad que has querido ¿A qué viene tanta prisa? ¿A dónde me quieres llevar? ¿No te basta verme viejo, aunque me niegue a seguirte? Déjame hoy decirte, Tiempo, que, a pesar de que mis huellas has seguido y mi existencia has controlado, a mí nunca me has tenido ni me has engañado, tienes en el espejo la imagen de mí que has buscado, pero en mi interior y contra todos tus deseos, yo conservo aquel niño que hace tiempo en la orilla de un sendero se ha sentado observando aquel caracol tan lento que la vereda cruzó de lado a lado. Tú sigue empujando con prisa mi piel y mis huesos, condúcelos a donde quieras, yo sigo en aquellos días en que los pajarillos cantaban en las ramas, mientras me acariciaba el rostro una suave brisa a la vez que aquella mariposa blanca ¿Te acuerdas? Se posaba en la manga de mi camisa.
No te guardo rencor Tiempo, porque me llevarás contigo, pero de mí no te llevas nada, todo lo he vivido y lo que no, lo he dejado por el camino como semillas de recuerdos que hoy florecen todos juntos para darme todas las alegrías que me has querido robar.
¡Ay tiempo ladrón! Sombra que se alarga en cualquier dirección, mas ceñido a mí has venido que los amores más que he tenido, has disfrutado de mi vida, mientras yo ganaba en ti un enemigo, que se presentó como amigo ayudándome a ser hombre cuando solo era un niño, si antes quisiste hacerme ese favor ¿Porqué no me lo haces ahora, que no quiero ser mayor? Como te dije, Tiempo, te llevarás de mí lo que te deje llevar, lo mejor me lo he llevado yo. Sigue delante y ve despacio, que tú aún puedes correr, pero yo iré a mi paso.

Viejo Zorro

Comentarios

  • editado septiembre 2008
    viejo zorro escribió : »
    El Tiempo y su enemigo
    Atrás quedan los caminos que emprendí un día, atrás quedan parajes que encontré a mi paso, algunos llenos de alegría, que llevé para el camino, otros tristes que agacharon mi mirada, todo me lo eché a la espalda, como iba echando todo a mi paso, ni las penas de aquel viaje me detenían, ni las alegrías me dieron alas cuando el bosque de la vida se cerraba ante mí y no me dejaba andar.
    Mis últimas huellas, siempre me parecían cercanas al camino que acababa de empezar, pero caminaba siempre adelante, inseguro de llevar el rumbo cierto y de ser un buen caminante, sabiendo únicamente, que si miraba hacia atrás, aumentarían mis dudas sobre lo andado y lo que quedaba por andar. Era el camino de mi vida… la verdad es que no había camino, ni siquiera sendero había, hoy lo veo desde aquí y no acierto a ver donde empecé, ni a donde quiero llegar, solo veo que anduve al azar y que por mucho que, de lo aprendido, a lo que queda le quiera aplicar, sigo sin ver el comienzo, y sin avistar el final.
    En contra de los consejos de quienes me dieron la vida y me quisieron orientar, yo deseché aquel destino y he preferido tomarme deprisa el camino y los descansos con mucha calma, que de todos modos no aproveché para reposar, sino para contemplar la mariposa que se posaba en la manga de mi camisa, el lento avanzar de un caracol, los cantos de los pajarillos en los árboles más altos y la luz que me llegaba de tan hermosas puestas de sol. Mi mente decoraba cada rincón del mundo, permitiéndose corregir a la propia naturaleza, no era por competir con ella ni por poner en duda su belleza, era porque en mis ideas, cabía un mundo mejor.
    A mi forma de ver la vida, los entendidos de cómo vivir, le llamaban perder el tiempo ¡A quien se lo iban a decir! Pues mi tiempo no estaba perdido desde el momento en que decidí que mis pasos no me llevarían a donde ellos querían ir. Nunca puse, ni pondré en duda quien tenía, o tiene razón, quizá no sé de dónde vengo, ni sepa a dónde voy, me gusta mirar al Cielo, mientras otros, tal vez, más sabios que yo solo van mirando al suelo y que yo sepa, no por mucho que la mirada quisiera rendir, iba a encontrar lo que ellos perdieran, ni ellos lo que yo perdí. Hoy cuando me da por llamarme Viejo Zorro, casi tengo el camino andado y en tan largo viaje diré, que solo un enemigo encontré.
    En mi caminar fui sembrando amigos, unos que ya no están y otros que siguen conmigo. El amor, mi fiel compañero ha sido y a él dediqué mucho tiempo que bien considero bien invertido, pero ahí está mi gran enemigo: El tiempo… siempre ahí como mi sombra detrás de mí, empujándome con su dedo, recordándome lo que debo, o no debo hacer, señalando burlón lo que dejo y dejaba atrás, diciéndome a dónde puedo, o no puedo llegar ¡Tiempo maldito! Que me has llevado arrastro y contra mi voluntad hacia la edad que has querido ¿A qué viene tanta prisa? ¿A dónde me quieres llevar? ¿No te basta verme viejo, aunque me niegue a seguirte? Déjame hoy decirte, Tiempo, que, a pesar de que mis huellas has seguido y mi existencia has controlado, a mí nunca me has tenido ni me has engañado, tienes en el espejo la imagen de mí que has buscado, pero en mi interior y contra todos tus deseos, yo conservo aquel niño que hace tiempo en la orilla de un sendero se ha sentado observando aquel caracol tan lento que la vereda cruzó de lado a lado. Tú sigue empujando con prisa mi piel y mis huesos, condúcelos a donde quieras, yo sigo en aquellos días en que los pajarillos cantaban en las ramas, mientras me acariciaba el rostro una suave brisa a la vez que aquella mariposa blanca ¿Te acuerdas? Se posaba en la manga de mi camisa.
    No te guardo rencor Tiempo, porque me llevarás contigo, pero de mí no te llevas nada, todo lo he vivido y lo que no, lo he dejado por el camino como semillas de recuerdos que hoy florecen todos juntos para darme todas las alegrías que me has querido robar.
    ¡Ay tiempo ladrón! Sombra que se alarga en cualquier dirección, mas ceñido a mí has venido que los amores que he tenido, has disfrutado de mi vida, mientras yo ganaba en ti un enemigo, que se presentó como amigo ayudándome a ser hombre cuando solo era un niño, si antes quisiste hacerme ese favor ¿Porqué no me lo haces ahora, que no quiero ser mayor? Como te dije, Tiempo, te llevarás de mí lo que te deje llevar, lo mejor me lo he llevado yo. Sigue delante y ve despacio, que tú aún puedes correr, pero yo iré a mi paso.

    Viejo Zorro
    errores
  • GadesGades Garcilaso de la Vega XVI
    editado septiembre 2008
    Y eso de errores, ¿qué significa? A parte de esa manía de colgar las cosas en dos sitios. jejeje. No te ofendas, es broma.
  • editado septiembre 2008
    Gades, lo de errores, es que había dos errores que quise corregir. la manía de colgar en dos sitios, no es tal, sino patosidad, permítaseme la expresión, del amigo, que me he liado como un patan y si sigo intentando deshacer el entuerto soy capaz de enviarlo hasta por telegrama a la vieja usanza. En fin, ya me me has dicho que es broma y aunque no lo fuera, solo me podría ofender conmigo mismo.
    Un abrazo
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