Debemos saber cuándo hemos fracasado. El triunfo es más difícil de establecer pero el fracaso debe reconocerse antes de que sea demasiado tarde. Hoy me encontraba releyendo un relato del cual iban ya más de cuatro páginas. Estaba por concluir y gracias a Dios que no ha sido así. Fue algo que fui postergando una y otra vez, no encontraba motivación suficiente, aunque seguía creyendo en él. Habría sido bonito retomarlo justamente hoy, con una cerveza y tabaco. Pero nada más lejos. Su relectura me ha parecido una mierda rotunda. No veo nada malo en que el escritor a veces tenga deslices, que se le escapen flatulencias y que su contenido se vaya al carajo. No se trata aquí de establecer ninguna estirpe. Lo que sí creo es que debe estar atento a esto, las trampas son innumerables, la vanidad un arma de doble filo, el ego puede jugar malas pasadas, y esa especie de inercia a veces es difícil de detener. Yo lo he hecho, ahora no tengo nada. Nada entre manos. No es que esto vaya a acabar conmigo, supongo que algo nuevo vendrá. Pero así están las cosas.
Cuídense.
Comentarios
Considero que cambiar de sueños está bien, y permanecer temporadas sin soñar también.