En lo más profundo de la aterradora urbe, donde los edificios rasgan el cielo con su imponencia, yace en la oscuridad un minúsculo ser de pelo dorado. Se trata de un cachorro de Retrievers, quien reposa sobre periódicos fríos. Bajo el resplandor de la luna llena, su pelaje adquiere una tonalidad plateada, como si el sol se filtrara a través de él. A duras penas puede conciliar el sueño, pues el viento gélido penetra sus huesos.
Un sonido tenue, proveniente del exterior del callejón donde reposa, lo arranca de su descanso. Abre sus bellos ojos color avellana y se dispone a enfrentar cualquier peligro inminente que pueda presentarse. Así, en plena noche, espera paciente.
Pasa una hora y continúa aguardando. Dos horas. Tres horas. Aparentemente, no hay peligro a la vista, pero el pequeño cachorro se queda en su lugar. Percibe que algo va mal. El viento arremete con ferocidad en el momento en que abandona el callejón.
Al principio, no logra distinguir nada más allá de la espesura de la oscura noche, tan densa que el viento parece huir de ella. Sin embargo, entonces lo divisa. A unos pasos de distancia, sentado bajo un árbol, se encuentra alguien. Pareciera que está comiendo. El cachorro, con su pelaje color miel, se acerca tímidamente. Ambos se miran directo a los ojos, cuyos tonos negros parecen querer fundirse con la oscuridad circundante.
La misteriosa figura le ofrece un trozo de carne al pequeño. Él se aproxima y acepta el obsequio, permitiendo que aquella mano áspera acaricie su cuerpo maltrecho.
El frío era despiadado, casi invierno, demasiado inhóspito incluso para estar al aire libre. Sin embargo, necesitaba despejar la mente. Penetro en un minisúper abierto las 24 horas, compro jugo y un puñado de trozos de carne. Me dirijo hacia el parque.
Los árboles brindan cierta protección contra el viento, que parece bramar con furia. Bebo un sorbo de jugo. Justo lo que necesitaba, un bocado seguido de carne fría. Estoy enojado, me he peleado con mis padres. Guarde el poco de carne que me queda y me preparo para marcharme.
En ese preciso instante, lo veo. Su escaso pelaje resplandece bajo la luz de la luna, adoptando un tono dorado-plateado. Sus ojos color avellana brillan de esperanza en aquel cuerpo marcado por las heridas de la ciudad, un lugar indiferente ante todos.
La vida no es justa.
Nos miramos fijamente y entablamos un contacto visual. De alguna manera, comprendo lo que desea. Retiro la poca carne que me queda y la deposito en el suelo frente a él. Con lentitud y timidez, se acerca y empieza a saborear aquel aperitivo que un extraño le brinda. Acerco mi mano pausadamente. Él deja de comer por un instante, me observa con sus ojos.
<<Luca>>, digo finalmente.
Le acaricio la cabeza y me mira de un modo que hace añicos mi corazón.
<<Seamos amigos>> le digo con alegría.
Como si me entendiera, él ladra en respuesta.
Luca, irremplazable, te extraño. Fuiste el mejor amigo que he tenido.
Comentarios
Hola, LuisGCret
Es importante que antes de insertar nada te presentes al foro. Y a título personal te sugiero que no te limites a plasmar tus textos, sino que leas y comentes los escritos que llamen tu atención de los restantes compañeros. Gracias.
Yo sólo soy un forero más en este foro de Literatura, como tú y como el resto de compañeros, pero, para la buena marcha del mismo, todos tenemos que colaborar. Gracias de nuevo.
Aquí
https://www.forodeliteratura.com/f/categories/presentemonos
Saludos
Por supuesto que comentaremos tus textos y te daremos sugerencias (que de paso este se me hizo muy ameno), pero como dice Antonio, preséntate y participa activamente en el foro.