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UNA LISTA DE MUERTE EMERGENTE QUE ME DICTARON ( SEGUNDA PARTE)

Escrita es el recordatorio constante que no hay tiempo, que moriré y que existo mantenida entre palabras, signos, comas y puntos, arranques en su lectura, tachones en los errores y puntos aparte cuando toca. Si la dejara en blanco, estaría contando con su silencio, que la creatividad para escribir una historia nueva se marchó, dejando una energía muerta por algún lugar bajo ella.  Sin historias, sin relatos o mitos ¿Quién puede contar una vida? Una hoja en blanco por demasiado tiempo solo tiene dos lecturas: o que estas muertas, o estás pensando que podrías volver a escribir. Solo el tiempo sobre la mesa indicará que opción se elige y, mientras tanto, la vida pasa, pero ¿de qué forma? Al final, — sea cual sea— ninguno de los de aquí presentes —como suelo repetirme al pensarla—, escapa a la lista de muerte.  Hagas lo que hagas.

Es cierto que durante mucho tiempo se quedó vacía. Y lo peor de todo fue que hasta olvidé mi pluma. Pero, me obligué con tesón, igual que cuando era pequeña y me auto dictaba los dictados que nadie quería dictarme a escribir algo. Conseguí escribir correctamente con empeño y en solitario. Transformé un verbo y cambié una realidad. Sino cuento con nadie, cuento conmigo misma. Y me marché: algo pasaría, algo se escribiría, algo verían mis ojos, algo sentiría, algo para escribir en mi hoja en blanco antes de morir mirándola. ¡Algo! Que aun ni sabia que me había dictado.

Y aquí como siempre en este punto de locura de ideas, apareces tú. ¿te dicto algo? ¿estoy ayudándote a escribir tu hoja? ¿sabes que puedes dictarte solo? ¿por qué no lo haces? Igual hemos conjurado un verbo nuevo y nos dictamos mutuamente, sin alternancia sino al unisonó, como una sola voz que resuena en un mismo corazón. ¡Qué bello seria tener motivos para escribir un mito!¡aunque sepas que solo es una fantasía!

Las calles de Madrid me parecieron todas iguales, salvo las viejas librerías que imaginé que, de seguro, tu habrías visitado alguna vez en tu vida. Me sonreí al verme allí pensando esto y me conformé con la idea que la imposibilidad solo la había marcado el tiempo. Cada cual buscamos el consuelo donde podemos, pero fue bonito. Me gustó la idea de ver lo que veías y de estar por donde tu habías estado. También decidí visitar el Jardín Botánico, con una seguridad absurda que es un lugar predilecto para ti, quería visitar tu pasado para poder imaginar tu presente.  Lo necesitaba, aunque fuera una necesidad sin sentido, pero ¿todo tiene que tenerlo? Elegí con total conciencia al símbolo de mi fantasma que, a la realidad de mi marido, es más llevadero y más interesante.  No me importó recurrir a lo simbólico; a veces la línea es un tanto difusa entre esos dos mundos. Lo importante es saber saltarlos a tu antojo y no dejar de estar cuerda o loca; depende cual sea tu elección de lo verdadero y dónde quieras apoyar tu felicidad.

Disfruté de una obra de teatro elegida al azar, “el beso de la mujer araña” y me confundí y acabé dentro del Circulo de Bellas Artes de Madrid, con una extraña sensación. Algo venia a pasar, algo al menos me recorrió el cuerpo. El viaje de escape de transformó como en el recorrido de un camino incierto que comenzó en el jardín Botánico buscando algo en la sala de exposiciones.


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