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Soy una wiki. Es una de estas cosas que una viene a descubrir metida en años, pero no lo puedo remediar. Para algunos las redes les trajo un mundo de luz e información a raudales que les facilitaba la vida y les hacia vivir en una nube.
Para mí, ha sido el encuentro con mi propia sombra, he caído al profundo pozo de mi lado oscuro, y me ha proporcionado un autoconocimiento que pocos pueden decir llegada la mediana edad. Lo repito, soy una wiki y lo acepto.
Un día descubrí Wikipedia, cosa curiosa que el diccionario de la Real Academia ande pajeándose de constante con él mismo, porque no tiene nadie con quien jugar un ratito con las palabras, y la wiki, rebosa comentarios y tiempo de usuarios. Está claro que las orgias tienen un punto de esnobismo que aún gusta y pone. Al final te crees todo, absolutamente todo de este lio sexual, como si fuera la verdad absoluta y solo es un grupo de orgasmos intelectuales.
El caso fue, que yo me metí de lleno. Tuve que asumir que estos de los grupos y los polvos anónimos me va muchísimo. ¿Problema? Pues si leía algo, y marcaba otra idea, yo no dejaba de pinchar. Al cabo de dos horas, ya no sé con cuantos me lie, cual fue el primero, de que iba la temática ni mucho menos qué buscaba, eso sí, me tenía que lubricar los ojos porque no me daban ya para mucho más.
Al principio me generó bastante ansiedad, no es fácil descubrir esto en una misma y darte cuenta que te has enterado de un montón de cosas y de ninguna. Vamos que, por extensión, aparte de ser una wiki, soy una “maría liendre que de tó sabe y de ná entiende”, supongo que será un daño colateral.
Siguiendo los consejos del “aquí y ahora” - buscado también en la red- me preparé un tecito dispuesta a indagar, llegando si hiciera falta hasta la meditación, sobre el motivo más profundo que me llevaba a esta manía mía de ser multiorgásmica intelectual, y no poder frenar este impulso de pinchar y pinchar en el siguiente concepto. Acabé tomándome dos paracetamoles genéricos, porque la wiki me enseñó que son más baratos que los otros, y el ibuprofeno es antiinflamatorio, y también esta dentro de los medicamentos fotosensibles; me tendría que comprar un sombrero y mitones para los brazos en Aliexpress, y tampoco me vendría nada bien para el asma que no tengo.
Pero la vida es sabia, y suele devolverte las respuestas cuando menos te lo esperas. Llegó con el cono de señalización puesto en la calle trasera de mi urbanización, después de una avería de un conducto de agua que inundó los bajos de un par de casas, una de ellas la mía.
Dos obreros, que realizaban chapuzas en la casa contigua, decidieron moverlo cuando aún el cemento no había fraguado. Dio la casualidad temporal que nos reunió a todos en el mismo instante, en que ellos decidían pasarse por los huevos las indicaciones e importarles menos que nada que el pavimento no podía ser pisado, para evitar el enorme esfuerzo de maniobrar con la dirección asistida de su furgoneta Mercedes de treinta mil pavos, y pensé :- «¿cómo cojones un par de obrerillos de andar por casa conducen esto?», «miedo me da lo que le estarán cobrando a mi vecina»- para regresar de inmediato al gesto tan “solidario” que tenía ante mis ojos.
Yo, estaba justo pegadita a la ventana de mi dormitorio, detrás de esos visillos tan monos y que no cambiaré en los próximos cincuenta años de la pechá de sudores que soporté cogiendo los bajos de rodillas en pleno agosto en Málaga. A veces las madres nos joden la vida para