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Intolerancia

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
editado mayo 2023 en Narrativa

Intolerancia

Corría aquella mujer, angustiada, por aquel largo y estrecho pasillo; por añadidura con muchas personas caminando en los dos sentidos.

Los números, marcados en las puertas, se le iban agolpando. Hasta que, por fin, hallaba el número que buscaba: 215. Se quedada parada unos segundos, casi sin aliento y mirando hacia el techo. Movía la cabeza de un lado a otro para así tratar de salir de su aturdimiento. Después, ponía una de sus manos, trémula, en el picaporte, cogía aire y la abría despacio, como si se fuese a romper.

Y allí dentro estaba encamado su hijo, y a su lado el médico repasando su historial clínico. Se asustó al verlo con goteros y cables que entraban y salían de su cuerpo, la cabeza vendada y un brazo y una pierna, enyesados, pero el muchacho no la había visto porque en ese momento tenía la cabeza girada hacía la ventana.

—Bue...nas… tar...des… doc...tor…, soy… So...nia, la… la ma...dre de Hu...go –dijo, con voz nerviosa y ojos llorosos.

—Hola, Sonia. Y yo soy Darío, el médico de Hugo. ¿Te importa si salimos al pasillo y así dejamos a Hugo descansar?

Hugo se quejaba de dolor, mientras su madre y su médico salían de la habitación, cerrando él tras sí la puerta.

—¿Cómo se encuentra mi hijo? -le preguntó, más calmada.

—Dentro de la gravedad, estable. Pero se recuperará con una debida rehabilitación.

Miró el médico de nuevo el historial, parpadeando y tragando saliva.

—El brazo derecho fracturado, el fémur derecho fracturado, cuatro costillas rotas, y el ojo izquierdo ulcerado, pero sin peligro de pérdida.

—¿Cómo ha sido? -le preguntó, nerviosa, cerrando los ojos y apoyándose en la pared.

—Un chico de su mismo instituto, de un curso superior, lo golpeó todas las veces que quiso con un patinete metálico.

La puerta se volvía abrir de nuevo. Hugo no sabía si había pasado un segundo o una hora. Abría despacio el ojo bueno y miraba a su madre, que ya estaba junto a la cama de él y sonreía entre lágrimas.

—Hola, mamá.

—Hola hijo –le cogía la mano– ¿Cómo estás? ¿Qué pasó? –le preguntó, sin dejar de mantenerse lo más tranquila posible.

—Es... estaba -empezaba a decir Hugo, a partes iguales de duda, rabia y dolor. Se mordía con fuerza los labios y proseguía–: yo despidiéndome de Manuel en la puerta de su casa. Llevaríamos unos cinco minutos, entre abrazos y sonrisas y… lo besé. Después, él abría su portal y subía la escalera hacia el ascensor, y mientras se iba cerrando nos íbamos despidiendo con besos lanzados al aire -hacia una breve pausa para tomar aire–. Entonces me giré y lo último que recuerdo es que uno decía: “¡Eh, tú, maricón, te vas a enterar!”.

Sonia se quedó paralizada. Lo único que podía hacer era seguir acariciando la mano de su hijo. Las palabras no le salían por más que lo intentaba.

—¿Recuerdas, mamá, lo que me decías la primera vez que me insultaron por lo que soy, cuando sólo tenía 9 años? ¿Y la segunda? ¿Y la tercera? ¿Y después del primer puñetazo?

Asentía la madre y bajaba la cabeza. No podía sino no soltarle la mano, mirarlo con ternura y luchando contra las lágrimas.

—Me decías que con el paso del tiempo todo iba a pasar, que la gente se iba a convertir en tolerante, que se acostumbraría. ¿Tolerante...? ¿Acostumbrarse...? Y la sensación que tengo es que me siento como un pasajero de un tren, al que no quiso subir, no compró el billete y sentía que no lo iban a dejar bajar. Pienso que a este viaje le quedan menos paradas. Cada vez más insultos, más desprecios, más golpes… Tengo ahora 14 años, mamá, y la sensación de que un reloj con cuenta atrás pende sobre mi cabeza –y, sin poderlo evitar, empezó a llorar.

—No digas eso, hijo –respondía, con ternura-. Puede que no te guste el viaje. No podemos a veces elegir el trayecto ni el destino, pero sí podemos elegir con quien hacerlo. Un día llegará en que ese tren se quede sin combustible y sin su impulso, que es el desdén y el odio irracionales. Poco a poco lo estamos consiguiendo, hijo. Aférrate a tus sueños. Porque de eso se trata la vida.




Antonio Chávez López
Sevilla mayo 2023


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