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Sigiloso

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
editado mayo 2023 en Narrativa


Hay pájaros traicioneros que vuelan, y pájaros traicioneros que se esconden. Los primeros son pájaros traicioneros que vuelan porque sus alas es el medio que le ha facilitado la Madre Naturaleza para poder desplazarse, y si hacen algún daño es inconscientemente (las aves). Los segundos son pájaros traicioneros que se esconden y desaparecen (los seres humanos) después de haber cometido, conscientemente, algún daño


Sigiloso

Bajo la negrura de la noche, apenas visible y con un aleteo silente, un búho se cernía sobre un incauto roedor, demasiado grande para ser un ratón, demasiado pequeño para ser una rata.

-¡Parece una cobaya, papa! -gritó entusiasmado Pedro.

Como cada verano, padre e hijo salían todas las noche, prismáticos en mano, para observar los movimientos de los animales nocturnos en la finca de campo familiar. Pese a que el niño se consideraba a sí mismo "mayor" "por tener ocho años", seguía entusiasmándose como la primera noche.

- No es una cobaya, hijo. ¿No le estás viendo la cola? -le dijo el padre.- Es una ardilla -añadió, a la vez que el pobre animal profería chillidos lastimeros al ser reo de las garras afiladas de aquel rapaz.

Pedro miraba la escena con cierta frialdad, pero con una entereza impropia de su edad. Sus intensos ojos azules quedaban prendados de la orgía sangrienta que se estaba desarrollando frente a el, sin pestañear y sin inmutarse siquiera.

Era la primera vez que presenciaba una escena así . Era la primera vez que veían en directo una lucha por la supervivencia en la Naturaleza.

- ¿Sabes una cosa, papa? Si yo naciera de nuevo, me gustaría ser un búho. Es el malo perfecto: rápido, invisible y sigiloso, no deja huellas y es eficaz. Esta es la definición que le da mi señorita del cole al búho.

El padre dio un respingo. No se podía creer lo que estaba escuchando de labios de su hijo, el cual no sólo disfrutaba con la carnicería que tenía ante sus ojos, sino que había descrito perfectamente el modus operandi de un asesino.

- Sí, sigiloso, así es, sigiloso -dijo a la vez que un escalofrío recorría su espalda. Tragó saliva, y añadió-: mejor será que nos vayamos ya a la casa.

"'Si gi lo so", el padre repetía esa palabra para sí dos veces más, mientras caminaba despacio hacia el viejo caserón, ubicado en el corazón de la finca, en medio de la arboleda.

Impactado aún por lo ocurrido, el padre arropó a su hijo y le dio el correspondiente beso de buenas noches.

- Sigiloso -repitió Curro, y su expresión era triunfal.
- Bien, hijo -le premió su padre revolviéndole la mata de pelo rubio.

Tras asearse y embutirse en su pijama, el hombre encaró la puerta de su dormitorio, pero cuando las yemas de sus dedos no habían hecho más que rozar el pomo, sintió una corriente de aire a su espalda que le helaba la sangre. Lento y con su castigado corazón a pulsaciones desmesuradas empezó a darse la vuelta.

- Papá, ¿tú crees que mamá volverá algún día? -preguntó Pedro con los ojos bañados en lágrimas.

Aliviado ya, el padre abrazó a su hijo y, mirándole a los ojos, le fue franco.

- Mamá no va a volver, está en el cielo con el abuelo, pero hablaremos de eso otro día -y ahogó unas lágrimas.- ¿Quieres dormir esta noche conmigo? -añadió.

- No, da igual. Es... es sólo que la echo mucho en falta -dijo entre sollozos.- Tengo que ir a hacer pis -concluyó, mientras se iba hacia el aseo.
- Yo también la echo en falta -le respondió pesadamente, sin poder imaginar el poco tiempo que le quedaba para reunirse con su esposa.

Tras bajar para comprobar que la puerta de la calle estaba cerrada, volvió a su cuarto. Abrió la puerta y no le dio tiempo a reaccionar para ver qué era lo que se abalanzó contra él.

Como un rayo, una sombra lo atacó. Sobresaltado y desorientado, sintió un corte en el pómulo derecho, del que enseguida comenzó a manar un chorro de sangre tibia que le empapaba toda la cara.

Un dolor en el pecho hizo acto de presencia. Un dolor que le era familiar, y que se agudizó y le paralizó el brazo izquierdo. No pudo gritar, y cayó fulminado al suelo.

Mientras exhalaba su último aliento y se agarraba desesperadamente a la vida que le quedaba, veía un búho, 'sigilosamente' apoyado en la barandilla de la escalera.


LA CAJA DE MSICA 4 UN RINCONCITO PARA COMPARTIR  Animal10

Antonio Chávez López
Sevilla mayo 2023

 >:) 


Comentarios

  • ¡¡¡UUUUAAAAUUUUU!!!

    Te pasaste, Antonito, pegá la vuelta.....
    No sorprendido sino más anonadado.
    MIS FELICITACIONES
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    betobrom dijo:
    ¡¡¡UUUUAAAAUUUUU!!!

    Te pasaste, Antonito, pegá la vuelta.....
    No sorprendido sino más anonadado.
    MIS FELICITACIONES

    Es verdad, mi teclado se pasó pelín. Pero eso es sólo un relato más. Tengo otros en mi archivo, de un corte más, digamos más sanguinario, que si los plasmase en este foro, tu sensibilidad no me hablaría nunca más  :)

    Un fuerte abrazo, escritorazo


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