Donde hay atracción mutua, ahí aparece
Cupido
Con gafas protectoras y tumbada en una tumbona de plástico blanco, se
hallaba junto a la piscina tomando el Sol.
El Astro rey se iba perdiendo en el horizonte, y Selene, aún un bebé, iba
apareciendo poco a poco.
Se quitó las gafas, abrió los ojos, se volvió de lado y miró los pies del chico
que estaba parado junto a ella.
"Están bronceados, pero bronceados de mar".
Se dijo para sí. Se sentó en la tumbona, cruzadas las manos sobre las piernas,
apoyada la barbilla sobre las rodillas, miró al chico y le preguntó:
—Dónde has estado esta última semana?
—En la playa “Matalascañas”, con mis padres y mis hermanas. Por cierto, ¿sigues
empecinada en no querer salir conmigo?
Miraron largamente al chico dos pícaros ojos verdes.
A medida que avanzaba la temporada, las normas sobre la fraternización entre
empleados y socios no eran tan severas. Y sabía por una compañera, tres temporadas
más antigua que ella en ese trabajo, que todos los veranos ocurría lo mismo.
De pronto se puso en pie, y se dio cuenta de que el chico era más alto y más
guapo de lo que recordaba de la tarde que lo conoció en el bar del club, del que
ella era una de las camareras.
Sin mediar más palabra, la chica se apresuró en ponerse una camiseta, un pantalón
corto y unas sandalias, cogió al chico de la mano y, sonriendo, se perdieron en
la oscuridad de la noche.

Antonio Chávez López
Sevilla febrero 2023
