¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

Complicado

gamgam Anónimo s.XI
editado septiembre 2008 en Narrativa
IC03%282%29.jpgComplicado, por Geovanni Andrade


Ivan se arrastraba por las calles. La brisa helada entraba por sus orificios nasales; sentía que moría. De pronto unas manos lo levantaron. Sintió cómo su cuerpo fue jalado hasta una banca blanca. Vio a su ayudante: un señor de piel morena, doble bigote y ojos rojos. Cansado se veía el tipo.
-¿Pero qué te ha pasado? –le preguntó el hombre.
-No lo sé –le contestó Ivan-. Me lo merecía.
-¿Qué te lo merecías?
-Sí. Merecía que Nacho me hubiera golpeado, yo tengo la culpa.
-¿Pero quién es Nacho? ¿Estás bien? ¿No te ha roto alguna costilla?
Ivan rió. Le causaba gracia que aquel tipo extraño se preocupara más por su estado de salud que sus mismos padres; suele pasar…
-Estoy bien –contestó al fin-. Sólo ha sido una patada en el estomago que me sofocó.
-¿Pero por qué te ha golpeado ese Nacho?
-Pues… Ando, mejor dicho anduve con su novia –Se limpió la sangre que salía de su ceja derecha-. Siempre me pasa lo mismo. ¿Por qué la vida tiene que ser tan complicada?
-¿Y si tú lo eres?
-¿Qué?
-Si tú eres el complicado
Lo sabía, aquella persona no podía ser perfecta.
-Es igual que mi padre –le dijo Ivan, y se levantó un tanto enojado de la banca. Estaba harto, asqueado. Iría a buscar a María, la que había sido su novia por tres meses y le pediría elegir: él o Nacho. Aún era temprano. Las primeras estrellas ya eran acompañadas por todas las demás. ¡¿Por qué tiene que ser la vida tan complicada?!
El joven caminaba por el medio de la ancha calle, con sus manos dentro de los bolsillos del pantalón. Los faroles hacían crecer su silueta, bajo aquella luna que se perdía entre las nubes. Tenía 19 años. Nunca creyó que a esa edad las cosas se pondrían tan difíciles. ¿No había sido suficiente con lo vivido antaño?
Llegó por fin a la casa de María, la que había sido su novia hacía unas horas. ¿O aún lo era? Tendría que luchar por ella, el estúpido de Nacho no se la ganaría. La casa era de dos pisos, pintada en azul, y sólo el foco del cuarto de María estaba prendido. Tocó el timbre; minutos después un señor de bata verde abrió la puerta y le miró frunciendo el entrecejo…
-¿Tú qué haces aquí? –le preguntó.
-Vengo a hablar con su hija.
-Ella ya está dormida. Ven mañana.
-Pero… La luz de su cuarto, mire. Ella está ahí. En serio, ¿puede hablarle?
Al ver la insistencia del muchacho, el padre de María asintió y desapareció de la vista. Segundos más tarde, María salía de la casa sorprendida al ver a Ivan.
-Pero Ivan –le dijo-. No deberías estar aquí.
-¿No debiste tú haber jugado conmigo de esa manera?
-Yo no estaba jugando contigo, tú sabías de mi relación con… Pero si deberías ir a ver a un medico, mira tu estado.
-¡Estoy bien! Por qué todos parecen estar preocupados por mí de pronto; eso antes no pasaba.
María se cruzó de brazos y se sentó en la banqueta. Después de un silencio incomodo le dijo:
-Lo siento.
-¿Qué? –soltó Ivan.
-Las cosas no debieron de haber sido así. Yo… yo te amaba.
Ivan dio pasos hacia atrás, no creyendo lo que acababa de escuchar.
-Si tan sólo pudiera pagar el error de alguna manera…
Ivan lo comprendió, o creyó hacerlo.
-Puede ser ahora –le dijo-. Sólo esta noche, y jamás volverás a verme. Ese Nacho se quedará contigo.
María levantó la mirada, se arremangó la bufanda y se levantó.
-¿De qué estás hablando?
-Es sábado. Hay una fiesta en la casa de un amigo. Todos creen que iré contigo. Por eso vine hace horas y te vi…
-Olvídalo.
-Tienes que venir conmigo a esa fiesta. No quiero…
-¿Quedar en ridículo? Creí que no te importaba lo que pensaban los demás.
-¿Vendrás conmigo sí o no?
María vio en él algo diferente, una luz en el vacío. Tal vez por eso asintió…

Media hora más tarde, María y Ivan ya iban en un taxi a la fiesta. Aunque Ivan tenía un brazo sobre sus hombros, María no pudo dejar de sentir incomodidad. Todo aquello era como si nunca hubieran terminado, como si en verdad siguieran siendo pareja. No es que ella no le quisiera, pero simplemente su relación se había roto, algo había ocurrido. Tal vez era él, no le toleraba del todo. Era su carácter, su forma de ser con ella y con los demás, aquella forma de vida tan difícil que a su ex pareja le gustaba llevar. Aquello que hacía las cosas tan complicadas para ambos…
María se sorprendió cuando vio que el taxi tomaba camino por el malecón, y entre la brisa del mar y la luz de los focos y la luna, subieron el cerro del mirador. María observó a Ivan, pidiéndole una explicación que no obtuvo.
Cuando el taxi se estacionó, los dos bajaron e Ivan le pagó al conductor. En el mirador había cuatro carros, dos camionetas, un Chevy y un deportivo. Ivan tomó de la mano a María y se dirigió hacia los automóviles. Y María vio a Nacho bajar del deportivo con mirada sorprendida. La cabeza de su amante, sonrojada, se asomó por encima del asiento del conductor…
Nacho era calvo, moreno y de ojos negros. Era obvio que nunca se imaginaria que Ivan y María vendrían a ese mismo lugar…
Y entonces la joven comprendió que había sido engañada, que todo había sido un plan de Ivan. Pero a pesar de ello estaba un poco agradecida, pues ahora sabía que Nacho la engañaba…
-¡Ahí está! –le dijo Ivan- Quédate con este imbecil …
María vio a Nacho con odio, y luego a Ivan, comenzando a sentir un deseo indescriptible de desaparecer de la tierra a ambos.
-María, mi amor –le dijo Nacho, acercándose a ella, pero la muchacha se dio media vuelta-. Esto no es lo que crees, ella es…, mi prima. Venimos porque se siente triste. Este inútil sólo…
-Sólo trataba de ser el mejor –le cortó Ivan-. Pero cosas malas le pasan a la gente buena, lo escuché en una canción.
Nacho se fue contra él y le propinó un tremendo golpe en el estomago, pero esta vez Ivan no se dejaría, lo tomó de la coronilla y estrelló su rodilla en su rostro. María seguía volteada, llorando.
-Nunca te vuelvas a meter conmigo –le dijo Ivan, soltándolo. Las personas que estaban en el mirador habían salido de sus autos para ver la pelea. Ivan comenzó a bajar por la calle pavimentada del cerro, dejando atrás a María. La sofoques del golpe en el estomago lo había mareado, no sabía ni cómo había ido a parar a las piedras en la playa, algunas tocadas por la grandes olas de la noche. La espuma que éstas lanzaban rozaban su piel, y Ivan sólo vio oscuridad.
Era plena noche, en unos terrenos abandonados, y no había ser humano que supiera que un muchacho de 19 años se estaba ahogando a los pies del mirador…

Comentarios

  • hatshepsuthatshepsut Juan Boscán s.XVI
    editado septiembre 2008
    Que triste final, no me lo esperaba...me ha gustado mucho la historia.
Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com