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Taller de equilibrado de deseos.

 

En tiempos de crisis las buenas ideas son más necesarias que nunca, por eso me puse manos a la obra enseguida con la inquebrantable ilusión del que ya está acostumbrado a perder pero sabe que no está derrotado del todo mientras haya un nuevo proyecto en que embarcarse.

Siempre me llamó la atención la evidente descompensación que hay entre los deseos de unos y otros. Y, siendo tan malo el exceso como el defecto, la posibilidad de hacer negocio con esto brilló en mi cabeza como un fogonazo. Para que luego digan que soy un gandul y que no hago nada tumbado en la cama todo el santo día. En realidad siempre estoy pensando, buscando alguna solución que nos permita salir adelante. En fin, otra manera de trabajar.

No sin cierto apuro, tengo que reconocer que primero pensé en el sexo, no por vicio sino por simple visión comercial. Hay dos tipos de personas: Por un lado los obsesos, incluso adictos, gente capaz de gastarse un dineral en pornografía y en prostitución. Por otro lado, los hastiados, quizás impotentes psicosomáticos, personas incapaces de dar y recibir el más elemental de los placeres. Una combinación perfecta para mi negocio.

Otro tema a estudiar era la vida misma, así en conjunto, entendida como la diferencia entre lo vivo y lo muerto. Intentaré explicarme: Todos sabemos de gente que en las peores circunstancias se aferra a su existencia con uñas y dientes, saboreando cada segundo, tratando de alargar cada minuto. Sería estupendo si no les comiera por dentro su atroz miedo a la muerte. Otros en cambio, teniéndolo todo para ser felices no valoran nada ni se cuidan lo más mínimo. Autodestructivos capaces de llegar incluso al suicidio. Mejores clientes potenciales para mi negocio, imposible.

Con la riqueza no merecía la pena intentarlo porque nadie quiere ser pobre, y además, si hubiera alguien así no sería de fiar. Seguro que una vez interesados por su economía buscarían cualquier treta para no pagar por mis servicios. El dinero sí que engancha, más que cualquier otra droga. Demasiado bien lo saben todos los que se han enriquecido a mi costa, aprovechándose de mis geniales ideas. Si es que me paso de bueno, a veces parezco tonto.

Esta vez no pienso hacer públicos los detalles exactos de mi técnica de equilibrado de deseos por si vuelvo a intentarlo más adelante. Sólo diré que al principio funcionó bastante bien el negocio. Sobre todo con el sexo, que siempre despierta interés. Poco a poco, tras unas cuantas terapias a cincuenta euros la hora, los extremos iban acercándose. Unos recuperaban la ilusión por fornicar y otros conseguían saciar su voraz apetito.

El desastre llegó cuando dos clientes, un vitalista invencible y un depresivo profundo, acabaron suicidándose juntos. Entonces comprendí que si bien los deseos se pueden vender y comprar, como todo en este mundo, una vez descargados de su propietario ya no se pueden reutilizar. Son algo personal e intransferible, como mis deudas.

Comentarios

  • cehicehi Miguel de Cervantes s.XVII


    Tergiversada visión de la realidad, pero desde el punto de vista de la realidad del protagonista de tu relato, que quizá fuera un poco indolente, y, desde luego, un mucho de ingenuo. Bien expresado.

     :)

     
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