LA EJECUCIÓN
Tanto tiempo luchando la había dejado exhausta. Las últimas batallas ya no las libraba con el vigor y la fuerza de antes. Muchos amigos, desconocidos la mayoría cuando todo comenzó, habían caído por el camino y se encontraba cada vez más sola en su lucha. Sabía que pronto darían con ella, pero no temía el momento; estaba preparada.
Sin más armas que sus palabras, había dado demasiada guerra, y eso ponía en peligro el poder de la ignorancia y la prepotencia que dominaban aquel reino. Nada podían imputarle, ni en público ni en privado, salvo su rebeldía, pero eso no importaba. Había que acabar con ella como fuera o todos terminarían por ver la triste realidad. Aquellas palabras eran bombas peligrosas que abrían mentes y despertaban conciencias. Algo intolerable en su reino.
La captura fue fácil, no opuso resistencia. No hubo juicio. Lo decidió el rey, directamente, y sus acólitos callaron. Entre el estupor de unos y la complacencia de otros, siguieron todos al rey hasta el calabozo donde se encontraba confinada. De cerca no parecía tan peligrosa ¿valdría la pena segar sus palabras? Tal vez. Ya era tarde para echarse atrás. Demasiado tarde. Todo estaba preparado para ejecutarla al amanecer.
Desde que recibiera las primeras amenazas supo cual sería su final. No le sorprendió. Paseaba por el foro con el pelo recogido y su capa roja mientras daba sus últimos argumentos esquivando improperios y esperando su final. Con la conciencia tranquila, sus pasos hacia el cadalso fueron firmes. En un último intento por salvarla, su fiel amigo, el que se había lamentado cada día desde que la traicionara sin saber como reparar el mal hecho, le propuso que se rindiera. Con una palabra que saliera de su boca, prometiendo sumisión al rey, podría tratar de convencerlo de que la dejara vivir.
Ella lo miró a los ojos y sonrió. No lo haría. Le hubiese gustado vivir en paz, si la paz hubiera existido en aquel lugar. Ya ni recordaba como había empezado la guerra. Ni sabía cuantos de sus 722 mensajes habrían sido considerados punibles. Daba igual. Lo volvería a hacer. Mientras el rey alzara su voz sin razón, ella seguiría luchando. Era su deber. Era su ser. Inclinó su cabeza en señal de despedida y comprensión, y siguió caminando.
Hacía calor, un día agradable para dejar ese reino. La lluvia y el frío le molestaban, y se alegró de que el sol sonriera su despedida.
Subió al cadalso algo asustada. No sabía lo que sentiría. Avanzó con lentitud hasta apoyar sutilmente su cabeza sobre la pila de libros que servían de cadalso, miró por última vez a los que guardaban silencio, sonrió a los que la amaban y mientras exhalaba su último suspiro sintió como el filo de la guadaña rasgaba la piel de su cuello desnudo, sus tendones, incluso el crujir del hueso al seccionarse limpiamente llegó a escuchar antes de que su cabeza inerte cayera con un golpe seco sobre el suelo del foro en décimas de segundo.
Su ejecutor, el propio rey, el mismo que la insultó, censuró y condenó tantas veces, sonrió complacido. Por fin se había librado de ella. A cada uno de sus lados, en pie, sus fieles seguidores miraban hacia otro lado, horrorizados ante la visión de la sangre que iba empapando la túnica carmesí que desde hacía tiempo vestía la condenada, esperando ese fatal momento. Prefirieron no ver la mirada perdida de aquellos ojos que antaño enfrentaban, llenos de vida, las injusticias de aquel lugar. Todos menos uno, que con el pie empujó el cuerpo descabezado que se mantenía en vilo sobre la ensangrentada pila de libros. Le había costado diez días acabar con ella y por fin la veía muda e impotente. Habría empuñado él mismo la espada si lo hubieran dejado.
Tan sólo se escuchó un murmullo quedo, que el Gran Ejecutor aplacó con el discurso que llevaba preparado. Nada podía alegar, y nada alegó. Sólo palabras vacías para tapar su impotencia. Algunos, pocos, aplaudieron. Algo habría hecho, se decían para acallar sus conciencias. Los más guardaron silencio.
El público se dispersó con rapidez. Nadie quería ser el siguiente. La demostración de fuerza había sido contundente y soberbia. ¿Quién se atrevería a preguntar ahora el por qué? En aquel extraño lugar, la amnesia y la ceguera eran males comunes que se propagaban con rapidez, a golpe de amenaza y guadaña.
La plaza se iba vaciando poco a poco. Sólo algunos corrillos murmuraban. Hasta que alguien se decidió a preguntar en alto lo que todos necesitaban saber: “¡¡¿Por qué?!!”, se oyó retumbar en las paredes de la plaza. Era una bella mujer de finos modales y expresión sincera. Nadie contestó. Otros retomaron la misma pregunta, y gritaron más fuerte: “¡¡¿Por qué?!!”. Pero nuevamente su eco fue el silencio. No podían moverse de la plaza, abandonando el lugar y dejándola sola. Permanecerían con ella hasta que se la llevaran.
Por fin, alguien se acercó a su cuerpo yaciente. Un extraño espectro, provisto de una pala y tocado por un sombrero de ala ancha osó aproximarse al avatar sin vida de Malube. Iba tarareando una cancioncilla lúgubre. Recogió la cabeza con su pala, le cerró los ojos que aún miraban al infinito y la envolvió en suaves hojas de papiro antes de introducirla en una bolsa oscura. Parecía tener los lienzos preparados para la ocasión desde hacía mucho tiempo. Se agachó para recoger su cuerpo con una delicadeza inusual en él y lo cubrió con esmero en la túnica que portaba. Tenía práctica en enterramientos. Buscaría un lugar escondido, para evitar que la profanaran, aunque la alargada sombra del dictador llegaba a todos los rincones y sus espías rastreaban sus huellas a la búsqueda de rebeldes. Sabía que pronto la encontrarían. Pero para entonces su alma escribiría libre en otros lugares.
Al entrar al antiguo cementerio que el enterrador tan bien conocía, el aparcacoches lo saludó con indiferencia. Sabía que no podía esperar propina de él. Le llamó la atención el bulto que llevaba en los brazos, pero no preguntó. Nunca quiso saber demasiado. La vida es corta, la suya se la estimaba demasiado y ya había arriesgando mucho dejando casa y amigos para vivir junto al burguer.
Por fin, Zanbar, el enterrador, encontró un rincón adecuado, lejos de miradas de curiosos, y tras amortajarla como había sido su deseo, la tapó con las basuras del Krusty Burguer que Malube tanto odiaba, pidiéndole disculpas con su cascada voz de espectro. Era lo que más abundaba por aquel paraje inhóspito, la basura, y nadie repararía en los desperdicios cuidadosamente colocados. Al menos, ese era su deseo.
Y allí quedó, para siempre, enterrada con sus 6 plumas, sus 722 mensajes y el orgullo de no haber bajado nunca la cabeza ante el Dictador.
Epitafio.
Aquí yace Malube, junto a otros muchos, por defender su derecho a obtener una disculpa por los insultos que recibió de Rocinante y que nunca consiguió, por reclamar los mismos derechos para los que habitan el foro que para los que lo dirigen, por pedir que prime la libertad de expresión sobre la censura y por oponerse radicalmente al despotismo no ilustrado del mandamás de este lugar. Descanse en paz. Amén.
Sirva este escrito para despedirme y agradecer a los que en privado me apoyaron (muchos, Daniel, más de los que te imaginas), y para desearles a los que no lo hicieron que no corran la misma suerte. Feliz día a todos. Sin rencor.
Malube, proyecto de escritora
Comentarios
Me he perdido la peli (otra vez), no sé de qué va esta nueva tontería, pero tampoco me sorprende.
Esgrimid nuevas fanfarronadas y estupideces. Es cierto que era un alma en pena de incansables lamentos, pero era correcta, íntegra, y mucho más educada que tanta moderación bocazas con aires de grandeza y vara de banear.
Pero el asunto es más profundo; mensajes privados, comunicados, repentinos cambios de funciones...
Seguid mejorando; ya estuvísteis tocados y casi hundidos una vez. Los lamentos, aunque no lo reconozcáis, os dieron un nuevo soplo de vida. Ahora... ¿qué?
Venga, seguid hablando de libros que no habéis leído. Saludos (y votadme, antes de que por intereses petroleros sea el próximo en caer).
Hay placeres que se disfrutan en vida.
¿Más reputación, queridos moderadores?
Malube, amiga, después de leer tu maravilloso escrito, solo puedo decir:
¡¡¡¡¡¡ A M É N !!!!!!!
De todos modos y esto va para los responsables del foro, dais muy mala imagén con tanto cabreo solapado. No creo que dure mucho aquí aunque tampoco os importará demasiado ¿no?
En cualquier caso, esto va por tí Malube, LO SIENTO.