Empecé de adolescente a aficionarme por la poesia, buscando versos que reflejasen ese amor platonico que todos hemos tenido a esa edad, o versos que describieran mi desgraciada vida, como todo quinceañero cree tener en algun momento. Empezé con escritores románticos, como, Mauricio Bacarisse, Blas Otero, Becquer... ufff Becquer, cuanto he leido a Becquer, yo tambien tube unos ojos azules a los que mirar, en fin, de adulta, la cosa cambia, los gustos, la experiencia, y bueno vas leyendo otras cosas, todo son etapas.
Hace tiempo que cogí la costumbre de intentarme aprender aquellas poesias que me gustan, y las recito mentalmente cuando estoy aburrida, o nerviosa ante alguna situación, hay gente que respira profundamente, otros cuentan hasta diez, y yo, bueno, intento recordar algun verso, para llenar mi mente de palabras.
La primera poesia que me aprendí, y que utilicé y a veces utilizo, es esta, que no sirva de precedente su significado, es una grandisima poesia, pero no me siento desde luego como su protagonista. Solo, que tiene un ritmo estupendo
Umbrio por la pena, casi bruno,
porque la pena tizna cuando estalla,
donde yo me hayo, no se haya
hombre más apenado que ninguno.
Sobre la pena duermo, solo y uno,
pena es mi paz y pena mi batalla,
perro que ni deja ni se calla,
siempre fiel a su dueño, pero inoportuno.
Cardos y penas llevo por corona
cardos y penas siembran sus leopardos
y no me dejan bueno hueso alguno.
No podrá con la pena mi persona
rodeada de penas y de cardos,
¡Cuanto penar para morirse uno!
Como no una de Miguel Hernandez.